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Domingo Palomero: Sons of Anarchy (Serie)

Tuve que esperar siete temporadas con trece episodios de una hora cada uno para poder llegar al termino de Sons of Anarchy y, al fin, redactarle un homenaje y una admiración y una recomendación para que todos conozcan la belleza de esta obra de arte que representa de manera exitosa la búsqueda del poder, inherente al deseo de superioridad y de fortuna.

La trama de Sons of Anarchy es sencilla, uno capta el contexto en el primer episodio porque no es la situación más complicada o el entorno más fantasioso del mundo. Vemos a Jax, Jackson Teller, hijo de John Teller y de Gemma Teller-Morrow, que se enfrenta a un mundo que él no pudo haber escogido, una realidad de la que quiere escapar pero que al mismo tiempo se ve incitado por ella y seducido, un existencia que circunda al MC (Motorcycle Club) llamado Sons Of Anarchy, un grupo de conductores de Harleys que hacen más que tomar cerveza y dar viajes largos y armar orgías porque también venden armas, patrocinan porno, auspician un burdel y venden y transportan drogas; actividades ilegales que dan lugar a situaciones salvajes: asesinatos, traiciones, explosiones, atropellos, accidentes, cortadas de miembros, quemadas de tatuajes, un montonal de golpazos, cachetazos, leñazos, guantazos, rodillazos y muchas, muchísimas, malas palabras.

En ésta existencia, el padre de Jackson, John, uno de los principales fundadores del club Sons of Anarchy, a muerto en un accidente de motocicleta que entraña muchas dudas al respecto. Con su muerte, Gemma Teller se enamora y se casa con el mejor amigo  y socio de John, Clay Morrow, un personaje sumamente impulsivo, inteligente, despiadado y ambicioso que se figura como el presidente del MC, justo arriba de Jax que es el vicepresidente. La situación se complica cuando Clay empieza a envejecer y los resquicios de la enfermedad de Parkinson ya aparecen, ésto aterra a un hombre que se rehúsa a la ancianidad y a dejar el martillo de líder todopoderoso, el miedo le hace tomar decisiones absurdas y peligrosas pero que, de alguna manera, Clay las hace sonar razonables son su invaluable manera de manipular. Todos los atrevimientos que toma cargan con consecuencias, y Sons of Anarchy se desenvuelve en torno a ellas.

Aseguro, sin dudas, que Sons of Anarchy es una bella joya de la televisión, una preciosa obra de arte, insisto, en ésta nueva genialidad de representar historias mediante series. Y es que lo digo, que es una obra de arte, porque escenifica conceptos complejos de una manera única y original, recita poemas y literatura delicados, pinta lienzos con sangre y con saliva y compone sinfonías con groserías, con sollozos y con rugidos de Harleys. Todo eso lo hace hablando de política, de poder, de anarquía, de rebeldía, de libertinaje, de sexo, de venganza, de culpa, de soberbia, lujuria, gula, avaricia, envidia, ira y pereza; y a la vez de amor, de amistad, de familia, de respeto, de bondad, de justicia, de heroísmo, de fidelidad y de literatura.

No ver Sons of Anarchy es, sin exagerar, malgastar un manjar exquisito de muchos talentos, es perderse de Charlie Hunnam madreando a Ron Perlman, que es básicamente ver cómo golpean a Will Ferrell, y de Katey Sagal madreando a Hillary Duff, y de Marilyn Manson violando a Theo Rossi. Es desaprovechar las sensualidades como Maggie Siff, Drea de Matteo y Née Dvorak, o en su caso Ryan Hurst y Charlie Hunnam y tal vez, Theo Rossi. Es, sobre todo, no disfrutar gustoso de este domingo palomero que invita a la flojedad y a ver los mejores ingenios de la televisión.

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