Portada Reportaje
Image default
Domingo Palomero Entretenimiento

Domingo Palomero: Me estás matando, Susana

La literatura y el cine son compañeros que siempre se han tomado de la mano. Una buena película no existiría sin un buen escritor y un buen escritor es capaz de realizar una buena película. La cercanía entre estas dos artes es deslumbrante; se respiran, gimen, se babean, se tocan, rozan sus pieles y sus sensaciones, se gritan, se insultan, se aman y enloquecen.

En este caso, Me estás matando, Susana, es una adaptación de la novela de José Agustín llamada Ciudades Desiertas, libro que ya he recomendado en este espacio y que es de obligatoria lectura para todos aquellos interesados en la literatura mexicana.

La película es simpática, agradable y palomera. Cumple con la rudimentaria función de entretener y dejar satisfecho al público que no es exigente y que no leyó la novela. Sería ingenuo pensar que la adaptación sería muy cercana al libro, vivimos en épocas diferentes y por cuestiones mercadológicas y de empatía, era necesario hacer una historia en nuestro tiempo respetando la naturaleza de la novela de José Agustín.

Gael García, en el papel de Eligio, no me pareció ideal, no porque haya actuado mal o no haya generado alguna emoción en mí, sino porque no tiene nada de Eligio; ni es naco, ni es feo, ni es macho, ni tiene pinta de violento. Además, en la novela, Eligio era un hombre que pregonaba un amor enfermizo por Susana; absorbente, posesivo, rudimentario, celoso pero jamás abierto ni mujeriego ni descarado. Ése fue uno de los cambios de la película, para acentuar su actitud machista, decidieron reconstruir el personaje, haciéndolo polígamo, indiferente y cínico ante las infidelidades que le hace a Susana.

Se pueden señalar detalles mínimos como que el polaco no es albino y se parece más bien a una versión atlética y corpulenta de Jesucristo.

Sin duda, en la novela, Susana es la protagonista, es por quien la historia nace y es a quien se dirige el desenlace. Ella representa la liberación femenina, el despojo de la temible asfixia y posesión que el macho mexicano ejerce sobre su pareja. A ella no le importó nada, se fue y quiso vivir su sueño y mangonear a su antojo a Eligio quien, por cierto, siempre deseó que ella le dijera que lo quería.

En la película, el protagonismo se lo lleva Gael, su imagen y su fama fueron y son el ancla para que el público entrara a las salas de cine. Su trayectoria y su popularidad ayudaron a que durara en cartelera más de 15 días, eso fue un acierto desde el punto de vista comercial.

Desgraciadamente creo que la película quedará recordada como otra comedia mexicana más. Bien narrada, con buena fotografía, con momentos dramáticos y otros muy chistosos, pero jamás podrá ser una representación que se ajuste a lo que Ciudades Desiertas logró en los lectores de su época y en quienes la leímos en tiempos recientes.

Como punto adicional, uno de las partes más simpáticas e inolvidables de la novela, es la visión anti yankee que Eligio posee. Su odio hacia los Estados Unidos es representado con célebres frases, insultos y anécdotas que explotan las costillas por tanta risa. En la película, salvo alguna pequeña excepción, jamás se abordó este tema de manera amplia. La comedia se centró en los corajes que hacía Eligio por Susana, y no en la misma Susana y el contexto  norteamericano en el que flota la historia.

Al final, la película no rebasó mis expectativas, ni las de quienes leímos el libro, pero sin duda verla será un  motivación para animarse a tomar Ciudades Desiertas y devorar sus páginas gracias a la maestría y al humor ácido y negro de José Agustín, quien es y será recordado por ser un prócer de la literatura mexicana.

 

 

Cargando....