Image default
Portada » Para el futuro con futuras pandemias, habré de buscar un juego de cuatro tazas
Colaboraciones Destacadas Opiniones

Para el futuro con futuras pandemias, habré de buscar un juego de cuatro tazas

Por Patricia Hernández González

¡La taza de café!, sino es porque cayó al piso no me hubiera percatado que la llevaba con los trastes del almuerzo. La única sobreviviente de un juego de cuatro tazas, ahora quedaba inservible. Era de barro ahumado cubierto en un esmalte rojizo.

Acudí a ella con insistencia en estos meses atrincherados, en estos días multiformes, improvisados estuve al sorbo atemperado. La sujetaba con las dos manos (mi forma de tentar la ronda del tiempo), la traía de la cocina a la mesa de escritorio, o bien mientras doblaba la ropa. De mañana, de noche, de lo urgente a necesario, entretenida y en reposo la hice imprescindible. 

Allí esperaba, esperaba quieta, humeante o fría.

Fue justo después del desayuno, cuando mi hijo se alistaba para irse (uno de esos momentos de combo familiar en que todo se junta), había tomado el trabajo de repartidor, de estas plataformas de entrega de comida a domicilio. Un full time a modo para alternar las horas de la universidad. Mi otro hijo, el de en medio, acercaba a la mesa los materiales de apoyo para reforzar su aprendizaje. La menor estaba por exponer la clase y pedía silencio total. De pronto fue que nos callamos ante el agudo sonido de mi taza cayendo al suelo,   en esas horas que se empalman como costumbre. Lo bueno es que el ciclo escolar pronto finalizaría (hoy ya el 20-21), no así la agitación en que otro día, por más que buscaba el encanto tropezaba con nuevas realidades. Tres adolescentes que hacían de una mañana un energúmeno al acecho,  resolviendo el requisiterío de la nueva normalidad, ésta traducida en una familia cuyas herramientas (de)formación se adaptaba a toda clase de encomiendas en educación, salud, trabajo, economía, entretenimiento y de asuntos inexplicables e intrascendentes ahora destacaban en habituales y en tema de conversación. ¡Vaya! ¡Quién dijo ser una sublime experiencia! ¡Pobre taza! no siempre de café, quedó regada en pedacitos.

Asimismo las rutinas caían como suspiros entrecortados, ahora venían con instrucciones de “controlable” y de uso reservado, cuya rareza soltaba un breve espacio a quedarse en la nostalgia. De la nostalgia celebraba sin tenerse, de esa que carga el futuro a un sitio seguro.

Yo no sé si los pensamientos fluyen más lentos o rápidos cuando se está en casa todo el día, cuando pones en marcha las credenciales de “profesional” para fines de coartada. Cargando momentos aterciopelados de risa y dulzura. Hacer y pensar más o menos que un día y otro,  ocuparse y concentrarse en solucionar, comprimir el gasto y con ello las preocupaciones. Realizar cada tarea y repetirla las veces necesarias, lo mismo una palabra, escucharla en las caras con gestos de aburrido y en los tonos de la gama de grises. Mirar, escribir hasta la médula las desgracias de un tiempo muerto a otro indefinido  ‒vale, un buen de supuestos hacia lo que mi pensamiento volátil tardaba en perderse‒. 

Porque esto no solo es una crisis sanitaria, se ha ido construyendo durante meses al paso de una furia en el sistema de creencias de cada individuo, del individuo frágil, indefenso, vulnerable que oportuna en el uso de un cubrebocas como un elemento de “salvación”. Reservando su espacio a espinoso, para no ser invadido. Que encara a reproche en busca de los recovecos de los datos, las cifras de contagios y sus comparativos. Que se declara racional, solidario y también enemigo de  las (in)decisiones y el (in)cumplimiento de cada medida implementada. 

Para una buena parte de la gente lo que ocurre ha sido motivo de dolor y contratiempos. Creímos vivir de las estructuras, los sistemas robustos y organizados, aun en el nivel acostumbrado que tenemos, con todo y sus limitaciones puedo decir que pocos  reparamos que acabaríamos en un confinamiento, físico y de transición. Parece olvidarse que no se puede tratar una pandemia como si estuviera aislada de circunstancias sociales, como el empleo, la inestabilidad, las desigualdades incluso de género. Todos esos resúmenes también están influyendo en la expansión de la epidemia. No es que al decirlo lleve un tinte ideologizado, nada de eso, es verlo bajo el enfoque que forma parte de la explicación del problema y surge de los datos.  Con base a condiciones meramente de percepción, es que la efectividad en el manejo de la pandemia se pone en duda. Claro, es de vital importancia los servicios sanitarios en todos sus aspectos, pero no es lo único. También hay que tener en cuenta las características de nuestro país y cada uno de los indicadores y narrativas. Por ejemplo, la medida de quedarse en casa para algunos no ha sido segura aunque el objetivo sea el autocuidado. No equivalen las indicaciones en hogares con una cierta estabilidad, capacidad  y que tienen todos los servicios, a las familias que viven día con día situaciones extremas de pobreza, inseguridad y violencia. Cumplir con esa norma aunque sea por una medida de salud debe ser analizada. Pero, esto del “debe ser” no tiene lugar en un país de imposibilidades, que evidentemente la toma de decisiones políticas en distintos  niveles ha influido en la gestión de la pandemia, con ello la sensación de que seguimos sin saber tener información concreta.

Te puede interesar: No soy un bot

Con una serie de elementos, personal médico, personal docente y nosotros fuera o dentro del área o espacio que ocupamos, reconocemos que esto es lo que hay y habrá que trabajar con lo que hay, seguir sin queja ni desánimo, no más. 

Luego han entrado en juego otros más elementos que no son necesariamente la falta de sintonía con la ciencia. Propiamente radicados. La pandemia trae consigo a resaltar las carencias, lo irremediable, entre indolencia y desconocimiento. También lo injustificable, con una fuerte dosis de rechazo, polarización hacia personas que acatan las medidas y la que no lo hacen, incluso al emitir una opinión, a veces amparados de justicieros sociales, al punto del infortunio. 

No estamos en un país en el que no existan desigualdades, donde no haya precarización: esta situación claro que ha influido. Están los diversos grupos vulnerables de la población, entre los que se encuentran las niñas, los niños y jóvenes en situación de calle, los migrantes, las personas con discapacidad, los adultos mayores y la población indígena, mujeres que sufren de violencia física, que más allá de su pobreza, viven en situaciones de riesgo al alcance y a lo ancho, profundo de comunidades situadas en todo el país. 

Los problemas son complejos, la covid y su expansión es un elemento muy complejo. Así que no sólo cabe como amenaza de salud pública o de nuestra tranquilidad, le siguen multifactoriales que todavía no se revelan a simple vista. Muy probablemente se desprendan al paso del tiempo y serán motivo de atención.

Ya decía yo, que mi taza de barro ahumado tenía un vínculo de presagio que describe la palabra fracasar, según la RAE se empleaba para señalar que algo se había hecho trozos.

Para lo que nos venga, para el otoño, si es que se recrudece, o para el futuro con futuras pandemias habré de buscar un juego de cuatro tazas. Pienso, de quien debe admitir las cosas como son, porque no hay ante quien disimular mi esperanza a que esto mejore y pase.

Artículos Relacionados

Torreón registra su número más alto de casos activos desde julio

Editorial

Riquelme manipula información en discurso de Alianza Federalista

Editorial

La enfermedad que alcanza a todas y todos

Editorial
Cargando....