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El semáforo rojo que a nadie le importa en Coahuila

Editorial | @RedesPoder 

El viernes 15 de enero las autoridades sanitarias federales dieron a conocer que Coahuila, entre otros estados, subieron al semáforo rojo de máximo riesgo de contagio.

Para determinar el nivel de riesgo de cada entidad federativa, la Secretaría de Salud Federal analiza elementos como disponibilidad de camas de hospitalización general, disponibilidad de camas con ventilador, tasa de infección por habitante y número de casos activos, principalmente.

Lo que estamos viviendo en Coahuila no es nada nuevo. Los números registrados al día de hoy son similares a los de diciembre o noviembre, sin embargo, ya sin fiestas decembrinas, con el comercio normalizado, la Federación optó por pintar de rojo a varias entidades.

¿Sirve el semáforo rojo de alto riesgo? Sin duda, en estados donde sí se acatan los lineamientos de la federación sí ha funcionado, tal es el caso de la Ciudad de México, que lleva casi un mes con los comercios no esenciales cerrados para tratar de bajar la transmisión del virus. Apenas, hasta el día de hoy, dieron el aval para que abran los restaurantes siempre y cuando sus mesas estén instaladas afuera.

En Coahuila las cosas son diferentes, el gobernador Riquelme no está ni estará de acuerdo con la estrategia de semaforización, ha denostado una y mil veces el plan del gobierno federal e incluso ha retado públicamente al Subsecretario de Promoción y Prevención de la Salud, Hugo López-Gatell.

Bien lo dijo Riquelme, el que hayan puesto a Coahuila en semáforo rojo no necesariamente significa que vayan a haber más restricciones. El mandatario estatal ha sido claro, las decisiones en el estado se toman por regiones, y, en ese sentido, sólo en la región norte se tiene algún tipo de problema por la poca disponibilidad de camas para pacientes covid.

¿Cuál ha sido la ruta? Sencillamente, en la medida que se va necesitando, las autoridades habilitan espacios para instalas más camas de hospitalización general y para terapia intensiva. La estadística ha perdido rigor ya que, a falta de camas, se agregan más y más y de pronto la crisis, con esa medida, se desdibuja.

Mientras en Durango sí tomaron restricciones fuertes cuando fueron declarados en semáforo rojo de alto riesgo de contagio, en Coahuila ha sido totalmente diferente. Las dos entidades son encabezadas por organizaciones opositoras al partido hegemónico, pero los dos mandatarios asumieron posturas distintas.

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Riquelme, desde la Alianza Federalista y con sus declaraciones, está tratando de erigirse como la figura priísta más fuerte del país, por ello, aunque siempre con diplomacia, ha retado en más de una ocasión las decisiones que toma el Gobierno de México. Rosas Aispuro, aunque sí se ha quejado, sobre todo por los recortes presupuestales, no ha logrado quedarse en la memoria de la opinión pública.

De esta manera, el semáforo rojo se ha convertido en una herramienta de presión social, sanitaria y política de la federación en contra de los estados y, por otro lado, estados como Coahuila lo han ignorado para demostrar que aquí se hacen las cosas «diferentes», aunque los resultados en muertes, contagios, cierre de negocios y pérdidas de empleo sean prácticamente los mismos que en todo el territorio mexicano.

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