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Tercera ola: ¿paranoia o sentido común?

Epicentro | Luis Alberto López | @luisalbertolo

Los números en México acerca de los contagios del nuevo coronavirus resultan favorables y alarmantes a la vez si analizamos todo el contexto que nos llevó a ellos.

¿Por qué? Primero hay que tomar en cuenta que luego de un año complicado tenemos una marcada disminución en los contagios y defunciones, aunque para llegar a eso, antes pagamos un alto costo de la gente que no entendió el peligro y las autoridades que actuaron a conveniencia para aplicar medidas restrictivas.

En ese sentido, ya hablan de una reanudación de clases en modelos híbridos para antes de que concluya el presente ciclo escolar, además de que retornaron los aficionados a estadios de futbol como en el de Torreón.

Lo cuestionable de estas medidas es que parece que de nueva cuenta no se toman en cuenta varios factores que nos podrían llevar a una nueva crisis y que ya vivimos durante el 2020 entre la primera y segunda ola de la enfermedad.

No es alarmismo y basta recordar la influenza española que inició en 1918 y concluyó dos años después con la contabilización de al menos cuatro olas o brotes importantes en distintas partes del mundo. El comportamiento es muy similar y no hay que ignorar los patrones que ya vemos en algunos países de Europa y América Latina.

El año pasado se llevaron a cabo las elecciones para renovar el Congreso de Coahuila durante el mes de octubre y unos días después subió de manera alarmante la ocupación hospitalaria al grado que hasta hospitales móviles tuvieron que instalar.

El gobierno estatal no se cansó de desmentir que los comicios estuvieran relacionados y los organismos ciudadanos que en teoría vigilan o sugieren en temas de salud pública tampoco cuestionaron sus versiones. La vieja confiable en este caso fue culpar a la ciudadanía de a pie que realizó fiestas o reuniones de más de 10 personas, lo cual si bien influyó, no se puede exonerar a los clubes o centros privados que de igual manera lo hicieron con la participación de figuras políticas y tampoco el relajamiento de medidas sanitarias en negocios.

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La reactivación es muy importante y entiendo que mucho de eso motiva el retorno a clases o las actividades deportivas, pero si la autoridad actúa a conveniencia y no aplicando protocolos bien establecidos corremos el riesgo de un descontrol en lo inmediato.

Lo que nos queda como sociedad es estar alertas a lo que venga y exigir igualdad y transparencia para las acciones restrictivas. También ya basta de que la vacunación sea usada con fines mezquinos por todos los gobiernos y que eso orille a un retraso marcado en un paso importante para ver la luz al final del túnel.

Con todo este contexto anticipar una tercera ola en México y La Laguna no es nada difícil y siendo realistas es más un asunto de responsabilidad social que paranoia.

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