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¿Qué nos queda?

Por ahí se dice que somos un país sin memoria. Lo inmediato es lo del mexicano, lo de moda, lo del momento. No hay continuidad en los temas, no hay un compromiso con las causas.

Ya pasaron los días que esperábamos fueran claves para lograr algunos cambios tanto en la legislatura como en la seguridad de nuestro país, con énfasis en lo femenino.

Hemos tenido críticas de todo tipo, siguen las burlas, la división entre mujeres porque todavía existen muchas que no saben de qué se trató o no tienen idea de en qué país viven. 

La verdad es que muchas esperaban salir del encierro y encontrar algunas mejoras. Pero siguen las declaraciones, siguen las muertas, siguen las violaciones y los golpes sin resolver. El país ha demostrado no estar preparado más que para hacer declaratorias, emitir decretos, crear programas que se suman a otros más. Pero en concreto, excepto algunos casos aislados, la indiferencia continúa.

La SEP finalmente decidió dar el día, con el argumento de que “si no van a estar las maestras, no tiene caso que vengan los niños”, una frase floja que refleja la total falta de empatía y de ganas para mejorar situaciones que ya cansaron. Querían que las maestras repusieran el día que se les dio, esperamos se nieguen a hacerlo, para de esa manera validar el paro en el que no pudieron participar. Aunque ya con la cuarentena, supongo que será tema olvidado.

El cansancio se vio reflejado en la cantidad de mujeres que se unieron a la marcha, en el tipo de mujeres que iban en ella. No esperábamos esta mezcla de ideologías tan diversas, de creencias, de modos de vida, de formas de trabajo. El contingente vasto, a diferencia de años anteriores. Las edades eran muchas, lo mismo que el grado de violencia que cada una de ellas han vivido. Hubo algo de temor por los rumores de los grupos organizados para rociarnos con ácido. Todo fueron rumores o tal vez fue que la ola femenina abarcó tanto y era tan organizada que a nadie le quedaron ganas de atacar.

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Se habla de hacer justicia en el caso de María Elena Ríos, después de haberle dado  su agresor tiempo suficiente para huir. Fue liberada Mónica Esparza, pero no se ha dicho nada sobre el castigo a sus torturadores. Se hacen cosas a medias. Siguen los feminicidios, siguen las diversas violencias. 

Ahora el tema pasa a segundo o tercer nivel por la contingencia que se vive en la Laguna. Las muertas siguen apareciendo como cosa cotidiana y no se dice nada; tal parece que el grito de “ni una más” fue un eslogan del que se colgaron personas que ahora ya están sumergidas en el nuevo tema del momento.

La memoria pertenece a unos cuantos. En este caso, a las encargadas de insistir en los cambios que se necesitan para hacer de este país un lugar de tránsito seguro para todas las mujeres, sin importar edad, condición social o raza. Un espacio seguro, no importa si hay o no contingencia sanitaria.

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