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La prisión del psicólogo

Por Miguel Ángel Centeno

“En mis relaciones con las personas he encontrado que no ayuda, a largo plazo, actuar como si fuera alguien que no soy.

Carl Rogers

 

A ver, tú como psicólogo(a) qué opinas de… Para ti que eres psicólogo(a) seguramente es más fácil…. ¡Pero si tú eres psicólogo(a)! 

Estas y otras frases circundan todo el tiempo al profesional de la psicología, expectativas que llegan a desdibujar la frontera del quehacer de la profesión como tal, y que ubican al psicólogo en una especie de cima del autocontrol, depositándole incluso una visión que va más allá de los criterios de la salud mental para convertirse en un enfoque moralizante y siempre clasificador. 

Por otra parte, además de las altas expectativas de la opinión de un psicólogo(a), sus relaciones humanas comienzan a cambiar en torno a un rol permanentemente terapéutico. Un psicólogo(a), principalmente psicoterapeuta, que comienza a ganar un lugar o una acreditación en su carrera, muchas veces comienza a convertirse en el terapeuta no sólo de sus pacientes, sino también de familiares y amigos, y de otras personas que le rodean en su día a día. Es común que acudan a él(ella) en busca de alivio en una crisis, pidan una orientación o simplemente que las charlas de café se conduzcan hacia un diálogo terapéutico. Incluso dentro del mismo gremio los psicólogos primerizos muchas veces tienden a buscar consejo profesional-terapéutico de los más experimentados.

Y qué sucede entonces con la capacidad de relación humana de los psicólogos, qué sucede con los espacios de renuncia al corsé de la pose terapéutica, qué pasa con los espacios para la expresión del instinto y del mundo emocional.

Y qué decir de la propia censura analítica que enfrenta el psicólogo(a) todos los días. En el propio yo se depositan supuestas conductas, incluso pensamientos, es decir, así como los pecados de pensamiento, también a algunos analistas los alcanzan las patologías de pensamiento. Y entonces, al final dónde queda el psicólogo, qué pasa con liberación del instinto, ese supuesto que el terapeuta podrá transmitir a otros pero que quedará encerrado en sí mismo por ser mal visto. 

Muros de expectativas y barrotes de clasificaciones analíticas van encerrando al psicólogo(a) en muchas ocasiones, construyendo una prisión que aísla al especialista de la salud mental, una celda a la que acuden todas las semanas seres humanos que paradójicamente necesitan ser liberados del conflicto que en se encuentran presos. 

Considero que es importante en primer lugar recordar que la definición de la psicología se refiere solo al estudio de los procesos mentales y la conducta del ser humano, simplemente una radiografía de la conciencia que revela sus imágenes con la lente de las teorías y estudios experimentales, una radiografía que, por medio de técnicas en el caso de la psicoterapia, puede permear de formas más efectivas en la mirada de otro ser humano. Lo anterior, orientado a reducir el grado angustia y nada más. El resto lo hará cada persona. 

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Claramente se esperaría de un psicólogo(a) que los conocimientos que va adquiriendo sobre salud mental sean de manera general coherentes en su vida, sin embargo, considero que es importante que esas expectativas no lleguen a la neurosis o la exigencia extrema, creo que es también importante romper esos muros que muchas veces aíslan al profesional de la psicología para establecer relaciones de ida y vuelta en la emoción humana.  

Es necesario que recordemos que la relación psicoterapéutica es una relación de persona a persona, lo cual, le brinda la posibilidad de ser más cómoda y sencilla, incluso para los mismos pacientes, quienes no están relegados a un lugar de subordinación terapéutica, sino que tienen un papel activo en una relación sujeto-sujeto, y no en una relación: sujeto-objeto, por ejemplo: sujeto (hablante) -objeto (de escucha) o una relación: sujeto (terapéutico)- objeto (receptor de tratamiento). Una relación profesionalmente humana, y nada más. No aspiremos a otra cosa. 

Y qué decir del resto de las relaciones de los psicólogos(as), el rol del terapeuta debe terminar al salir del consultorio. 

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