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Lecciones de un maratón aplicadas a la vida ciudadana

En su trigésima edición, el Maratón Lala una vez más se llevó a cabo con la participación de miles de laguneros organizados que salieron a sus banquetas a apoyar y a solidarizarse con quienes osan de recorrer más de 42 kilómetros, retando con cierta valentía al cuerpo humano y a la resistencia del mismo.

Bien dicen que la lucha social, como los maratones, no consiste en ganar o en ser el más rápido, sino en aguantar, superar obstáculos y no flaquear para poder llegar a la meta. Las semejanzas que tiene esta fiesta atlética con la vida política de la región son muchas. Los ciudadanos, ante situaciones de adversidad y solidaridad, siempre salen a las calles a dar una mano, a regalar fruta o simplemente a animar con sendos aplausos y gritos estremecedores. En la política y en la vida social, cuando sucede una tragedia como los terremotos, inundaciones o cuando la indignación por actos de corrupción desbordan a la opinión pública, la gente se solidariza para organizarse buscando una solución ejecutando planes de presión social que obliguen a quien toma las decisiones a que escuche la voz del pueblo.

El Maratón, que es clasificatorio para el de Boston y que está avalado por la Federación Mexicana de Asociaciones de Atletismo, la Asociación Internacional de Federaciones Atléticas y la Asociación Internacional de Maratones y Carreras de Distancia, se ha llevado a cabo en treinta ediciones de manera ininterrumpida. Los hoteles de la región, cuando se acerca el primer domingo de marzo, se atiborran de corredores mientras que la región se maquilla para ocultar algunas de sus múltiples carencias.

Aunque esta competencia está organizada por una de las empresas lecheras más poderosas del continente y por ende más influyentes en la vida política de la región y del país, esto no quiere decir que un buen grupo de ciudadanos, a pesar de que no tengan ese nivel de influencia, puedan llegar a construir una cofradía social que involucre a todos los sectores de la sociedad para buscar mejores condiciones de vida para todos.

Para correr 42 kilómetros y 195 metros es necesario entrenar al menos un año antes. Someter el cuerpo a tres, cuatro, cinco o hasta seis horas de esfuerzo físico aeróbico constantes es un reto que no cualquiera puede enfrentar si no aplica estrictos métodos definidos con una milimétrica y constante disciplina.

Muchas personas toman al maratón como un reto de vida, como una oportunidad para demostrase a sí mismos que pueden lograr cualquier cosa. Hay quienes deciden tomar el reto en su cumpleaños número 50, hay otros que aman la competencia y el maratón es la única posibilidad que tienen de participar en un evento avalado por las federaciones atléticas de todo el mundo.

¿Será más difícil terminar un maratón que consolidar un Sistema Estatal Anticorrupción independiente y confiable? ¿Será más complicado terminar un maratón que consolidar un sistema educativo eficaz y eficiente para que los próximos ciudadanos estén mejor preparados? ¿Será más complicado dejar de tirar basura en las calles que correr durante más de tres o cuatro horas? ¿Será más complicado conocer nuestros derechos que entrenar todos los días durante muchos meses para poder terminar la competencia de resistencia más demandante que existe? ¿Si un ciudadano, con sus propios medios, puede organizarse y puede acostumbrar a su cuerpo a tan tremenda prueba, podrá ser más exigente con los servidores públicos para que éstos hagan su trabajo como lo dicta la ley? ¿Si una persona tiene la capacidad de disciplinarse y ser constante para terminar un maratón, podrá seguir las reglas y normas impuestas por la sociedad para no caer en vicios de corrupción?

Sin duda, haciendo una profunda reflexión, es más complicado, en algunos aspectos, terminar un maratón, que mejorar como ciudadanos. La ciudad, la región, el estado y todo el país necesita gente disciplinada, comprometida, constante y entregada como los maratonistas que hoy recorrieron las ciudades de Torreón, Gómez y Lerdo.

La deshidratación, los calambres, el esfuerzo, los treinta grados de temperatura y el cansancio no fueron obstáculos suficientes para todos aquellos que pararon su cronómetro al cruzar la línea final en el Bosque Venustiano Carranza. Todos, sin excepción, demostraron que cuando se quiere se puede y que cuando la voluntad está por encima de la apatía, cualquier cosa es posible.

Por cierto, los ganadores de esta edición, como sucedió también el año pasado, fueron, en la rama varonil, Daniel Ortiz Pérez,  mientras que por la competencia femenil fue su esposa, Isabel Vélez, demostrando así, que si un sueño es colectivo, es menos complicado poder llegar a conseguirlo.

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