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Por Luis Adrián Vázquez

Volatilidad, depreciación monetaria, estímulos fiscales inexistentes , política monetaria expansiva, tendencias bearish en los índices con mayor bursatilidad en el mundo, desestabilidad macroeconómica, crisis en la OPEP por la sobre oferta de barriles de petróleo, desempleo, en fin, la tormenta perfecta, aquella que predecía el célebre y polémico Allan Greenspan hace algunos meses, terminó por formarse arrasando con ella, el ritmo acelerado de crecimiento económico que veníamos viendo desde la recuperación económica luego de la debacle hipotecaria del 2008.

Como diría Hugo López-Gatell, “zapatero a tu zapato”. Es decir, no me pondré a explicar el vademécum del COVID-19, que los especialistas y científicos se encarguen de eso, sin embargo, podríamos decir que luego de vivir esta borrachera sanitaria, que dicho sea de paso aun está lejos de terminar, nos tocará enfrentar la resaca económica, esa que inevitablemente costara miles de empleos, millones de negocios formales e informales, confianza soberana, y una ardua lucha de clases que seguramente dejará endeble al grueso de la sociedad más vulnerable.

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Delimitando la crisis a nuestro país, sobra decir que el temblor económico norteamericano, causó o causará un tsunami con poder suficiente para arrasar el nulo crecimiento que ya de por si veíamos en nuestro PIB, e impactará sólidamente a las finanzas publicas ya de por sí deterioradas.

No se percibe a corto plazo un escenario alentador, y menos con esta gestión que se ha distinguido por su carente capacidad de respuesta, y que de no ser por el poco o mucho esfuerzo que el autónomo BANXICO ha realizado, la liquidez en el mercado no estaría llegando, esa que tanta falta le hace al trabajador que está viendo mermado su salario por el paro de labores productivas de grandes corporativos, que a través del endeudamiento logran cubrir solo una parte de la nómina de su materia prima mas importante: el trabajador.

El divorcio con la IP, la apuesta fehaciente a basar el crecimiento de la economía en el ingreso generado por la venta de petróleo, el capricho por mantener estable una paraestatal que está a años luz de sus años de gloria, entre otros factores , trajo como consecuencia una reducción en la calificación de la deuda soberana, dejándola en la línea de perder el grado de inversión, situación que seguramente traería como consecuencia una fuga de capitales del mercado de renta variable, buscando refugio en el dólar americano, provocando una depreciación del peso versus el dólar, por la sobredemanda de dicho activo.

El gobierno debe priorizar el gasto público, cancelar los proyectos que se antojan inservibles en tan complejo entorno (Tren Maya, Dos Bocas, Santa Lucía), incentivar fiscalmente, sin caer en un déficit fiscal tan elevado que solo pueda cubrirse con endeudamiento, pero que ayude para que el sector empresarial pueda continuar contribuyendo al crecimiento económico y a la disminución del desempleo, mantener la autonomía del banco central y no entorpecer su función de mantener el poder adquisitivo de la moneda, son acciones que deben estar en la agenda pública con carácter de urgente, de otra manera vamos que volamos a enfrentar la peor crisis económica en la historia moderna de nuestro país, OJO.

* «Esta publicación no refleja la posición o visión del portal, el o la autora se hacen responsables de sus opiniones, Red es Poder es un foro de voz libre y así será siempre».

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