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Rina Lazo, el inframundo y los dioses

Por Alejandro González Enríquez

Esta búsqueda y acercamiento con grandes maestros comenzó de mi parte hace algún tiempo, por momentos ha sido frenética, en otras ocasiones perezosa, pero la convicción por seguir nunca ha menguado. Para realizar todo esto he contado con el apoyo fundamental del salón de la plástica mexicana. En cuyo directorio están miembros importantísimos de la historia del arte del país. Dentro de ellos había un miembro especial, una artista, mujer, guatemalteca, pero como ella se identificaba… mesoamericana, alumna de Diego Rivera, con mentalidad brillante y calidez humana. Por mucho tiempo intenté entablar comunicación, pero no fue posible.

Un día preparándome casi para viajar a Francia donde viviría algún tiempo pasé por fuera de su casa en Coyoacán, me animé a tocar el timbre y para mi sorpresa, ¡respondió! Hablamos de nuestros intereses, de la vida, me sorprendió su vitalidad y su agilidad. Me comentó que preparaba un mural gigantesco que se iría a los Estados Unidos, pero antes sería expuesto en México y me dijo que me invitaba cordialmente. Quedamos en volver a hablar, me despedí y me fui al extranjero. Era agosto del 2019. 

El mural que preparaba se titulaba “El inframundo” en el cuál iba a aparecer ella misma y justamente cuando al cuadro le faltaba este detalle, la muerte la alcanzó… era 1ro de noviembre de ese mismo año.

Rina Lazo Wasen nació un 30 de octubre de 1923 en la ciudad de Guatemala, pero su infancia transcurrió en Cobán, lugar que posee una marcada influencia maya. Ingresó a la academia de artes de la cuál obtuvo una beca para venir a México y estudiar en la esmeralda, que por esos años tenía maestros muy reconocidos dentro del movimiento muralista. Ahí los profesores vieron su talento y la invitaron a trabajar con Diego Rivera, era 1947. De ahí hasta la muerte del pintor, diez años después, fue su discípula inseparable.

Durante su larga trayectoria se destacó por ser una de las pocas mujeres muralistas, realizó importantes trabajos como “Tierra fértil” en su natal Guatemala en 1954, murales en el museo de Antropología de la Ciudad de México, la reproducción de los frescos de Bonampak en el metro Bellas Artes y el mural “Realidad y sueño en el mundo maya. Mágico encuentro entre hombres y dioses” de 1997 sólo por mencionar algunos. Sus composiciones van desde lo más intrincado a elementos sencillos. Los colores se entremezclan formando una paleta muy uniforme donde a pesar de utilizar colores vivos nunca saltan o cansan a la vista. Esto es muy visible en su obra de caballete, la cual es menos conocida pero igual de importante.

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Tal vez era la marcada influencia maya o el auge del momento lo que motivó a la maestra para entrar al movimiento muralista, lo hizo su estilo de vida y su convicción; el arte y la política iban de la mano. De cualquier manera su nombre ya está escrito con letras de oro y se reafirma cada vez que algún capitalino pasa por el metro Bellas Artes o cada vez que un extranjero toma fotos de los extraordinarios murales de Antropología. Hoy ya ha pasado algún tiempo de su partida y creo que seguro ya estará gozando del Mictlán, para el cual se toma tiempo en llegar, así como me tomó tiempo conocerla y así como tomó tiempo esta nota.

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