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La marcha del rencor acumulado

Al son de los gritos: «¡El que no brinque es porro!» «¿Por qué nos asesinan, si somos la esperanza de América Latina?» «¡Arriba la autonomía!», «¡Vivos los queremos!» Y el ¡GOYA!, por supuesto. Avanza el contingente de estudiantes por CU. Miles y miles de jóvenes, estudiantes de facultades y preparatorias de la UNAM. Se mueven en grupos; grandes y pequeños, ruidosos y callados, con rostros tapados y descubiertos…, pero todos con un mismo mensaje de repudio a los ataques del 3 de septiembre en contra de estudiantes del CCH Azcapotzalco, de la violencia indiscriminada de los grupos porriles, “fuerzas” de choque que agredieron con rocas, con bombas molotov, con armas punzocortantes, a estudiantes pacíficos en busca de justicia, que tintaron con sangre y con llamas el suelo de la explanada de Rectoría.

Cada grupo avanza a su velocidad, con carteles condenatorios de los sucesos del lunes, pero también de aquellos otros que llevaban meses, años, alimentando el descontento de los universitarios respecto a la situación de sus planteles. Todos con algo que decir, todos con algo que reclamar, y nadie se calló nada. Ni una boca cerrada en territorio UNAM, ni una voz no levantada; incluso las silenciosas, que también el silencio es una forma de grito.

Se grita por los porros, se maldice al gobierno, se llora por los feminicidios, se lamentan por las escuela, sus escuelas. Miles de personas moviéndose como un solo ente, sin choques, sin disputas, con la solidaridad por bandera. En el aire, la solidaridad de uno, muchos, miles de estudiantes hartos de ver ignoradas sus quejas, apartadas por las autoridades que “han fallado en su labor de protegernos”. Miles de estudiantes sin rivalidad entre facultades, preparatorias rivales cantando, brincando como una sola: ¡Si hasta el IPN —eterno rival de la UNAM— se hizo presentó, prestó su apoyo a un movimiento que si bien inició en la UNAM creció hasta convertirse en algo más grande que no es ajeno a ningún estudiante del país.

No hubo movimiento que no se hiciera presente: feministas, anarquistas, alumnos de la UNAM y de otras universidades, de la Ciudad de México y de otras cartografías, de otros centros universitarios también… Y luego el reclamo: al rector, al gobierno, a los encargados de vigilancia… El reclamo y los gritos imparables: Por el 3 de septiembre, por Miranda —la estudiante secuestrada asesinada y calcinada—; gritos por los muertos en CU, por Ayotzinapa, por Tlatelolco…. Los gritos y las caras pintadas: 68 en una mejilla, 18 en la otra… Y todo: los grupos, los gritos, los números, con un solo mensaje «Ya no más». Un solo mensaje compartido, una sola protesta por los hechos recientes y pasados, con la historia en mente, con Ayotzinapa en mente, con el Halconazo en mente, con Tlatelolco en mente… Porque quienes marchan conocen su historia y no están dispuestos a repetirla, porque aun sin haber vivido los sucesos ocurridos hace 50 años los conservan frescos en la memoria…

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