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Correspondencias | Alfredo Loera | @alfredoloeramx

La idea más importante de la magna obra de Thomas Pynchon, Gravity’s Rainbow, es “They are in love. Fuck the war”. Con dicha frase finaliza uno de los pasajes más conmovedores de todo el libro, donde Roger Mexico y Jessica Swanlake se encuentran en una mansión derruida por los bombardeos alemanes en Londres durante la WWII. Se han alejado del caos de la ciudad en ruinas para tener un pequeño descanso y justo cuando empiezan a besarse, cuando comienzan a amarse, muy cerca, extremadamente cerca, se escucha el “Grito En El Cielo”. No es otra cosa que la caída del primero de los cohetes supersónicos: el escalofriante V2 (Vergeltungswaffe 2 – Arma de Venganza 2, y nótese el patológico nombre del juguete nazi).

La historia narrada en Gravity’s Rainbow se sitúa en la Segunda Guerra Mundial, pero por desgracia esta experiencia desde los años cuarenta del siglo pasado, a lo largo del mundo, jamás ha dejado de vivirse. Hoy en día, como nunca, estamos haciendo el baile del equilibrista, pues como es sabido de todos en Ucrania se está abriendo la Caja de Pandora, si no es que ya está completamente abierta. El cohete es el símbolo de nuestra época.

No hay autor que haya esbozado este símbolo mejor que Pynchon. Su grandeza poética está en la capacidad de ver en dicho artefacto la estructura de nuestra realidad. La espada de Damocles que pende sobre todos nosotros desde su invención por Wernher von Braun, bajo el auspicio del proyecto Nazi de Peenemünde, die Raketenstadt (La Ciudad Cohete).

El libro alberga uno de los mejores inicios: “A screaming comes across the sky”. Es el grito que contradictoriamente todos esperamos escuchar, pues si lo haces es porque el cohete no cayó sobre ti. El V2, como toda la balística moderna, era capaz de atravesar el cielo a una velocidad mayor que la del sonido. El cohete explotaba antes de que pudieras escucharlo. Podías estar comiendo tu desayuno de plátanos con Pirata Prentice (personaje de la novela) o leyendo un periódico quemado y al momento siguiente ya no estar. El mundo cambió para siempre a partir del despegue del V2. En uno de los pasajes del libro dice: “No hay salida. Permanecer y esperar, estarse quieto y callado. El grito persiste a través del espacio. Cuando llegue, ¿lo hará en la oscuridad o traerá su propia luz? ¿Llegará la luz antes o después?” Y más adelante: “…En la lontananza, hacia el Oriente, en el cielo rosado, algo acaba de resplandecer con grandes destellos. Una nueva estrella; nada menos digno de atención. Se apoya sobre el parapeto para mirar. El punto brillante ya se ha convertido en una breve línea vertical de color blanco. Debe de estar en algún lugar por encima del mar del Norte…, por lo menos a esa distancia… Abajo, campos de hielo y una fría mancha de sol…

¿Qué es? Nunca ocurre nada semejante. Pero Pirata lo sabe, a fin de cuentas. Lo vio en una película hace quince días…, se trata de una estela de humo. Ahora se ve un dedo más alta. Pero no es la estela de un avión. Los aviones no se lanzan verticalmente. Se trata de la nueva y todavía Muy Secreta bomba-cohete alemana…

Si la cosa cayera exactamente en… Oooh, no,… Si, por una fracción de segundo, uno tuviera que sentir el choque de la punta, con la terrible masa encima, en el propio cráneo…” 

El Cohete ya no es secreto para nosotros. Sabemos que EEUU, Rusia, China, y un puñado de países más, son los dueños de la balística moderna. Los americanos y los rusos cuando se apropiaron de Alemania tuvieron como una de sus prioridades adueñarse de los planos, explotar todo el desarrollo tecnológico germánico, que no fue poco. También fueron los inventores del plástico.

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Pynchon (que por cierto murió el pasado 5 de marzo a los 85 años) en su novela, la cual ha sido comparada tanto en su extensión como por el estilo con el Ulises de Joyce, aborda todos estos temas, para de esta forma desplegar la cartografía de la nueva realidad del mundo. La causalidad ha sido socavada, al menos la causalidad clásica. Desde que el cohete cae antes de haber signos de él, todo cambió. El signo ya no significa. El signo ha quedado obsoleto, el ser humano tendrá que vérselas sin el logos. El avance de la técnica ha adentrado al homosapiens en lo irracional.

¿No es eso lo que se observa hoy mismo en Ucrania, pero no sólo ahí sino en Palestina, en Irak, en las conductas de las potencias del mundo?

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