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AMLO toma protesta como Presidente de México

En el Congreso de la Unión, frente a los diputados, senadores, miembros del gabinete e invitados especiales, Andrés Manuel López Obrador tomó posesión como nuevo Presidente de México.

El evento protocolario en donde se entregó la banda presidencial se llevó a cabo sin contratiempos ni manifestaciones de rechazo. El ahora ex presidente, Enrique Peña Nieto, cedió la insignia a Porfirio Muñoz Ledo, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, quien, a su vez, otorgó el símbolo al nuevo mandatario mexicano.

Dentro de sus propuestas, el político tabasqueño insistió que terminará con el régimen neoliberal que ha empobrecido al pueblo y corrompido a las instituciones. Prometió un gobierno austero, que no perseguirá, desde la presidencia, a los políticos corruptos, pero que no permitirá los fenómenos de corrupción que se estén planeando para el futuro.

Aquí  un fragmento del discurso del nuevo Presidente mexicano:

«La ineficiencia del modelo económico neoliberal; basta decir que ni siquiera ha dado resultados cuantitativos. Durante 40 años la economía de México creció a una tasa promedio anual del 5 por ciento y durante ese mismo periodo, en dos sexenios consecutivos, de 1958 a 1970, la economía del país no sólo creció al seis por ciento anual, sino que este avance se obtuvo sin inflación y sin incremento de deuda pública. 

Durante el periodo neoliberal, de 1983 a la fecha, la economía ha crecido en dos por ciento anual. Se ha empobrecido a la mayoría de la población hasta llevarla a buscarse la vida en la informalidad y a migrar masivamente de territorio nacional o a tomar el camino de las conductas antisociales. 

La política económica neoliberal ha sido un desastre, una calamidad para la vida pública del país. La reforma energética, que nos dijeron, vendrían a salvarnos. Ha significado la caída del petroleo y el aumento en los precios de la gasolina, el diesel, el gas y la electricidad. Cuando se aprobó hace cuatro años, se afirmó que se iba a conseguir inversión extranjera a raudales. ¿El resultado? Apenas llegaron 760 millones de dólares, lo que únicamente representa el 1.9% de la inversión realizada por PEMEX en el mismo periodo.

La realidad es que sólo estamos extrayendo un millón 363 mil barriles diarios, es decir, 43% menos que lo estimado, y sigue a la baja.

Somos el país petrolero que más gasolinas importa en el mundo. Ahora ya estamos comprando petróleo crudo para abastecer a las únicas seis refinerías que sobreviven.

De México, es originario el maíz y somos la nación que más importa maíz en el mundo. Antes del neoliberalismo, producíamos y éramos autosuficientes en gasolinas, diesel, gas, energía eléctrica. Ahora compramos más de la mitad de lo que consumimos. El poder adquisitivo del salario mínimo se ha deteriorado en 60% y los salarios de los mexicanos son de los más bajos del planeta.

Somos el segundo país del mundo con mayor migración. En violencia, estamos en los primeros lugares del mundo. Según transparencia internacional, ocupamos el lugar 135 en comparación con 177 países evaluados en corrupción. Pasamos a ese sitio luego de estar en el lugar 59 en el año 2000.

El distintivo del neoliberalismo es la corrupción, suena fuerte, pero la privatización ha sido en México, sinónimo de corrupción. Lo sucedido durante el periodo neoliberal no tiene precedente, en estos tiempos, el sistema ha operado para la corrupción. 

De lo que pudiera suponerse, esta nueva etapa la vamos a iniciar sin perseguir a nadie, porque no apostamos al circo y a la simulación. Queremos regenerar de verdad la vida pública de México. Además, siendo honestos, como lo somos, si abrimos expedientes, dejaríamos de limitarnos a buscar chivos expiatorios y tendríamos que empezar con los de mero arriba, tanto del sector público como del sector privado. No habría juzgados ni cárceles suficientes. Meteríamos al país en una dinámica de fractura, conflicto y confrontación y ello nos llevaría a consumir tiempo, energía y recursos que necesitamos para emprender la regeneración verdadera y radical de la vida pública de México, la construcción de una nueva patria y la pacificación del país. 

Lo fundamental es evitar los delitos del porvenir. Propongo al pueblo de México que pongamos un punto final a esta horrible historia y volver a empezar. En otras palabras, que las autoridades encargadas, desahoguen en libertad, los asuntos pendientes.

(Los 43 de Ayotzinapa)

Hoy se constituye una comisión de la verdad para castigar los abusos de autoridad, para atender el caso de los jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa, que se castiguen a los que resulten responsables pero que la presidencia se abstenga de solicitar investigaciones en contra de los que han ocupado cargos públicos. Desde mi punto de vista, es más severa y eficaz la condena al régimen neoliberal, que someter a juicios sumarios a sus personeros, quienes, a final de cuentas, no dejan de ser menores ante la esperanza del pueblo.

La ciudadanía tendrá la última palabra porque todos estos asuntos se van a consultar.

Me comprometo a no robar y a no permitir que nadie se aproveche de su posición para sustraer medios al amparo del poder público. Esto aplica para amigos, para compañeros de lucha y familiares. Dejo en claro que, si mis seres queridos cometen algún delito, deberán ser juzgados como cualquier otro ciudadano. 

Como persona, he promovido desde años la reforma al artículo 108 de la constitución para eliminar los fueros de los altos servidores públicos. 

Un buen juez, por la casa empieza, pondremos orden en la cúpula del poder porque la corrupción se práctica desde lo alto hacia los niveles inferiores. 

El otro distintivo del nuevo gobierno serpa la separación del poder económico del poder político. El gobierno ya no será un simple facilitador para el saqueo, como ha venido sucediendo. El gobierno no va a ser un comité al servicio de una minoría rapaz. Representará a ricos y pobres. Creyentes y libres pensadores y a todas las mexicanas y mexicanos, al margen de ideologías, orientación sexual, cultura, origen, nivel educativo o posición socioeconómica. Habrá un auténtico Estado de derecho. Al margen de la ley nada y por encima de la ley nadie.»

 

 

 

 

 

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