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La herencia de Riquelme

El alcalde con licencia, Miguel Ángel Riquelme Solís, llegó con más dudas que certezas. Si se contaran sólo los votos que recibió su partido, no habría ganado la oportunidad para ser el alcalde de Torreón. Recibió una ciudad en ruinas gracias a la terrible administración de Eduardo Olmos Castro, quien nunca tuvo la inteligencia ni la pericia ni la visión para liderar a la ciudad. Quienes le conocen, argumentan que arribó con buenas intenciones, que tenía ganas de trabajar y de mejorar un entorno por demás sombrío y desolador.

La pasada semana decidió solicitar licencia para pujar por la candidatura de su partido al gobierno del estado. El fastuoso evento realizado en el Teatro Nazas, cerró con broche de oro y, hasta de manera poética, lo que fue su accionar en este tiempo: ostentoso, fuera de proporción, lleno de ocurrencias, repleto de datos inciertos y, en algún punto, mentirosos.  Decidió poner en marcha todas las grandes obras y, terminar otras, antes de solicitar su licencia para dar a entender que sí cumplió los plazos que había prometido.

Riquelme ha gozado del apoyo total y absoluto del gobernador porque Saltillo, que fuera el bastión priista por excelencia, actualmente lo gobierna la oposición.

La mancha que Rubén y su familia ha dejado en las raíces del estado, también ha destruido la imagen de Riquelme. La relación tan estrecha que tiene con él, genera un entorno de desconfianza nunca antes visto en las percepciones políticas del estado.

¿Con qué se va Riquelme? ¿Cuál es su herencia?

Riquelme fue un alcalde con poca apertura y con nula transparencia. Fueron escasas y casi inexistentes las entrevistas que dio a medios que no estuviesen aliados con su administración, nunca recibió a organizaciones de derechos humanos que requerían de su apoyo para resolver distintas situaciones. Sin duda, fue el alcalde de las excusas, del pretexto y de la evasión.

Hubo obras que obtuvieron la atención mediática por mucho tiempo. El Paseo Morelos, por ejemplo, es un corredor comercial y turístico que se tardó más de dos años en ser construido y fue inaugurado con premura para que pudiera darse como cumplido durante el informe de la semana pasada.

La línea verde, a pesar de ser una buena idea para recuperar los espacios públicos, perjudicó a las colonias aledañas absorbiendo gran parte del poco suministro de agua que tienen por aquellos lares.

El Metrobús es un proyecto que él ha marcado como estrella y como bien planeado a pesar de que los concesionarios han sido desplazados por la intransigencia de un alcalde y un comité apresurado por los tiempos políticos que vive el estado.

El Complejo de la Jabonera es, al igual que la línea verde, un proyecto interesante, pero no resolvió de ninguna manera la escasez y la precariedad de servicios públicos y  temas de seguridad que sufren en el poniente de la ciudad desde hace muchos años.

El alumbrado de la ciudad con luces LED sin duda puede parecer una buena inversión, pero cuando se destapó el escándalo sobre el costo real de las lámparas y lo que invirtió el municipio, se levantaron muchas dudas y se derrumbó una obra que pudo haber sido presumible al culminar su administración.

La inversión de empresas extranjeras sin duda es un tema que el alcalde con licencia ha utilizado para afianzar su imagen. Es cierto que Torreón tenía más de una década sin inversión pero, ¿A costa de qué? Los salarios, de manera gruesa, son bajos. Torreón se ha detonado y, el país en general, como una nación y una comunidad manufacturera, que cobra poco y hace mucho.

Además, dentro del gasto corriente del municipio que todos pueden ubicar en el portal de transparencia, se destinan casi dos millones de pesos al mes en estancias en Montebello para los jerarcas de empresas como Yura.

Dentro de esta despedida y, haciendo el recuento de los daños, hay que recordar un par de escándalos en los que fue envuelto el alcalde Riquelme.

En Redes de Poder publicamos una nota sobre la ostentosa fiesta de cumpleaños que organizó en el Parque España. En dicho lugar, estuvieron presentes personajes como el gobernador, diputados, alcaldes, empresarios, familia y amigos. Fue tan grande y generoso el evento, que hasta la proveedora de piñatas de la ciudad no pudo aguantar las ganas y lo presumió en redes sociales, dejando mal parado a un alcalde que trataba de manejar una imagen humilde y sencilla.

Otro escándalo del edil lagunero fue el de su casa. Quizá, por haber corrido como un rumor y por diversos blogs independientes de la región, no se le tomó mucha importancia, pero la realidad fue que sí vive en un lugar que es no congruente ni encaja con el ingreso mensual que percibe como alcalde.

Riquelme recibió la ciudad sin obras, sin seguridad y sin inversión. Todo lo que él hizo de ahí en adelante fue ganancia para su futuro político, pero la realidad es que se quedó corto, fue poco transparente, poco visionario, no fue constante, no resolvió problemas clave como la falta de agua, el mal pavimento y la inseguridad. Recuperó espacios públicos a costa de inversiones desproporcionadas y retrasos evidentes. Dejó una deuda nunca antes vista en el municipio y, por si  fuera poco, se fue aplaudido por un Teatro Nazas atestado de seguidores que ansían verlo en el trono ubicado en la ciudad de Saltillo.

Adiós, Riquelme, como medio, no podemos exponer de manera tan obvia nuestros deseos, así que sólo diremos adiós y que te vaya como te tenga que ir.

 

 

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