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Lo cotidiano

Los 43 desaparecidos: dos años de un crimen sin respuesta

La impunidad carcomió la vida de quienes buscaban ser escuchados. La pólvora despertó al diablo que pulverizó el ímpetu y la juventud de varios estudiantes inquietos y preocupados por su entorno. Los gritos y los sollozos implorando por su vida fueron desquiciantes. El brutal golpe de tintes fascistas devoró la fecunda imagen de los jóvenes siendo revolucionarios. Iguala y Ayotzinapa y Guerrero y todo el país, por un momento, fueron la sucursal del fascismo en la tierra. Fueron el terrible ejemplo de que la represión y la violencia y la intolerancia son las banderas del gobierno que se jacta de ser incluyente y democrático.

La noche del 26 de septiembre y la madrugada del 27, fueron desaparecidos 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa. Hoy, dos años después, aún no se clarifican muchas interrogantes, aún no entregan los cuerpos inertes y huecos de alma y, sobre todo, aún vuela el recuerdo sanguinolento entre el aire de nuestro territorio como si éste fuera un virus perruno de consecuencias fatales.

Seguiremos recordando los millones de muertos durante la revolución mexicana. Seguiremos lamentando los terribles crímenes en la guerra cristera. Seguiremos llorando los injustos encarcelamientos durante la segunda mitad del siglo XX hacia personajes ilustres de nuestra tierra. Seguiremos exigiendo justicia por el genocidio de Acteal. Seguiremos indignándonos por la criminalización hacia la gente de Atenco. Seguiremos pasmados  y heridos por las brutales matanzas estudiantiles del 68 y 71 y, por supuesto, continuaremos enfurecidos y consternados por haber sido huéspedes y testigos de la sádica desaparición y asesinato de los 43 estudiantes perpetrada por el gobierno mexicano.

El 27 de septiembre, desde hace dos años, ya no es recordado por la consumación de la independencia. Hoy, ese día, es señalado como la fecha en la que estudiantes y civiles fueron sometidos, aniquilados y desaparecidos por miembros de la policía quienes seguían órdenes del gobierno. En lugar de reflexionar acerca de Iturbide y su presentación como emperador de México, se debe continuar con la exigencia de culpables y responsables. Se debe pedir justicia, se le deben pedir cuentas a los tres niveles de gobierno que han dejado pasar el tiempo para que la gente olvide.

En Torreón, hace dos años, acudí a una manifestación en la Plaza Mayor para hacernos escuchar. Como símbolo de la presión que pone el gobierno a los ciudadanos callándolos, exigiéndoles el pago puntual de sus obligaciones fiscales, castigándolos, construyendo una raquítica infraestructura urbana, presumiendo un rezago terrible en temas de educación, seguridad, desarrollo social y economía, se decidió cerrar las puertas de la presidencia por alrededor de seis horas. El acto se llevó a cabo sin violencia y pidiéndoles a todos con amabilidad que salieran del edificio para poder cerrarlo. También se golpeó a una piñata de Peña Nieto, y se colocaron mantas exigiendo justicia. Al pasar unas horas, un grupo de alborotadores enviados por el partido revolucionario institucional, llegaron a amedrentar, amenazar e incluso golpear a señoras que estaban exigiendo respuestas acerca de sus familiares desaparecidos por consecuencia de la guerra contra el narcotráfico. Al notar la agresión, nos acercamos y grabamos a las personas ofensoras para tener pruebas tangibles acerca de las tácticas violentas, opresoras e intimidantes que aún, en pleno siglo XXI, el gobierno ejerce a quienes no se quedan callados.

Días después el alcalde Miguel Ángel Riquelme, aceptó ser amigo de la persona que agredió a las señoras, y dijo que si respondió así fue porque la habían provocado. ¿Esta clase de persona es la que el pueblo merece para que lo gobierne?

México debe luchar por una libre expresión y por imponer los ideales que motivan a la reconstrucción social solventada con buena educación, pluralidad y libertad.

Hoy recordamos con tristeza la desaparición y muerte de 43 estudiantes que exigían justicia. Hoy, en su honor, debemos continuar su lucha y promover un estado justo, libre y solidario para vislumbrar un mejor futuro.

 

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