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Responsabilidad compartida

Por Leonardo Crespo

Hace unos días se publicó un estudio titulado “Mortalidad por COVID-19 en México” de Héctor Hiram Hernández Bringas, doctor en Ciencias Sociales, que generó una amplia cantidad de encabezados en los medios nacionales con referencias a uno de sus puntos en particular; siete de cada diez personas que han muerto, hasta el momento de su publicación, sólo tenían estudios de primaria.

Y honestamente, a mí también me atrapó dicho dato. Pero no en el sentido clasista y morboso que los medios explotaron, sino en la reflexión de lo que hay detrás de dicha cifra.

Otro dato interesante es que más del 80% de las personas se concentra en ocho categorías de empleo, entre los que destacan los no remunerados como las amas de casa, jubilados y pensionados, empleados de sector público, conductores de vehículos y profesionales no ocupados.

¿Por qué son auténticamente interesantes estas cifras? Mucho más allá del clasismo con el que se les pueda observar.

Porque la primera representa la desigualdad profunda y auténtica que vivimos como sociedad, y que aquellos que no forman parte de ella, ridiculizan y disfrutan. La segunda representa a un sector de la sociedad que es fácilmente reemplazable para las economías capitalistas.

¿Cuántos de nosotros no hemos visto un meme que hace relación a la pobreza, a la ignorancia, a la desigualdad, y su estrecho lazo con el descuido, falta de precaución e ignorancia ante las medidas de salud que se toman por la pandemia?

Seguramente la mayoría de nosotros los hemos visto. Incluso nos hemos reído de ello. Porque es fácil burlarse de aquellos que son víctimas de algo que parece ser “su responsabilidad”, cuando en realidad, recibir una educación de calidad, es responsabilidad de todos nosotros.

Más de Leonardo Crespo: Acción y responsabilidad

Primero que nada es responsabilidad del Estado, pues todo el artículo 3° de la Constitución establece desde un principio que toda persona tiene derecho a la educación. Pero el gobierno nos ha fallado como pueblo en ello.

Segundo, es responsabilidad de nosotros, pues nosotros somos los que hemos sido indiferentes ante dicha injusticia. Somos nosotros los que, como sociedad que bien o mal sí recibió cierta educación, no hemos alzado la voz, demandando y exigiendo que todos tengan acceso a la misma.

Nosotros al ser ligeramente privilegiados hemos apartado la mirada de las necesidades que poseen las clases bajas. Nos hemos desentendido. Y todavía tenemos la desfachatez de reírnos, de hacer memes, de convertir en una burla aquello de lo que nosotros también somos responsables.

En una sociedad se comparten las responsabilidades entre todos sus actores; y nos hemos vuelto ciegos a esos términos, sociedad, responsabilidad y actores. No somos sociedad, no somos responsables y no somos actores. Pero las risas no faltaron, ¿verdad?

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