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Texto por Federico Sáenz Negrete

Vivo el día y al día.

No sé si tengo salud, ni sé si resista el país que tanto quiero en el que asoman grietas tan profundas.

Mi negocio ahí está por lo pronto, ignoro por cuánto tiempo, mientras tanto me esfuerzo al límite por mantenerlo.
Gracias a la contingencia, el tiempo suspendió su dictadura y la comida alcanza para disfrutar el universo. Se conversa el sentimiento, se paladea el ingenio, se brinda por los sueños, se fragua la esperanza.
Se supone que vivimos una tragedia y se abre una rendija por donde se asoma la felicidad, la vida es una colección de hechos que aparecen con inesperada espontaneidad.
El sol acaricia el trozo de carne que mi hijo asó con cuidado y una flor de bugambilia se posa en la copa de vino de mi mujer.
Las ruidosas noticias son un rumor lejano que nuestra vocación de felicidad y nuestra fe en la vida mantienen a raya para poder respirar a plenitud.

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