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Cuando los pollos ladran o ¿cuántos tránsitos se necesitan para quitar una placa?

Ojo por diente | Fernando de la Vara | @delavara

Desestimado agente de vialidad:

Pasé muchas horas pensando en cómo escribirte esta carta sin ofenderte, sin mentarte la madre, sin decir que representas todo lo que odio de mi ciudad; en cómo decirte que eres un gandalla y que te detesto, y no estoy seguro de cómo hacerlo, pero lo intentaré, porque en el fondo me parece que vives peor que yo, peor que la mayoría de nosotros, si no, dime ¿a quién le gusta pasar más de seis horas bajo el sol ingrato de Terror, Coahuila? A nadie.

Creo que tanto sol te vuelve un ser más irritable, pero digamos que no es el sol ni el calor lo que te vuelve tan hostil, sino la premisa de tus superiores que debes cumplir, pues es como te ganas el pan: recaudar recaudar recaudar, y es que después de saber que, aún y con la pandemia, de julio a agosto lograron incrementar la recaudación a base de multas y que juntaron 16 y medio millones de pesos, supongo que ahora te piden una cuota más alta de infracciones por día. Te voy a hacer el favor de pensar que eres honesto y que no aceptas que la gente te soborne, de creer que es cierto que los más de 41 millones que recaudaron de enero a agosto fueron obtenidos de absolutamente todos los ciudadanos que detuviste y, sobre todo, que tuviste muy buenas razones para infraccionar a tanto ciudadano. 

Insisto en hacerte el favor de pensar que nadie logró convencerte de que levantaras la multa, de que lo ayudaras, y que tú no le dijiste “ayúdame a ayudarte”, porque en lo que va del año me has infraccionado en tres ocasiones y no prestaste oídos a mis réplicas, intentar hablar contigo es como esperar que el sol haga el paro de no calar tan gacho. Dos veces me multaste por estacionarme enfrente de mi negocio, en una isla para descargar mercancía en la Morelos, cuando acababa, precisamente, de descargar mercancía. Tú decidiste quitar la placa de mi camioneta sin averiguar, y como ya la habías removido y comenzado a garabatear algo en tu talón de infracciones, lástima, era imposible ayudarme. En cambio, me regañaste por descargar mercancía en el lugar diseñado para descarga de mercancía. Pero está bien, fue mi culpa por tener un negocio. Y la ocasión más reciente que me infraccionaron, y ahora hablo en plural porque no eras uno, eras siete, y entre cinco me abordaron, tampoco te interesó escucharme. ¿Mi falta?, circular con las placas viejas, y está bien, lo acepto, también fue mi error, debí pagar desde hace mucho el replaqueo, porque es barato y necesario y no te quita nada de tiempo, no te implica desperdiciar medio día de tu vida ese trámite, ¿pero era necesario que te volvieras siete agentes?, ¿no te parece ridículo? A mí sí, pero es que, a fin de cuentas, eres una hidra. 

Hace pocos meses cambiaron tu uniforme, abandonaste tu camisola verde fosforescente y ahora portas, espero que sin orgullo, un amarillo inconfundible. Ahora eres un pollo. Y no sé por qué creo que ese uniforme ni siquiera te lo dieron, me da por pensar que te lo vendieron, mejor dicho, que te obligaron a pagarlo descontándotelo de tu sueldo, y que es otro factor importante para que estés encabronado y te ensañes con la ciudadanía, y que te ensañes no ya multándonos, sino madreándonos.

¿Cómo quieres que no te tenga tirria?, vi varias veces el video en donde te multiplicas y nos golpeas. Te amontonas sobre uno de nosotros y con tu bastón le punzas los costados, está en el piso, sin la oportunidad de oponer resistencia, y hasta me da la impresión de que disfrutas madreándolo. ¿No te parece un poquito excesivo?, a nosotros sí. Como consecuencia te denunciaron y te corrieron del trabajo, a ti y a tu jefe, pero como dije antes, eres una hidra. Una hidra asoleada y con ganas de desquitarte.

Hace unos meses, en Gómez Balazo, en un retén que instalaste para hacer pruebas de alcoholímetro, algún borracho de nosotros no acató tus instrucciones, te arrebató un alcoholímetro y se arrancó, te derribó y se perdió en la noche. Mentiría si te digo que no me dio gusto que te hiciera eso, porque la verdad es que lo sentí como una pequeña venganza. ¿Te lo merecías? Sí.

Todos los días te veo en las esquinas que cruzan la Morelos, te veo agotado y con la mirada harta, pero sé que no estás todo el día en esos puntos “estratégicos”, y cómo sé que no estás ahí, fácil, ¿porque sabes también qué veo todos los días en la Morelos? A algunos de nosotros que deciden ignorar la señalética del área peatonal y pasar con sus carros con bastante descaro, obligando a los paseantes a replegarse para no ser atropellados. Estoy de acuerdo en que nos infracciones cuando sea necesario, así como estoy en contra de que te pases de lanza, pero tu ausencia en las horas estratégicas de circulación no te ayuda. 

Eres bien pasado de verga. ¿Por qué digo eso?, porque hace unas semanas detuviste en la madrugada a una amiga, la cuestionaste por estar en la calle. Ella te dijo que había ido a dejar a sus amigas a sus casas, porque ya era de madrugada. Le preguntaste si habían bebido, ella contestó que sí, pero que ella no, por ser conductora designada. Y le dijiste que para qué andaba en la calle, que mejor sus amigas se subieran a un taxi, y ella te cuestionó, te dijo que cómo se te ocurría sugerir eso, que sus amigas se fueran en un taxi, que si no te pasaba por la cabeza considerar que vivimos en el país donde diario asesinan a once mujeres y que abordar un taxi es peligroso, en especial de noche y con copas encima, en especial si eres mujer. Tú la volviste a cuestionar, Si es peligroso entonces no salgas, le dijiste, Por eso las desaparecen, amenazaste. ¿Amenazaste?, estoy seguro de que no era tu intención, que sólo eres torpe para expresarte, ¿pero ya ves por qué digo que dialogar contigo es imposible? Mi amiga se encabronó y te incomodó al grado que decidiste que era mejor dejarla ir, pero no lo hiciste por buena onda, lo hiciste porque sabes que es un tema complicado en el que no te interesa involucrarte.

Disculpa, creo que ya te insulté más de lo necesario, pero en realidad me molestas. Y sin embargo haré acopio de toda mi empatía para entenderte. Pero tampoco ayuda la campaña que estás haciendo desde tu Facebook para demostrarnos que también eres buena onda y de repente nos puedes hacer el paro, porque no te creo. Te he visto más veces siendo ojete que solidario, y estoy de acuerdo en que quieras cambiar la percepción que tenemos de ti, pero tampoco somos tan ilusos.

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La poca empatía que tengo por ti me tiene sesgado, pero como dije arriba, sé que vives peor que yo, que nosotros, porque no sólo te he visto aguantar el sol, también te he visto formado en las larguísimas y eternas filas de los bancos para cobrar tu cheque, te he visto bajar de tu Tsuru Onappafa, te he visto comprar sopas maruchan en el Oxxo y cambiarte de ropa en el estacionamiento de Soriana, para convertirte en uno más de nosotros, y entrar a comprar mandado, y supongo que tus jefes te presionan y que a diario varios de nosotros te mentamos la madre, supongo que también has sufrido la pérdida de algo significativo y que la pandemia te ha pegado duro, como a todos nosotros. 

Deduzco que todo te salió mal y por eso elegiste convertirte en un tránsito, porque seamos sinceros, ningún niño aspira a convertirse en ti, en policía tal vez, porque los niños son ingenuos e inocentes, pero en tránsito nunca. Y estoy seguro de que ni siquiera ahora, que eres un pollo, logras emocionar a ningún niño. Nadie quiere ser tránsito. 

Y si es que todo te salió mal y estás frustrado por ser un tránsito, déjame decirte que yo tampoco tengo la culpa, yo también sufro del sol, yo también estoy atrapado en un sistema que me obliga a producir producir producir, pero además de todas esas adversidades que soporto contigo, también tengo que soportarte a ti. 

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