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El prejuicio y la homofobia desde el Congreso de Coahuila

¿Por qué titular esta editorial con dos palabras que, al parecer, son tan disímiles como dependientes de sí mismas? Porque en pleno siglo XXI, en una de las entidades pioneras en la inclusión de la comunidad homosexual en la sociedad, Fernando Izaguirre, diputado local por el Distrito IX de Torreón, abanderado por el Partido Acción Nacional, dijo lo siguiente al terminar una sesión de la diputación permanente:

“Un homosexual, y no tengo nada contra los homosexuales, un homosexual tiene un problema psicológico, un transexual tiene un problema psicológico, un hombre maduro de 56 años que se cree una niña de 6 años por supuesto que tiene un problema psicológico, no podemos ver como normal, algo anormal”.

Las declaraciones de Izaguirre Valdés, merecen un análisis desde dos perspectivas; el primero, desde la visión legal, y el segundo desde el ángulo social.

El 12 de marzo del 2014, el diputado Samuel Acevedo, del Partido Social Demócrata de Coahuila, presentó una iniciativa para legalizar el matrimonio igualitario en toda la entidad. Meses después, durante el segundo periodo ordinario de sesiones, la propuesta se aprobó y se volvió ley.

Dentro de esa misma reforma, también se aprobó el derecho a adoptar a las parejas conformadas por personas del mismo sexo.

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En ambos casos, Coahuila fue pionero en todo el país. Años después, el 13 de noviembre del 2018, el Congreso local aprobó el cambio de identidad de género, es decir, que una persona, si así lo desea, pueda modificar sus documentos oficiales tales como actas de nacimiento o credencial de elector, entre otros.

A pesar de toda esta legislación, al diputado Fernando Izaguirre le pareció una idea acertada etiquetar como “anormales” a las personas que, incluso, ya tienen los mismos derechos que cualquier ciudadano desde hace más de cinco años en toda la entidad.

Al diputado se le olvida que posiblemente algunas de las personas que votaron por él para que lograra una plaza en el Congreso son homosexuales, al diputado se le olvidó que, hoy en día y más que nunca, los discursos y los pronunciamientos públicos desde una posición de representación popular deben llamar a la unión, a la inclusión y al pleno respeto a la diversidad y a los derechos humanos.

A Fernando Izaguirre se le olvidó que, quienes lo pusieron ahí, continúan esperando resultados en materia legislativa, pero también en las obligaciones de fiscalización y representatividad que, por ley, tiene cada diputado.

Ni en Coahuila, ni en México, ni en ninguna parte del mundo se deberían tomar como “normales” señalamientos que excluyen, denigran, menosprecian y denostan a una persona sólo porque piensa, se viste o actúa diferente a lo que la construcción social etiqueta como “normal”.

Un ejemplo que podría ser afín a las declaraciones de Izaguirre, sucedió a finales del año pasado en Nuevo León, cuando los diputados locales aprobaron una reforma a la Ley Estatal de Salud que permite a los prestadores de servicios de salud puedan negarse a dar atención con base en creencias, por ejemplo, negarse a atender a migrantes, pacientes con VIH o a miembros de la comunidad LGBTTI+.

En 1990, la Organización Mundial de la Salud quitó a la homosexualidad la condición de trastorno mental, pero incluso años más atrás, en 1974, la Asociación Americana de Psiquiatría tomó la misma determinación, ¿por qué llegan a una posición de poder personas que etiquetan a los ciudadanos que no comparten la misma ideología o forma de pensar?

Vivimos en un estado que, para ciertos temas relacionados con la corrupción y las graves violaciones a los derechos humanos, a los ciudadanos nos ha faltado unión, capacidad de asombro y empatía, por tanto, el atento llamado a Izaguirre Valdés es que se comprometa con cumplir las tres funciones preponderantes de un diputado; legislar, fiscalizar y, sobre todo, representar. Sí, representar, a todos y a todas sin importar ideología, religión, sexo, vestimenta o preferencia sexual; representar sin prejuicios y sin cantos homofóbicos que llaman al odio y a la polarización.

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