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¿A poco no…? El país de la simulación

¿A poco no…? | Juan Ceballos Azpe | @licjuanceballos

¿A poco no ha sido la simulación el fundamento de la vida diaria en este país nuestro? A lo largo de los siglos la ley ha sido un precepto teórico, cuya aplicación práctica no es la regla, sino la excepción. Desde la época prehispánica, cuando los pueblos sometidos por los aztecas les rendían tributo y simulaban lealtad, pero se aliaron a los españoles para ayudarlos a la Conquista, hasta la época actual con la legislación más avanzada en materia electoral, de transparencia, anticorrupción y derechos humanos, entre otras, pero que en los hechos no se cumplen; pasando por etapas como la Independencia, la Revolución, la frustrada transición democrática y hasta la denominada cuarta transformación, todas ellas fueron más simulación que realidad.

En el sector gubernamental y en el social encontramos ejemplos que sustentan las prácticas simulatorias, como las reformas estructurales, que el gobierno califica como “el parteaguas que llevará a México a mayores niveles de desarrollo”; sin embargo, hasta el momento, todas ellas han resultado más una simulación que una realidad, porque no hay una sola que haya satisfecho las expectativas que generaron cuando fueron anunciadas.

La reforma educativa es uno de los ejemplos más destacados de simulación: desde la de 1973, hasta la actual, el sistema de enseñanza ha ido de mal en peor, pero hoy está más reprobado que nunca. La educación, rehén del sindicalismo charro, ha impedido la evaluación magisterial con el apoyo del actual gobierno federal, y las dirigencias gremiales se han dedicado más a la grilla que a la educación. En el colmo del cinismo, el líder de la CNTE en Oaxaca, Rubén Núñez, dijo que cobra su sueldo “por hacer política, no por dar clases”.

Otra de las consecuencias de las flagrantes violaciones a la ley y que involucra al 60% de la Población Económicamente Activa es el de la economía informal y la piratería. En esta última, México gastó más de 50 mil millones de pesos en ese tipo de productos en 2020, que equivale a más del presupuesto programado para la UNAM o a Coahuila. Las autoridades aseguran que combaten a la informalidad y a la piratería ‘con todo el peso de la ley’, pero resulta ser una simulación más y otra muestra de la cultura de la falta de respeto por la legalidad.

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La simulación se manifiesta en el decir popular: tú haces como que me pagas y yo como que trabajo; yo hago como que te enseño y tú como que aprendes; tú haces como que gobiernas y yo como que te obedezco. La simulación, la falta de respeto a la ley y la corrupción se ven como parte de nuestra naturaleza; ello obliga a una reflexión a fondo que lleve a erradicar lo que, a decir de sociólogos, ya forma parte de nuestra idiosincrasia, y que debe empezar por generar una nueva mentalidad en la consciencia nacional, mediante el profundo análisis de las causas y consecuencias de esas formas de conducta, para actuar ya, ante la necesidad de un cambio de actitud de la clase política gobernante y de la sociedad para dejar de ser el país de la simulación y la falta de respeto a la ley. ¿A poco no…? ¡Ánimo!

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