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Por Miguel Ángel Centeno

«Para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar. «

Erich Fromm 

En un periodo de paulatina recuperación, de avances para la adaptación a un entorno de una salud aún vulnerable y un cúmulo de corrientes de pensamiento que intentan dignificar las libertades humanas estamos de cara a un nuevo año. 

Los retos actuales nos han enseñado o han tratado de enseñarnos que la unión que podamos lograr como seres humanos es esencial para el avance de las civilizaciones. Hemos tenido que estar en periodos de largos confinamientos por un asunto de prevención ante una emergencia sanitaria, lo que nos ha limitado del placer de la socialización en muchos momentos o de la primaria habilidad para socializar en el caso de los más jóvenes. Pero lo más grave es que muchas veces hemos estado confinados dentro de nosotros mismos. Ensimismados. Preocupados solamente por nuestras propias metas y deseos, preocupados por lo que vamos a mostrar en redes, por la construcción de una identidad a través de un espejo, un espejo físico o electrónico. 

La individualidad física de la operación digital o electrónica en muchos aspectos también nos ha convertido en agentes del individualismo. En defensa de posturas que no dejan espacio a opiniones ajenas, en planeaciones a futuro que dejan un margen estrecho a la otredad, al prójimo. 

No es posible generalizar por supuesto, en el ejercicio profesional de psicólogos y docentes, actualmente somos testigos de planes de vida de jóvenes que excluyen a la otredad de su camino. En una entrevista orientación vocacional es común al realizar la pregunta: “cuál consideras que es tu misión en la vida” presenciar un silencio absoluto, un bloqueo, un espacio de duda al cual precede una respuesta muchas veces incorrecta, una respuesta orientada hacia los propios logros económicos y profesionales. 

En la preocupación de muchos, reinan el éxito económico, el reconocimiento sobre la autoimagen, y buscar los medios para la autoprotección. Sin embargo, pocas veces dejamos espacio a por ejemplo enseñar a otros y compartir con ellos, en apoyar a quienes tienen condiciones más vulnerables. El propósito de no dejarnos atrás unos a otros, debería ser uno de los más importantes, voltear de vez en cuando hacia atrás y ver a quienes no pueden caminar a nuestro ritmo.

No siempre es cierto que quienes se han rezagado es por que no tienen una cultura de esfuerzo o viven para beneficiarse del otro. Muchas veces condiciones de vulnerabilidad nos atan o nos jalan hacia atrás en un esfuerzo por avanzar, y necesitamos de la mano de otros para seguir caminando.

¿Ya hizo usted su lista de propósitos para este 2022? ¿Cuántos de esos propósitos están fuera del sí mismo? ¿Cuántos tienen que ver con el apoyo a los demás? Si considera que muy pocos, le invito a considerar a quienes vienen caminando con más dificultad que usted. La única manera de avanzar como sociedad viene por medio de la cohesión de los diferentes sectores. 

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No podemos caminar en una línea recta y solitaria, en un avance que nos cubra los ojos hacia los lados. Todos necesitamos de las manos que nos impulsan o que nos esperan del lado del progreso para llegar. Necesitamos hoy más que nunca de unas manos que difícilmente nos dan aquellos que solo están preocupados por ser reconocidos y amados, necesitamos de las manos que nos dan aquellos que practican la cualidad de amar. Que salen de sí mismos. 

La cualidad de amar no solo se limita al servicio que damos todos los días en nuestro trabajo a cambio de un salario, va más allá, va hacia la cualidad de dar en un viaje sin retorno. Feliz año 2022 y muchas gracias por el generoso acto brindar su tiempo a este texto. 

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