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Reflexiones del otro ante Covid-19

“La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. […] Nuestros conciudadanos no eran más culpables que otros, se olvidaban de ser modestos, eso es todo, y pensaban que todavía todo era posible para ellos, lo cual daba por supuesto que las plagas eran imposibles. Continuaban haciendo negocios, planeando viajes y teniendo opiniones. ¿Cómo hubieran podido pensar en la peste que suprime el porvenir, los desplazamientos y las discusiones? Se creían libres y nadie será libre mientras haya plagas.»

“La Peste, Albert Camus, 1947”

 

Han transcurrido 4 meses. Estos mismos 4 meses donde decidimos o algunos nos sentimos obligados a cerrar nuestras puertas, a asegurar nuestras ventanas, a saludar de manera lejana al vecino e incluso huir de ello. En este mismo periodo han transcurrido la lejanía con el ser amado que vive en otro hogar, de aprender a comunicarnos a través de medios que poco dan a sentir la calidez de un abrazo, una caricia o un beso. Hemos montando nuestras barricadas en casa. Nos hemos desplazado al supermercado con una gran cantidad de armamento, esperando encontrar lo suficiente para nuestros propios hogares y esperando no sentirnos contagiados. Nuestra rutina ha cambiado. Nuestro trabajo ha cambiado. Nuestra vida ha cambiado.

Hemos tocado nuestra fragilidad y hemos quedado asustados. Probablemente habremos de escuchar el grito que yace en nuestro interior, como si fuera una llamada o un canto hacia la libertad esperada, esos gritos endemoniados que el silencio los reprime. Tratamos de ajustarnos, de adaptarnos, de propiciar la armonía en medio de la crisis, sin embargo, es un hecho que no a todos nos ha funcionado, basta voltear a ver las cifras de violencia que se han acrecentado y las dificultades que hemos tenido ante la convivencia con el Otro. Justamente es un punto fundamental de este escrito, puesto que quiero hacer esa distinción del Otro.

Por una parte, está ese Otro desconocido, frecuentado, con poco o mucho significado en nuestras vidas, externo al Ser. Ese Otro parecía estar facultado por la función de demandarnos: nos demandaba acompañamiento, acercamiento, estados de ánimo provechosos (pareciera que para ese Otro siempre habría que estar en condiciones adecuadas), cumplimientos, deberes, pero sobre todo tiempo. Parece ser que para ese Otro había una constante demanda de aparentar estados de quietud y enmascaramientos provechosos; eso hacía que en múltiples ocasiones se experimentara estadios de ahogamiento, insatisfacción, el deseo “de que el tiempo pasara”, de angustias que detonaban en crisis al interior mismo, pero en lo próximo regresábamos a ese modus vivendi, de quietudes y enmascaramientos provechosos. ¿Cuál era la vía para el contacto con ese Otro? El exterior.

El exterior, es la idea de realidad que se configura alrededor de lo que está fuera de mí. Esto mismo lo concibo como una idea, ya que en muchas ocasiones puede ser rastreado más como fantasía que como realidad. Doy un ejemplo de ello: me he topado en múltiples ocasiones ante el discurso del Otro en consulta, narrativas que rastrean un fuerte cansancio respecto al mundo laboral en el que yacen, denotando palabras como “no creo que sea lo suficiente en mi trabajo”, “la empresa no es capaz de reconocer lo que otorgo”, “no se cuenta mi tiempo”, “no vale la pena mi esfuerzo”, entre otros elementos parecidos; posterior a ello hay una frase que constantemente me deja pensando, puesto que después del estadío de desahogo sobrevienen frases como: “…pero bueno, este es el trabajo que elegí, el que da de comer a mi familia, el que me toca, al final es un buen empleo”. ¿Qué es lo que denota esta escena típica en el individuo? Probablemente la incapacidad de funcionar a través de lo real que opera en el sujeto, la improbabilidad de discernir entre sus propias demandas y en un sentido muy profundo la trampa que hay detrás del discurso.

¿Cuál es la trampa? De que precisamente esta falta de decisión o de voluntad está regida por mecanismos de ganancia; es decir, aún y cuando el sujeto no goza de la situación externa que vive, aún así esa situación es mejor, puesto que evita afrontar lo que seria actuar de manera congruente consigo mismo. Por ejemplo, que tal si dicho sujeto aun no es capaz de contestar a las preguntas: ¿sabe usted que es aquello que no le permite responder a sus deseos?, ¿Qué sucede en sí mismo para que no se sienta suficiente donde labora?, ¿para quién no vale la pena el esfuerzo que realiza?, entre otras más, que pueden llegar a saltar de dicha situación.

Más de Agustín Palacio: De contradicciones y desencuentros…

Este contexto lo narro para clarificar el punto de lo que COVID 19 ha involucrado para nosotros. La COVID 19, saltó como la respuesta que obligó a responder a través del acto las preguntas que ponían en jaque nuestro involucramiento con ese Otro Externo o desconocido (aunque puede ser que por la situación sea más que conocido). Obligó a voltear a ver lo que sucedía dentro del sujeto poniendo en dudas las voluntades al elegir el exterior como su modus vivendi; ya que no quedó de otra más que convivir con lo que había dentro. O, ¿cuál creen que sea el motivo por el que las cifras de violencia, rupturas, suicidios y demás han aumentado en medio de la pandemia? Ojo, no puedo mencionar que esta sea la única causa, sería iresponsable de mi parte asegurarlo, sin embargo, el hilo de este planteamiento configura el conflicto que prevalece con nuestro interior, de las luchas que pugnan entre lo que vivíamos afuera contra lo que ignorábamos desde dentro. ¿qué habla de nosotros de la intolerancia que tenemos con un niño que le ha tocado trabajar desde casa?, ¿qué habla de nosotros las agresiones que se han tenido con los miembros de la familia ante esta “nueva normalidad” ?, ¿qué habla de nosotros nuestra sensación de pesadez, desmotivación y tristeza profunda cuando estamos hoy por hoy en nuestras casas de tiempo completo?, ¿qué habla nuestra sensación de salir corriendo de casa, cuando se “nos quitó” la realidad externa? Tal vez esta pandemia, nos puede estar mostrando que las rutas de escape que creamos desde pequeños pueden ser más frágiles de lo que pensamos. Tal vez y esta pandemia está mostrando con altos montos de angustia la falta de contacto que hemos tenido con nuestro Otro que se anida en el interior.

Para finalizar, pongo en retrospectiva la idea de la libertad. Hemos pensado que esta pandemia nos ha quitado la libertad, sin embargo: ¿estamos seguros de que hemos sido libres antes de ello? Si es así, ¿porque nuestra libertad tendería a depender de alguien más? La libertad, la elección o la voluntad es un acto que viene a través del sujeto y solo sí el sujeto acepta tenerla y para que esto se dé en última instancia se haría desde tomar en cuenta la completud de nuestro ser, pero la libertad jamás estará relacionada a las ataduras ni a los objetos que pareciera tienen que permitirme tener “libertad”; ya que si ella depende de algo más, tal vez sea todo menos libertad.

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