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¿Dónde quedó la bolita? Sobre el rebrote y el capitalismo de la región

Ojo por diente | Fernando de la Vara | @delavara

¿Quién tiene la culpa del rebrote de la pandemia? ¿El gobierno, la gente? En lo personal, considero un golpe muy bajo que el Estado le recrimine a la ciudadanía, pues, en primera instancia, el Estado es la entidad a la que la ciudadanía le confía su seguridad, y éste bajó la guardia en cuanto a medidas de seguridad. El mismo gobernador Riquelme apareció en algunos actos públicos sin usar mascarilla, lo que simbólicamente refiere que todo está “bajo control”, cuando la realidad es que los hospitales y los trabajadores de la salud comienzan a dar muestras de que si no se atiende urgentemente esta problemática se puede salir de control y las consecuencias serán devastadoras.

He platicado con varias personas en la calle sobre la situación, muchos coinciden en más o menos lo mismo: “Al gobierno le valemos madre, bien que hicieron elecciones y que dejaron que todos los bares abrieran. Nomás querían nuestro voto y luego echarnos la culpa”. Y con justas razones ese silogismo es el que permea: “Qué casualidad que después de las elecciones todos tenemos la culpa del rebrote”. 

Una semana antes de la jornada electoral se dio a conocer la noticia de que en una fiesta en Las Villas, uno de los fraccionamientos con más poder adquisitivo de Terror, Coahuila, se organizó una fiesta con alrededor de 700 invitados en donde cerca de 90 personas se contagiaron. En redes circuló una presunta lista de los invitados contagiados, y se menciona que alrededor de 40 de esos contagios corresponden a meseros y personas que prestaron servicios en la boda covid.

Suponiendo que es cierto, que 40 personas que trabajaron en esa fiesta se contagiaron, la pregunta que me hago es la siguiente: ¿esas personas se contagiaron por negligentes, también, o por la necesidad de trabajar? Si algo he señalado en casi todas mis columnas en este espacio, es la poca reflexión e indolencia de buena parte de las personas que dejan ver sus opiniones en redes sociales, y en este caso, en todas esas opiniones sobre la coviboda, nunca leí alguna que recapacitara en las personas que se contagiaron en esa fiesta, precisamente por ir a prestar servicios. 

El sistema bajo el que vivimos sólo potenció la pandemia, si bien la enfermedad evidenció todas las carencias del Estado, también está orillando a que las personas que sólo tienen su fuerza física para producir y ganar dinero a estar más expuestas a salir a la calle. Este es un texto de opinión no muy elaborado, pero si quieren leer más al respecto lo pueden hacer en este enlace y en este otro también. 

La molestia de la ciudadanía contra el Estado es evidente, si bien el Estado demuestra ineficiencias, también demuestra una indolencia (igual que la de buena parte de la ciudadanía) preocupante, incluso las autoridades municipales nos mutilan, como si no sólo tuvieran a cargo nuestra “seguridad”, sino también la posibilidad de ejercer su “poder” sobre nuestros cuerpos.

La ciudadanía está molesta, pero hay sectores a los que tampoco les ha importado mucho que estemos en medio de una pandemia. Fiestas, reuniones, la asistencia a lugares concurridos… todos estos factores ayudan a que la pandemia sea más agresiva. ¿Pero a qué se debe el desorden y la reticencia de quedarse en casa?, considero que hay dos variables muy importantes: 

1) los profesionistas y trabajadores que pueden hacer home office, así como las madres y padres que deben hacerse cargo no sólo del cuidado del hogar, sino que dedican buena parte del día al cuidado y acompañamiento de sus hijos en las horas de clase y tareas, sufren una  sobre exposición a la pantalla, pues entretenimiento, trabajo y relaciones se reducen a estar en línea. Comprendo el ansia por asistir a reuniones o ir en busca de una cerveza, a salir a caminar o incluso ir al cine a ver una película prescindible en cualquier otra circunstancia. 

2) la gente que tiene la necesidad de salir a la calle, quienes no tienen la opción de trabajar desde el hogar ni los medios que les permitan permanecer confinados, obviamente viven al día, si no generan dinero, si no hay recursos, el confinamiento es doblemente infame.

El problema, en el mejor de los casos, no se trata de aburrimiento ni de las necesidades, sino de explotación. Estamos siendo explotados por el sistema, y lo más grave y complejo, estamos condenados a replicarlo si no nos repensamos, pues la indolencia de quien detenta el poder (económico y político) siempre se impondrá a nuestras necesidades y carencias, si no es así, ¿cómo se explica una boda con 700 invitados cuando los hospitales están saturados, en medio de una pandemia? 

Insisto en que el problema está en la estructura en la que vivimos. Necesitamos generar herramientas que nos permitan bienvivir, no estar esperanzados a que las cosas pronto irán mejor, porque lo más probable es que nunca más lo hagan.

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