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China y el orwelliano crédito social

De acuerdo al Centro Nacional de Información de Crédito Público de China, durante el 2018 se impidió que 17.5 millones de boletos de avión fuesen comprados por personas cuyo «crédito social» era insuficiente, así como 5 millones de ciudadanos que no pudieron adquirir un boleto de tren (el medio de transporte más utilizado en el país asiático) por la misma razón.

El “crédito social” chino es un sistema de puntaje ciudadano basado en la confiabilidad, planteando así una sociedad basada en calificaciones personales derivadas de las acciones que se tienen frente al gobierno y la misma sociedad. El sistema ha estado en pruebas desde 2014, aunque se presentó oficialmente en 2017 y se espera que para 2020 cubra la totalidad del país.

Aunque la mayor parte de su población está de acuerdo con este sistema, diversas organizaciones internacionales de derechos humanos advierten de las violaciones a la privacidad y libertad individuales ya que que el uso de este sistema puede llevar a que las personas sean inscritas en una lista negra gubernamental sin su conocimiento.

¿Cómo funciona el Crédito Social Chino?

Similar a lo que ocurre en el episodio Nosedive de la serie de Netflix, Black Mirror, el sistema conecta todas las calificaciones crediticias, financieras, sociales, políticas y legales de cada uno de sus ciudadanos. Con esto se crea un gran puntaje de confiabilidad social, el cual ayuda a delimitar, e informar, el nivel de confianza que posee una persona.

El crédito, también llamado “Crédito Sésamo” porque la compañía tecnológica Sesame fue una de las primeras en implementarlo, determina la puntuación de cada persona de acuerdo a una serie de factores, los cuales pasan por un algoritmo que determina el tipo de persona que está solicitando el crédito.

Entre la información que se recolecta están las multas de tránsito, el pago puntual de impuestos, quienes hayan difundido información falsa sobre terrorismo o hayan causado problemas ya sea en vías públicas o medios de transporte, y el tipo de compras que hace habitualmente, ya sea en línea o de forma física.

Con toda esta información, el sistema podrá decir si se trata de un ciudadano inactivo en caso de que sólo compre videojuegos, o si se trata de un padre de familia responsable si en sus compras sobresalen los pañales y la comida para bebés.

Asimismo, el puntaje también puede bajar por otro tipo de acciones más triviales como pasear un perro sin correa, estacionar una bici sobre un paso peatonal, fumar en lugares prohibidos, expresarse mal del gobierno, e incluso emitir disculpas que se consideren «poco sinceras».

Entre las sanciones se encuentra el no ser considerado para un cargo público, perder acceso a la seguridad social, ser revisado a fondo en la aduana china, ser excluido de puestos de alto nivel en diversas compañías públicas y privadas, no tener acceso a una cama en trenes nocturnos, ser excluido de hoteles y restaurantes, ser rechazado por las agencias de viajes, no podrán ingresar a sus hijos a escuelas privadas más caras, no poder usar trenes ni aviones, y/o no poder salir del país.

El control social masivo y la hipervigilancia con alta tecnología no son algo nuevo en el gigante de Asia. Prueba de ello son sus policías con gafas con reconocimiento facial, chips RFID en todos los autos, más de 20 millones de cámaras con inteligencia artificial y una aplicación de vigilancia para los smartphones de los ciudadanos, entre otras cosas.

China cuenta con un estricto control de internet que también ha servido como medida proteccionista para que el país desarrolle sus propias compañías tecnológicas, como Baidu (el equivalente de Google).

Para muchos de nosotros en México, la realidad china puede parecer un escenario irrealizable, tanto por el atraso tecnológico como por nuestra realidad social.

Sin embargo, habría que preguntarnos si gracias a los likes, retuits, favs, posts, estados, etc., y a nuestras crecientes y obsesivas necesidades de aprobación y popularidad a través de la vida virtual, los occidentales no estaremos ya condicionados mentalmente para, algún día, vivir en carne propia la novela de George Orwell…

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