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19 de abril: breve repaso del camino de Octavio Paz

Octavio Paz Lozano nace el 31 de marzo de 1914 en el Distrito Federal. Fue hijo de abogado zapatista y nieto de un intelectual que, como él, fue novelista mexicano.

Con razón, Paz Lozano fue un lector voraz, devoraba libros clásicos, comúnmente derivados del habla española. Vivó en Estados Unidos dos años, de pequeño, porque su padre tomó el exilio debido a la caída del zapatismo en México.

Cuando regresó, vivió su preparatoria en el Colegio San Ildefonso, en DF, allí conoció un grupo de amigos intelectuales y llegó a sus manos la poesía de García Lorca, Alberti y Guillén, tanto como Borges y Neruda.

Pablo Neruda fue de los poetas que más influencia tuvo en el joven Octavio Paz de diecinueve años, quien, a esa edad, publicaba ya su primer libro de poesía.

De hecho, Neftalí Ricardo Reyes (Pablo Neruda), recibió el manuscrito del joven con alegría y una amistad importante comenzó.

Octavio Paz tenía fuertes opiniones políticas, sociales, religiosas, artísticas. Su actitud frente al debate fue una característica destacable con Paz, como con tantos otros intelectuales. Tenía un temperamento combativo y defendía sus convicciones con todas sus prominentes armas de culto.

Al crecer, Paz estudió derecho, pero los dejó al poco tiempo. Se dedicó a escribir. De sus primeros libros destaca «Entre la tierra y la flor», producida en Yucatán e inspirada por el proletariado y el gremio campesino de aquella región, una obra crítica, que quiso abordar la penosa situación de los campesinos debajo de la bota lacerante de sus patrones.

En 1937 ya estaba casado con Elena Delfina Garro Navarro, ambos se fueron a vivir a España.

La nueva vida de Paz se cruzó con el ascenso del fascismo en la guerra civil española. Paz estuvo dispuesto a sumarse a las fuerzas rebeldes, pero no lo dejó la burocracia (siendo mexicano) y usó su hábil pluma para apoyar al movimiento.

Aquella guerra le daría madurez, Octavio Paz descubrió que la poesía no es una elección personal, si no una fuerza natural. En esa época escribió Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España y Raíz del Hombre.

Poco tiempo después se mudó a París, luego regresó a México y fundó las revistas Taller y el Hijo Pródigo. En esa época publicaría también otro libro de poemas: Entre la piedra y la flor.

Su camino siguió a Estados Unidos gracias a una beca que recibió; allá se adentró en la literatura de intelectuales de aquellas tierras: Withman, Williams, Ezra Pound. Influencia sobre todo estética, que curtió los ritmos y las figuras poéticas de un Octavio aún joven, 29 años.

A los 35 años fue que publicó «El laberinto de la soledad«, estando de vuelta en París. Al tiempo se estrenó otra joya, un trabajo que esperó 20 años para ver la luz: «Libertad bajo palabra«.

En 1952, un año después de ¿Águila o Sol?, se vuelve embajador de México en Japón, donde encuentra una civilización contrastante, un universo ajeno cuya influencia implicó enriquecimiento personal y, una vez más, estético para su trabajo.

Danubio Torres Fierra habla de que Octavio Paz se convirtió en otra persona, su ser como poeta, cerca del drama, se inclinó hacia su ser reflexivo. En los siguientes años saldrían al mundo las publicaciones de: El arco y la lira, Piedra de Sol.

Diez años después de su viaje a Japón, Octavio fue requerido de nuevo en Asia, pero esta vez en la India. Para él, sus viajes siempre fueron:  «una época en la que viví en el vientre del tiempo«. Por esos días, concibió  Salamandra, Ladera este, Marcel Duchamp o el castillo de la pureza, Blanco y, más tarde, El mono gramático.

Eran los sesentas, por ese tiempo también es volvió a casar, Octavio Paz, con la artista plástica, editora y poeta francesa María José Tramini, quien en 1998 se convirtió en viuda cuando murió Paz.

José Tramini inspiró, de hecho, las publicaciones que más se relacionan con el amor de pareja: «Viento Entero«, por ejemplo, o, ya en los últimos años de vida: «La llama doble: amor y erotismo«. Ambas obras inclinadas hacia el calor de amar y todas sus vicisitudes.

Estando en India, Octavio Paz renunció a su puesto de embajador para regresar a México, esto, después del movimiento estudiantil del 68, aquella manifestación memorable en Tlatelolco, previo a los Juegos Olímpicos.

Postdata es una obra ensayística del poeta que relata bien su postura, de alta temperatura dramática, sobre lo sucedido.

Un hombre de resistencias, de luchas, polémico promotor del debate intelectual era Paz. Siendo así, fundó con otros la revista Plural en 1970. La cerró el gobierno cinco años después y, pronto, Octavio reviraría con Vuelta, editorial que sólo murió con él en abril de 1998.

En sus últimas publicaciones se cuentan Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe,  Itinerario, Árbol Adentro, entre otras.

«Soy hombre: duro poco

y es enorme la noche.

Pero miro hacia arriba:

las estrellas escriben.

Sin entender comprendo:

también soy escritura 

y en este mismo instante

alguien me deletrea«.

-Árbol Adentro

Octavio Paz Lozano deja una herencia de mucha literatura, un camino que se nutre de ávida búsqueda intelectual y espiritual. Paz fue un artista de la palabra, vivió para ella y en ella vive aún; siendo, además, más que el hombre mismo, un individuo imperfecto, emocional, dramático, grosero, terco, y más.

Pero son las palabras las que le dan longevidad, las palabras que deja cuando el 19 de abril de 1998, estando en su casa de Coyoacán, da un último respiro a las 22:35 horas por causa del cáncer que padecía.

Ocho años antes de morir llegó al Nóbel, por cierto, un premio por demás justificado. Octavio Paz fue aclamado como el gran intelectual que fue.

«Sin embargo, los poetas sí saben una cosa: el presente es la fuente de las presencias. En esta peregrinación en busca de la modernidad, perdí mi camino en muchos puntos sólo para encontrarme de nuevo. Volví a la fuente y descubrí que la modernidad no está fuera sino dentro de nosotros. Es hoy y la antigüedad más antigua; es mañana y el principio del mundo«, parte del discurso de Octavio Paz al ganar el Nóbel.

Texto basado en el libro «Octavio Paz, palabras en espiral», por Danubio Torres Fierro.

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