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Diferentes Perspectivas | Tomás Del Bosque 

Las empresas y los empleadores tendrán que realizar nuevas inversiones para aumentar su participación en la educación, la formación y la readaptación profesional de los trabajadores, con miras a apoyar el crecimiento económico

Organización Internacional del Trabajo

En la historia de la humanidad diferentes factores históricos han ido cambiado la forma en que han evolucionado las relaciones laborales.   Desde la Revolución industrial, que fue un cambio disruptivo en el aumento de la producción, pero con un lado obscuro de jornadas laborales de 15 horas, explotación de mano de obra infantil y salarios establecidos sólo para cubrir necesidades básicas de los trabajadores, fueron detonando movimientos sociales que a principios del siglo XX impulsaron el sindicalismo en la defensa de derechos de los trabajadores como contrapeso a abusos de grandes empresas, pero que por sus propios excesos como la corrupción de líderes, sistemas anticuados de escalafón, uso injusto de la cláusula de exclusión, políticas corporativistas y falta de democracia interna, acabaron destruyendo fuentes de empleo en pequeñas y medianas empresas, perjudicando también a sus agremiados.  Vicios que fueron minando desde el interior a estas organizaciones sindicales hasta irlas dejando acotadas frente a una realidad que demandaba mayor productividad y eficiencia ante la creciente competencia entre industrias, regiones y países a finales del siglo XX.

Ahora, en plena postmodernidad del Siglo XXI, después de la crisis del COVID 19, van estableciéndose nuevas reglas, algunas perjudiciales para los trabajadores como la constante rotación que impide generar antigüedad y derechos, la exclusión del sistema laboral a mayores de 45 años, la ilusión de una cultura de felicidad permanente como ideología preponderante para crear empleados felices, baratos y productivos, la tercer mundialización de la población en la mayoría de los países,  la consolidación de pequeñas élites económicas que acaparan la riqueza, así como una disminución en los alcances de la red de seguridad social, dejan al trabajador con un futuro en el que cada vez se encuentra más solo y desprotegido.

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Las nuevas reglas de esta postmodernidad  también han traído efectos positivos en organizaciones de avanzada, como la revalorización de la persona, una mayor aceptación hacia la diversidad, la búsqueda del equilibrio en la salud corporal, mental y espiritual, una mayor concientización sobre el medio ambiente, la atracción de mayor talento a través de establecer condiciones para crear  entornos de trabajo más agradables y humanos, buscando que la relación entre la empresa y el colaborador sea no sólo en base al desempeño y resultados, sino también al compromiso entre ambas partes basado en la reciprocidad responsable, en  nuevas metodologías de trabajo con el uso de la tecnología y planes de incentivos que favorezcan el futuro del colaborador dentro de la empresa.

 

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