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La sangre derramada en las calles de Torreón

La madrugada del 18 de julio del 2010 un comando armado se acercó a las inmediaciones de la Quinta Italia Inn, ubicada a espaldas de la funeraria Gayosso, y disparó indiscriminadamente contra quienes estaban conmemorando un cumpleaños. Así fue la ironía: de festejar la vida de una persona, a lamentar el frío asesinato de 18.

La Fiscalía informó que  integrantes de un equipo deportivo se encontraban conviviendo en la quinta alrededor de la 1 de la mañana cuando un grupo sicarios abrió fuego contra todas y todos. Algunos de los sobrevivientes testificaron a diversos medios de comunicación que dispararon a todo lo que se movía, sin tiento, sin misericordia. Cuatro de las víctimas pertenecían a la Banda Ríos, conjunto que estaba amenizando la fiesta y que fueron interrumpidos cuando tocaban su última canción.

Días después se dio a conocer que la directora del Cereso de Gómez Palacio le dio salida a los reos que perpetraron las masacres de los bares Ferrie y Juanas, así como la propia agresión en la Quinta Italia Inn.

En 2010 tres masacres se robaron las portadas y la atención de toda la sociedad mexicana; las 10 personas asesinadas en el Bar Ferrie, otras ocho en «Las Juanas VIP» y 10 internos de un centro de rehabilitación en la ciudad de Gómez Palacio.

Torreón y la Comarca Lagunera fueron un campo de guerra, un territorio en disputa entre cárteles y organizaciones criminales. En épocas medievales, los ejércitos elegían terrenos neutrales para confrontarse, luchar y morir por el honor de defender a un rey, a una identidad. Esas fechas, la disputa era diferente; no se luchaba ni por patriotismo, ni por honor ni por justicia. La sangre derramada se impregnó en el pavimento de las calles. El olor a muerte estaba adherido en la ropa y en las paredes de los laguneros. Los árboles y los animales y los niños y los periodistas y los vendedores tenían miedo. En cualquier momento y en cualquier lugar una bala podía interponerse en tu camino y silenciarte para siempre.

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En 2010, año de la masacre en la Quinta Italia Inn, se registraron 247 homicidios dolosos. La violencia continúo imparable por años consecutivos. En 2011 la tasa fue de 69.3 homicidios por cada cien mil habitantes y en 2012 de 69.9. Particularmente, este año encumbró a Torreón como la séptima ciudad más peligrosa del mundo, sólo por detrás de San Pedro Sula, Ciudad Juárez, Maceió, Acapulco, Distrito Central y Caracas.

Después, de 2013 hasta la fecha, la incidencia comenzó a bajar, pero las heridas se quedaron abiertas, la sangre aún se evapora en las calurosas tardes de verano.

A 10 años de la masacre más mediática y sangrienta que se ha registrado en Torreón, después del atentado contra los chinos, periódicos y medios locales de información se volcaron a recordar la época más dura que ha vivido la Comarca Lagunera.

Hoy, todos o casi todos conocen a alguna persona que vivió o vio o escuchó un encuentro armado. Cientos de laguneras y laguneros aún le lloran a sus víctimas, a sus desaparecidos, a sus héroes o villanos de batalla, según sea el caso.

Medios de comunicación como The Guardian, BBC o The New York Times pusieron a Torreón en el foco mundial. Era uno de los nodos de violencia más problemáticos y sangrientos de México y el planeta. Los niños de aquel tiempo no crecieron en los parques ni jugando en las calles; se criaron en sus hogares, tras las rejas de sus cocheras, de sus porches, a la espera de que la pólvora cesara, de que la pesadilla por fin llegara a su ocaso.

En otros países del mundo, masacres como la suscitada en la Quinta Italia Inn darían pie a homenajes, a eventos cívicos, a recordar la historia para aprender de ella y ya no repetirla. En Torreón y en La Laguna aún se escuchan los gritos de pánico, los lamentos, los últimos suspiros. La autoridad no hizo mención de lo sucedido, no recordó a las víctimas ni sentenció a los culpables.

Podrán pasar una o dos o tres décadas, pero la cicatriz aún vibra, la herida sangra y el daño continúa sin reparación.

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