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Diferentes perspectivas del ocaso laboral

Diferentes Perspectivas | Tomas Del Bosque

“No dejamos de jugar porque envejecemos. Envejecemos porque dejamos de jugar”

George Bernard Shaw

El obtener ingresos extra o emprender nuevos proyectos profesionales en la tercera edad, además de ser una de las formas de lograr un mayor grado de autonomía económica, puede apoyar a reconstruir la identidad y autoestima de las personas. 

La esperanza de vida en México pasó de 61 años en 1970 a 75.2 años en el 2016, de acuerdo a los “Indicadores demográficos de México de 1950 a 2050” (CONAPO), por lo que la población mayor de 60 años en el país va en aumento por la mayor esperanza de vida, y el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que contempla dentro de sus variables la esperanza de vida, de acuerdo de las Naciones Unidas en sus indicadores de desarrollo humano 2018, registra que nuestro país tiene un índice de desarrollo humano (IDH) de 0.774, lo que es considerado como “Alto”.

Sin embargo, es paradójico que, de acuerdo a mi investigación en la Comarca Lagunera “Prácticas comunes en el reclutamiento y selección de directivos” (2018), un 63% de los responsables de recursos humanos encuestados mencionaron que solicitan una edad máxima entre 45 y 50 años para reclutar directivos, lo que evidencia la dificultad de las personas con preparación profesional y experiencia directiva de más de 60 años de incorporarse a una organización.

En nuestro país las personas de la tercera edad se enfrentan a una exclusión sistémica por parte del sector productivo, en dónde el modelo económico neoliberal va marcando una diferenciación con base en esquemas determinados por los años productivos que le quedan al individuo dentro de una organización.

Los miembros de la tercera edad que siguen siendo considerados dentro de la población económicamente activa se encuentran en sus últimos años laborales previos a la jubilación o ya pensionados o jubilados, por lo que el trabajo y la forma de mantenerse son temas básicos a revisar.

Sobre este tema, a medida que la población envejece, el emprendimiento es una forma de extender su vida laboral (Felipe Oelckers, 2015), una forma en que tengan oportunidades de autonomía económica, generar nuevas oportunidades, aumentar sus ingresos y generar un menor peso para la carga fiscal de un país.

Para aquellas personas que se mantuvieron económicamente activas durante la mayor parte de su vida productiva, la pensión de Cesantía en Edad Avanzada a partir de los 60 años cumplidos de acuerdo a ley 73 del IMSS, supone un soporte que puede darles el nivel de autonomía económica total o parcial, no así para aquellas personas, sobre todo mujeres, que se dedicaron en su juventud a actividades no remuneradas dentro del hogar, o que trabajaron por su cuenta fuera de los esquemas de seguridad social como el IMSS y el ISSSTE, y que no alcanzaron a reunir los ahorros suficientes para poder tener autonomía económica, y que pueden caer en la dependencia total de familiares u otras personas.

Asimismo, debido al cada vez mayor peso que la tecnología tiene en los temas laborales, el aspecto del aprendizaje y uso de tecnologías de información en los adultos mayores toma mayor importancia para evitar una mayor marginación social, y en consecuencia una mayor brecha social – digital (Patiño Agudo, Rocío y Faba Pérez, Cristina, 2015).

Con el fin de tener un acercamiento a esta situación desde la perspectiva de los adultos mayores, se realizó una investigación con una muestra de 160 personas mayores de 60 años de clase media alta a alta, de las cuales, el 24% es jubilado, el 9% además de estar jubilado sigue trabajando, el 16% es propietario de un negocio, y el restante de la muestra continúa trabajando para una empresa o por su cuenta, el 8% recibe apoyo económico de sus hijos, sin embargo, el 19% continúa apoyando económicamente a sus hijos.

Dentro de los resultados se encontró que el 76% tiene muchos planes a futuro, pero sólo el 60% ha emprendido proyectos personales, y sólo el 40% ha emprendido nuevos proyectos profesionales. El 73% de la muestra continúa ahorrando para el futuro, y solo el 56% considera que el importe de su jubilación les permite o permitirá vivir dignamente, sin embargo, sólo el 46% hace actividades que les permiten ganar dinero extra.

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Al 80% les gusta usar computadora, pero sólo el 66% sabe usar procesadores de texto y sólo el 53% sabe usar hojas de cálculo. No es común que hablen un idioma extranjero, ni usar hojas de cálculo en computadora.

De acuerdo a los resultados, el tener estudios universitarios es un diferencial sobre aquellos que no lo tienen, ya que los primeros tienen una mayor apertura hacia las relaciones interpersonales y hacia las habilidades profesionales.

Por todo lo anterior, podemos concluir que se hace necesario establecer en la sociedad una cultura de preparación para aquellas personas que aún no han llegado al nivel de dependencia parcial o total, fomentando condiciones para que tengan periodos más prolongados de mayor autonomía.

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