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La columna vertebral del progreso y el desarrollo

¿A poco no…? | Juan Ceballos Azpe | @licjuanceballos

¿A poco no es cierto que, según algunos, el factor fundamental para que una nación deje el subdesarrollo es la riqueza de los recursos naturales? Pero Japón no los tiene y es una gran potencia económica, mientras que en México abundan, y no salimos de la pobreza. Otros le apuestan a la abundancia de infraestructura urbana e industrial, a la ciencia y la tecnología, a gobiernos que nos son corruptos o a factores similares. Pero la mayoría de los especialistas en el tema coinciden en que la educación es el pilar esencial de las naciones desarrolladas.

Alguien dijo que ‘la ignorancia es la más peligrosa de las enfermedades, y el origen de todas las demás’. Por desgracia, en este país nuestro los diversos gobiernos del siglo pasado y el actual parecen no saberlo; o peor aún, lo saben tan bien que no tienen interés de suministrar la medicina que la cure, porque un pueblo con altos niveles de educación tiene bajos niveles de corrupción e impunidad, hay transparencia y rendición de cuentas, así como eficiencia en las instituciones públicas y en la procuración e impartición de justicia.

Gilberto Guevara Niebla, exdirigente del movimiento estudiantil del 68 y de larga trayectoria en el ámbito educativo, es un defensor muy comprometido con la democratización de la enseñanza para que ésta sea un instrumento fundamental en el despertar de la conciencia crítica y advierte que “La educación no puede, por sí sola, hacer democrático a un país, pero sí inhibe prácticas no democráticas”. Similar a lo que advertía Santa Teresa de Jesús: “Lee y conducirás; no leas y serás conducido”.

Quienes leen y están preparados tienen mayores posibilidades de ejercer un liderazgo; los que no, tienen más posibilidades de ser manipulados a capricho de los que buscan preservar sus intereses egoístas en detrimento del bien común. Al sembrar la semilla de la lectura, las nuevas generaciones asimilan el proverbio ‘Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido un corazón que llora’.

San Agustín decía: ‘Cuando rezamos, hablamos con Dios, pero cuando leemos, es Dios el que habla con nosotros’; y puede referirse no sólo a un dios religioso, sino al metafórico dios de la ciencia o las artes o la filosofía o cualquier otra fuente de sabiduría, que nos habla para enseñarnos a ser mejores humanos, más conscientes y preparados para contribuir a dejar de ser un país cuya mayoría vive en la pobreza, el subdesarrollo, la ignorancia.

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Duele el desperdicio de nuestra riqueza humana y natural, como nación privilegiada que cuenta con bosques, mares, selvas, ríos, desiertos, valles, montañas y con tantas especies animales y vegetales como pocos países del mundo. También tenemos una gran riqueza histórica para que la enseñanza de nuestro pasado ponga los cimientos de un presente en el que el futuro se vea con fe y esperanza en el México fuerte al que vamos a aspirar cuando todos -sociedad y gobierno- tomemos conciencia y actuemos en consecuencia, dando prioridad a la educación y la lectura, base del progreso y el desarrollo de toda sociedad. ¿A poco no…? ¡Ánimo!

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