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Lo cotidiano

Candidaturas independientes: ¿Un camino viable y transparente?

El proceso de elección para candidatos en el estado de Coahuila está más intenso que nunca. La marea de declaraciones y de vituperios en contra de la administración actual son el discurso más frecuente de quienes están construyendo una oposición que logre derrumbar el moreirato que ha gobernado durante once años.

En Coahuila la alternancia nunca ha sido opción, el arraigo del partido oficial es y ha sido como una enfermedad crónica y corrosiva que ha malformado y destruido el ímpetu por generar un entorno saludable y prometedor para sus habitantes.

Nuevo León, por ejemplo, gracias al hartazgo de la ciudadanía, le dio la gubernatura a Jaime Rodríguez, mejor conocido como “El Bronco”, éste, fue militante del PRI durante décadas y decidió renunciar al partido para buscar lo que finalmente encontró: la gubernatura.

¿El Bronco realmente fue independiente? ¿Acaso no fue una artimaña política para conservar el poder del partido que siempre lo cobijó? ¿Una candidatura independiente debería emerger de un ciudadano ajeno al sistema político del país?

El día de ayer, en la ciudad de Torreón, en conferencia de prensa, Javier Guerrero renunció al partido tricolor para lanzarse por la vía libre hacia la contienda para gobernar el estado. El método, como tal, fue muy parecido al que utilizó el Bronco en Nuevo León. ¿Realmente funciona? ¿Es la independencia una vía alterna para lograr administraciones públicas exitosas?

Otro ejemplo más tangible y real de independencia es el de Pedro Kumamoto, diputado local que logró su puesto gracias a un movimiento de jóvenes que, mediante la recaudación de firmas, promoción en redes y trabajo de campo, lograron la victoria. ¿Es Kumamoto el ejemplo que podría trascender dentro de las candidaturas independientes? ¿Acaso no es necesaria una estructura que ayude a consolidar proyectos ambiciosos que reformen un tejido cada vez más podrido y olvidado?

La independencia es una alternativa atractiva y conmovedora para todos los ciudadanos que ya no confían en los modos y formas de los partidos políticos. En México se comienzan a vivir procesos en los que, si el partido en cuestión no apoya, se decide ir por la vía independiente para tratar de lograr la victoria.

Por otra parte, existen polémicas que aseguran la poca viabilidad de los que deciden irse por el camino independiente; la falta de estructura que los soporta, la oposición mayoritaria en los congresos y la poca transparencia en el proceso de inscripción y recolección de firmas son elementos que se deben tomar en cuenta y que ponen en duda el éxito de la aventura.

Javier Guerrero, que es el último caso de destape independentista, es un militante que por décadas ha ejercido diversos puestos públicos. ¿El último? Una diputación federal plurinominal por el PRI. ¿Será su destape un esfuerzo por querer contender por la gubernatura dada la obvia elección de candidato del PRI para la contienda del año entrante? ¿Qué tan independientes son, entonces, personajes como el Bronco y Guerrero si sus militancias fueron por décadas y, gracias a ellas, construyeron un capital político que les permitió desprenderse de sus mentores?

En una verdadera democracia, la independencia no debería ser una medida de desahogo, sino una opción real para tratar de mejorar el entorno de todos. El sistema en México funciona a la par de las estructuras políticas, éstas deciden quién va y quién se queda en su casa con la frustración amarrada a la garganta.

Sin duda, esfuerzos independientes como los de Kumamoto, exitosos o no, son el ejemplo que desde la ciudadanía pueden emerger individuos que busquen trascender a través de un sistema repleto de trabucos que imposibilitan la apertura democrática.

Los casos de Jaime Rodríguez y de Javier Guerrero son diferentes. Ellos son políticos de la vieja guardia que no son apoyados por sus partidos y en una acción motivada por el hambre de poder y trascendencia, buscaron, avalados e impulsados por empresarios y capitales políticos antes construidos y trabajados, derrocar al mismo partido que defendieron y militaron durante décadas.

¿Es la independencia, en este país, una opción viable de cambio? Depende de dónde provenga, si el esfuerzo proviene de un movimiento ciudadano totalmente ajeno a alguna militancia, entonces sería una muestra de que la democracia se está desarrollando pero, si nace de ex militantes, sólo es un disfraz que no revoluciona lo que todos los mexicanos siempre han necesitado: libertad.

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