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La presidencia presidencial y el surrealismo mágico

Texto vía El Pensador Amateur

Ya no entiendo si va o si viene, si está huyendo despavorido de la realidad o si ya le tomó cariño a la chamba por la que tanto empeño puso en obtener y anda viendo cómo perpetuarse en el puesto.

No sé si enloqueció o si está feliz de que su plan (oculto) va viento en popa.

Todo parece fuera de control pero tiene una estructura muy coherente, todo encaja en un plan que no entendemos pero que debe de existir pues, sin sentido aparente, todo lleva un (des)orden sumamente (i)lógico.

Se está comportando como el empleado que rompe vajilla tras vajilla deseando que se le despida del trabajo y que se le aparte de semejante responsabilidad que nunca imaginó fuese así de importante.  O tal vez, en su estilo personal de trabajar , tiene su plan muy bien definido y lo que sigue es iniciar un conflicto de trabajo llamando a los compañeros a huelga y en el juicio laboral sabotear los procesos que queden vigentes, dañar la reputación del negocio y maniobrar hábilmente, vaya que lo es, para apropiarse de la institución.

O tal vez sea la cabeza de playa de una maniobra de estas de “hostile take over” para primero distraer a la población, definir muy bien los fantasmas, lanzarse a combatirles, entusiasmar a la mayoría para luego, oh malditos e inevitables efectos secundarios, dejar tierra arrasada para que venga, aclamado por el pueblo, el que iba a venir a dirigirnos al puritito estilo de moda, el de Putin, el de Trump.

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Esto está tan obvio que de tan obvio no se ve y seguro no se entiende.

Los políticos suelen jugar un ajedrez muy avanzado, pura carambola de tres bandas, mientras que nosotros, los ciudadanos, apenas y atinamos a comprender asuntos lineales y sencillos,  por eso hacen de nosotros lo que hacen de nosotros.

Desafía la ley de la gravedad, rechaza la lógica económica, reinventa el lenguaje, remodela los comportamientos, trastoca los horarios, elimina la planeación y las estrategias, impone la intuición y la ocurrencia como norma, modifica la realidad, le cambia el nombre a las montañas, redefine el sentido de la lluvia, congela los ríos, cambia el sentido del tráfico, trastoca los hábitos, habla sin parar y siempre remata con la amenaza de condenación eterna extendiendo su dedo flamígero tal y como lo vimos hacer a Dios según el gran Miguel Ángel.

No vuelvo a leer a García Márquez, su obra me provoca sueños muy extraños, me inserta en realidades alternas muy ajenas a los hombres y a las mujeres del norte, de Aridoamérica.

Ya sé que hace mucho que el coronel ya no tiene quien le escriba y por eso improvisa, los cien años de realidad que tendremos que enfrentar cuando termine esta jornada de amor en los tiempos del cólera presagian que el otoño del patriarca provocara una muerte anunciada, con todo y crónica. Esta situación, me temo, será la increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada.

No sé si Dios quepa en Macondo, lo único que pido es que a mi también, pero al final no al inicio, mi padre me lleve a conocer el hielo. Alguien acaba de inventar el surrealismo mágico y yo no tuve nada que ver.

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