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¡Aguas! Ser (buen) periodista en México te puede quitar la vida

Aurelio Cabrera Campos ha sido la última víctima de las estadísticas en uno de los países más reprimidos del mundo. El señor Cabrera era el director y fundador de la revista El Gráfico de la Sierra Norte en la ciudad de Xicotepec, en Puebla. Lo mataron a balazos hace una semana el 14 de septiembre en un viaje a Huauchinango, también en Puebla. Murió en el hospital al día siguiente del ataque.

Apenas en septiembre y ya van ocho periodistas muertos éste año según el Comité de Protección a Periodistas (CPJ por las siglas en inglés). ¡Ocho! Y desde 1992 son treinta y siete los que han puerto a manos de la mentira, de la hipocresía y del miedo al castigo que los impunes merecen. Las estadísticas muestran un aumento considerable a partir del año dos mil cuatro de acuerdo al Comité mencionado.

También de acuerdo al CPJ, el 30% de éstos periodistas estaban cubriendo temas de corrupción, el 76% temas de crimen, el 14% de cultura, el 24% de política y el 3% de deportes. O sea que, al menos el 83% de las víctimas estaban llevando a cabo investigaciones que involucran a las clases sociales más altas y con más influencia de México.

No hace mucho, seis días antes del asesinato de Aurelio Cabrera, había sido el día del periodista. En Redes de Poder, que somos una institución que apenas va naciendo, nos dimos los abrazos correspondientes y las felicitaciones más gratas: deseándonos lo mejor. Lo mismo sucedía, seguramente, en periódicos y sitios que comparten noticias y que opinan sobre los sucesos importantes del mundo. Y mientras todos nosotros celebrábamos la conmemoración, otros planeaban el asesinato de Aurelio Cabrera Campos, quien a ese tiempo se encargaba de reportar los asesinatos en la región y los movimientos de la política local.

Seguramente Aurelio se adentró mucho al tema y tocó las fibras más delicadas de la red de muertes, crimen y de hilos políticos. Seguramente alguien del alto mando criminalístico se hartó de su habilidad para reportar las desgracias y ordenó, ya de mala gana, que le tronaran la curiosidad a balazos.

Ser periodista es una tarea muy difícil cuando las mejores notas a contar son las que despiertan al pueblo y las que te arriesgan el cuello. En Tehuacán buscan justicia por el periodista de El Gráfico de la Sierra Norte, pancartas enormes con frases como «no se mata la verdad matando periodistas» y «ninguna pluma es pequeña» y «no somos delincuentes, somos periodistas», se juntaron en el Palacio Municipal buscando que ni un periodista más muera en vano y de forma tan brutal. También pedían que el caso de Cabrera fuera transparente por medio de la PGR de modo que se llegara a la realidad de lo que pasó y que al culpable se le diera la pena que merece.

Pienso, negativamente, que el caso va a ser mareado por toda la burocracia necesaria pero sin ser realmente investigado. Y cuando el pueblo exija una respuesta, por allí saldrá un culpable pagado, un conejillo de indias que se vea malandrín y lo echarán a la cárcel unos cuantos lustros. A él no le importará porque seguro le darán una remuneración importante y un buen cuidado dentro del reclusorio. Lo triste es que ahí quedaran las verdades y las mentiras y las ofensas a la humanidad.

Escribir periodismo serio es ir escribiendo tu testamento, es escribir tus memorias, tus recuerdos, es disculparte con quienes dañaste y es dejar lo que se pueda al mundo antes de partir. Hacer periodismo serio es empezar un cuenta gotas para que al final del conteo llegue la Catrina y te lleve en sus brazos de plomo; es meterte hasta el cuello de amenazas y de injurios y de lo más oscuro que pueda haber en este país que de poco a poco se está olvidando de lo que es vivir en paz.

Mi petición para el público de Redes es que no dejen que las pruebas rescatadas por los periodistas desde el mismísimo Averno se ahoguen en el mar de mentiras que el gobierno y las mafias arman con tal de sosegar los reportajes graves de algunos periodistas que comprenden el futuro de México. Dar a conocer la verdad es darle al pueblo la llave de la libertad y le toca al pueblo tomar esa llave y resguardarla hasta que esté a salvo.

Fuentes:

The Guardian

La Jornada de Oriente

Comitee to Protect Journalist

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