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Por Tomás Del Bosque

Uno de los argumentos más recurrentes de quienes decidieron no acudir a las urnas, fue que este ejercicio no era más que una simulación para darle mayor visibilidad al actual Presidente, y que más que un ejercicio de revocación, se trataba de un ejercicio de ratificación, lo cual de forma es completamente cierto, y que, aunque aparentemente tenían la razón, no se dieron cuenta de que la jugada era de tres bandas y de largo plazo,  y que lo que estaba en juego no era la revocación de mandato del actual Gobierno.

La revocación de mandato, como instrumento de participación ciudadana, significó este 10 de abril la oportunidad perdida de haber sido el antecedente para establecer un ejercicio ciudadano para futuras elecciones, tanto estatales como federales y empoderar a la ciudadanía en la vida democrática.

Tomando el planteamiento de Jorge Espejel en su artículo ¿Participar o no participar en la revocación de mandato? publicada el 9 de abril del 2022 en Red es poder, ¿Qué hubiera pasado en Coahuila si se hubiera tenido la oportunidad de someter a consulta la posibilidad de revocar el mandato por pérdida de confianza a los responsables de la adquisición de la mega deuda en ese momento? Dibujar este tipo de escenarios se torna interesante cuando pensamos en los excesos que han tenido algunos gobiernos estatales, municipales y federales en el pasado.

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Regresando a lo que estaba en la mesa este 10 de abril, por un lado, el Gobierno aparentaba jugarse el todo por el todo con este ejercicio, que de antemano sabía ganado, por lo que efectivamente era innecesario para efectos inmediatos, máximo cuando la Constitución establece que el periodo presidencial es de seis años,  y que,  en el remoto caso de que la participación ciudadana hubiera sido por lo menos del 40%, era seguro que la mayoría votaría por la continuidad, sin embargo lo que realmente estaba en juego no era la continuidad de este gobierno, sino que la jugada era denostar al INE si había poca participación,  cosa que finalmente ocurrió,  y asegurarse de que en las próximas elecciones presidenciales,  no se tenga la vigilancia de un  INE fuerte y autónomo como juez imparcial.

De acuerdo al INE, para que este ejercicio resultara vinculante, se requerían por lo menos el 40% de los ciudadanos registrados en la lista nominal, la cual de acuerdo al INE consiste en 92,823,216 personas, sin embargo, probablemente la participación vaya a ser menor al 20%, de acuerdo a la tendencia de los resultados del INE.

Oportunidad perdida para rescatar al INE de caprichos partidistas, y empoderarlo como un órgano realmente ciudadano, más ahora que se encuentra denostado por los embates gubernamentales que buscan disminuirlo o incluso desaparecerlo para que en futuras elecciones no sea un estorbo, y se pueda regresar a los tiempos en que las elecciones se decidían en los Pinos. (Ahora en Palacio Nacional).

Oportunidad perdida para fortalecer una institución que, aunque necesariamente mejorable en muchos aspectos, significó un logro democrático que costó años de lucha de la ciudadanía consciente apartidista, medios independientes y diferentes actores de la oposición, tanto de centro izquierda como de centro derecha, que les tocó sufrir décadas de censura y hasta represión por parte de un sistema presidencialista unipartidista.

Independientemente de si se quería votar a favor o en contra, ya que para eso son las elecciones que garantizan el voto libre y secreto, lo importante era ejercer un derecho ciudadano y fortalecer la democracia. 

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