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La miserable política electoral en zonas marginadas

Editorial | @RedesPoder

No cabe la menor duda que las personas que aspiran a puestos de elección popular ejecutan una política miserable en las zonas marginadas de la región y el país.

En Torreón, particularmente, el poniente de la ciudad, que al mismo tiempo es la zona más antigua, con más historia e identidad de la región, está olvidada y, sus miles de habitantes, en total abandono.

El Cerro de La Cruz, por ejemplo, es la muestra fehaciente de cómo las comunidades que viven en zonas marginadas sólo son utilizadas y atendidas en épocas electorales con el fin de asegurar cierto número de votantes.

Allí, justo en una de las partes más altas de Torreón, el agua no ha llegado en más de tres meses. Los grifos avientan aire y, sólo en pequeños momentos del día, escurren un poco de líquido. La recolección de basura es un privilegio al que no tienen acceso, la inseguridad, aunque en menor escala, continúa siendo una constante. El Centro Comunitario, que lo utilizaban para recibir talleres, impartir clases, realizar actividades lúdicas y hasta para bañarse, tiene meses cerrado.

Allí, en donde las casas tienen pisos de tierra y el calor se siente mas profundo, las autoridades no ponen atención y es que, en este sistema político y económico que impera, las y los pobres siempre serán los más perjudicados.

No basta con regalar huevo, bultos de cemento, frijoles, aceite, manteca o playeras con la imagen del candidato o candidata favorito. Es necesario diseñar políticas públicas que estén especialmente enfocadas en reconocer a las personas que viven en el poniente, y ayudarles, a través de proyectos claros y transmunicipales, a mejorar su calidad de vida con, en principio de cuentas, acceso a todos los servicios públicos elementales.

La frivolidad, el desinterés y la apatía de las y los políticos han mermado, aún más, la calidad de vida de los que menos tienen.

La ciudadanía torreonense y lagunera, por otra parte, ni siquiera sabe qué es lo que pasa en esa zona de la ciudad. Nadie se da la vuelta, nadie ayuda, nadie sabe que los camiones tampoco pueden subir al cerro y que las personas deben recorrer el camino a pie o en un taxi. Nadie sabe que es normal que haya niñas de 12, 13 o 14 años embarazadas. Todos desconocen el olor a muerte y pólvora que dejó la guerra contra el narco en los callejones de ese sector. También olvidan que los perros callejeros ya son una plaga que pone en riesgo la integridad de las personas y de otro tipo de animales.

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No, allí, donde inició todo hace más de 100 años, parece que ya nadie existe. Seguramente, durante las campañas, Torres Cofiño, Cepeda, Salazar, Zermeño, Attolini o Gutiérrez Jardón irán a presentarse y a prometer cosas que, posiblemente, no van a cumplir.

Qué lástima que olvidemos así a la gente. Qué desgracia que, una ciudad que se jacta de progresista y vanguardista como Torreón, no atienda a uno de los puntos más emblemáticos y antiguos de la ciudad. La política electoral, y sus miserables intereses, continuarán evitando el desarrollo para mantener sus estructuras partidistas en la base de la sociedad.

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