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Ojo por diente | Fernando de la Vara | @delavara

Viajar en transporte público en Terror, Coahuila, es infrahumano. En otras ocasiones también he escrito sobre el problema de movilidad que sufrimos muchísimos laguneros principalmente de mis malas experiencias de viajar entre TRC y Gómez Balazo, Durango, pero esta vez hablaré de lo que se pierde y lo que cuesta desplazarse en camión.

De entrada, el tema de los traslados en transporte público es un tema complejo que tiende más a ser señalado por su precariedad que por el buen servicio. Lo terrible es que los traslados no sólo son caros en cuanto a lo económico se refiere, sino que, más importante aún, cuestan una cantidad absurda de vida, de tiempo.

Al tiempo que dura cada viaje a bordo de un camión, hay que sumarle el tiempo de espera para que pase ese camión. En la mayoría de los casos, pareciera que ese tiempo invertido en la espera depende más del capricho de un chofer que a seguir la rutina específica de un horario. A lo que sólo puedo llegar a una conclusión: los choferes operan de formas misteriosas.

Para abonarle a la precariedad, hay que tener en cuenta el deplorable estado de la mayoría de unidades que circulan. Si no me equivoco, la última vez que hubo una renovación masiva de transporte público, fue cuando se trató de implementar el fallido pago con la horrenda tarjeta Ecobus, allá por el 2009 o 2010. 

Horrenda por diversas razones, como los pocos centros de recarga y la falla constante del sistema, pero, sobre todo, horrenda por ser impráctica y porque muchas veces los choferes, decidían dejar a los estudiantes con la mano estirada y no detenerse, porque no iban a pagar en efectivo. O de plano, cuando uno abordaba el camión, decir que no estaba prendido el aparato en donde se ponía la tarjeta. 

El fracaso de Ecobus fue tan grande, que antes de la pandemia, sólo el 1% de los estudiantes utilizaban ese sistema de pago. Recuerdo una entrevista en el radio en donde un representante de ACS Solution, empresa encargada de operar las tarjetas de recarga, decía que la ciudadanía tenía temor de usar la tarjeta, e invitaba a usarla y a denunciar a las rutas que no trajeran prendido el aparato. Como si la ciudadanía fuera la culpable del fracaso de la tarjeta y la plataforma operara correctamente. Como si la ciudadanía no estuviera dispuesta a ahorrar un poco en cada pasaje.

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Pero volviendo al tema del estado de los camiones, cada vez es más común encontrar unidades que están más cerca del yonque que de llegar a su destino. En Torreón el 80% de las unidades son modelos que no deberían seguir en circulación. Pero hay que hacer mención honorífica al transporte interestatal, los eternos rojos y verdes Torreón-Gómez-Lerdo.

Vaya forma de resistirse a la modernidad. La mayoría de camiones rojos y verdes tienen por lo menos más de 25 años circulando. Son un emblema del retraso en la región. Estas líneas operan bajo concesiones federales, por lo que el municipio no puede presionarlos para que mejoren las unidades. Situación que ejemplifica lo bien que opera el gremio transportista cuando se trata de cuidar sus intereses. No así los intereses de los usuarios.

Los traslados son cada vez más largos. He conocido personas que para ir al centro de Torreón, tienen que desplazarse por lo menos una hora en el camión. A esto, como mencioné antes, hay que sumarle el tiempo de espera. Y no es como que Torreón sea una ciudad enorme para exigir ese tiempo de movilidad.

El otro problema del transporte público, es que evidencia que los centros de trabajo y de estudio están lejos de las viviendas, y a su vez, muestra el problema de la vivienda en el centro de Torreón, en donde un importante número de edificios y casas están deshabitados y prácticamente en el abandono. En el centro muchísimas personas trabajan, estudian y acuden a hospitales o a hacer trámites municipales, y tienen que desplazarse desde el oriente, sacrificando alrededor de dos horas diarias de su vida en traslados.

Toda esta situación me hace pensar que sin tan sólo tuviéramos un transporte eficaz, barato, que conectara a los municipios de La Laguna, todo sería mejor… Si tan sólo tuviéramos un Metrobús…

(Ah, ya me vi escribiendo de las fallas del Metrobús cuando este opere, si es que algún día terminan la obra.)

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