Portada Reportajeinvestigación deuda, influencias y gastos sobre secretaría de inversión público productiva de Miguel Riquelme
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En la política mexicana existe un fenómeno que es sustancialmente fascinante para mí y quise darme el tiempo para examinarlo a fondo, o al menos rasgar el interés por entender a esta especie política. Quisiera que escribir sobre ello sea algo innovador porque este tipo de anomalía en la vida diplomática resalta y da para muchas cuestiones cautivadoras. Hablo de lo que son los Juniors partidistas. Es decir, jóvenes adultos de entre veinte y treinta años que han decidido dar sus energías hacia un partido político que les sustente sus metas y sus propósitos existenciales.

Un Junior partidista nace en el instante que dice que sí, o que estrecha alguna mano dádiva que le promete el cielo, la tierra y el poder; dice que sí y luego, casi al momento, se pone la camiseta roja o azul o café y sale a engatusar a los más distraídos para que promulguen la palabra de su partido.

Toman las armas también, aunque sean verbales, y defienden a diestra y a siniestra la entidad que les ha dado todas las ventajas de presumir algunos seguidores. Enfrentarse a ellos en un duelo de principios suele ser, casi siempre, un tornado de frases bien estructuradas y practicadas para fungir como respuesta al debate, quiero decir que el verdadero Junior partidista es un ser inteligente que no avienta bocanadas inadvertidas sin sentido, para no dañar la reputación de nadie y tener cuidado con qué terreno está pisando. Busca siempre lucir un estandarte bondadoso que apremie a «los más necesitados» y bajo esta bandera abusan en nombre de ellos con supuesto cariño para lucir la idea sobrepuesta de que su trabajo lo hacen en bien del pueblo.

Es probable que todo torreonense haya tenido ya contacto con alguno de estos fenómenos políticos, y si lees esto y no puedes pensar en quién sea, quizá podrías encontrarlo en el espejo. La pregunta importante quizá sea: ¿por qué? O sea, por qué hacerlo, ¿qué tiene de bueno pretender que una postura política vil es afable para la gente?

Me parece que Juárez fue el que dijo que malditos aquellos que con palabras defienden al pueblo pero con sus hechos lo traicionan. Quizá refiriéndose a sus contemporáneos Porfirio Díaz o Victoriano Huerta o López de Santa Anna quienes cedieron a los brazos rugosos de la corrupción y el exceso de poder. Hablar y prometer arcoíris y utopías es la herramienta más explotada de los Juniors que doblan las manos para defender a los mayores dentro de su partido.

¿Entonces es el poder lo que buscan? ¿O es el dinero? Como sea, ambos son estímulos positivos altamente preponderantes en la sociedad actual, esos dos y el sexo quizá serían la triada perfecta de lo que busca el humano de hoy. Skinner insistió en que el humano estaba mal educado, que las escuelas gastaban más tiempo tratando de disciplinar al estudiante a que estudie que realmente enseñándole algo, instruyó en que el autocontrol en general debería ser fundamental desde edades tempranas en la educación para que después las tentaciones primitivas no se apoderen de la conducta individual y social. ¿Será, pues, que la remuneración primitiva obtenida cuando se baja el rostro y cuando se entregan los principios al más adinerado se antepone a la razón y al verdadero bien común?

No tengo duda de que el Junior partidista idolatre e idealice a su mesías gobernador, diputado, alcalde o presidente, a lo menos, no tengo duda de que así fuera al principio, es muy probable que el Junior partidista nació de una buena aspiración. La cosa es cuando esa aspiración se vuelve una mentira y deja lugar al tenebroso propósito de corromperse.

Tener en cuenta esta especie no tan reluciente de la política es importante, los Juniors son la yesca de las elecciones, a pesar de ser también los conejillos de indias de los mandatarios o de los que sí están acomodados, conejillos de indias y además carne de cañón en caso de que algo salga mal. Además son importantes porque siempre alguno de ellos sobrevive y termina obteniendo el premio final, un puesto valioso que le permita trascender de Junior a apoderado. Ya ahí le toca seducir a la nueva generación y mantener la tradición Junior partidista intacta.

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