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Preguntas después de un último grito:

Bueno, eso es todo, amigos. Enrique Peña Nieto, presidente de México desde el 2012, por fin dio su último Grito de Independencia. Fueron seis años bastante movidos, y relativamente largos. Pero aun así, el Zócalo se vio invadido de gente para celebrar una fecha al son de una bandera que, si algo representa de la clase trabajadora mexicana, es el rojo de la sangre que ha derramado por intereses ajenos.

Eran las once de la noche. Después de una selección de canciones nacionales y un spot interminable sobre cómo ya somos el país que deberíamos ser, Peña Nieto salió al balcón de Palacio Nacional a recibir a un público que, ante la espera, no pudo evitar sacar un chiflido que otro. Alrededor de una hora antes, en el Hemiciclo a Juárez, otro grito había tenido lugar: el de un contingente de normalistas que no desaprovechó la ocasión para recordar a los transeúntes de sus compañeros desaparecidos en este sexenio.

Al presidente saliente lo recibieron aplausos y algunos abucheos – aunque cale –, y en un proceso mecánico, dio el grito y las campanadas que le correspondían como jefe del Ejecutivo. Los vivas y los chiflidos tronaron en toda la plancha del Zócalo y se extendieron con ecos fantasmales por las calles del Primer Cuadro de la ciudad.

Inmediatamente después, como actor que cumplió su número del circo, Peña Nieto volvió dentro del Palacio Nacional, y dejó a sus espectadores contemplar los fuegos artificiales que salieron disparados del patio frontal de la Catedral Metropolitana. Oficialmente, había celebrado al pueblo que supuestamente sirvió durante seis años por última vez. Con este trámite satisfecho, y con el cambio de gobierno tan a la vuelta de la esquina, es no sólo válido, sino necesario, hacer consciencia y memoria de estos seis años, y como seres lógicos, hacernos y volvernos a hacer preguntas, como:

¿Se salvó a México? ¿De qué?

Este sexenio, ¿bueno para el país o bueno para el capitalismo?

¿Un pedazo de tela se protege con porros?

¿Quién es el nuevo Fernando VII?

¿Ya ganamos la guerra contra el narco?

¿La guerra protege o vende?

¿El progreso es informal?

A casi un año del 19 ¿Ya no hay estado de emergencia?

¿El Zócalo todavía se acuerda de la golpiza a los maestros en 2013?

¿Cómo sigue Nochixtlán?

¿Duele más Ayotzinapa o la mentira histórica?¿Quién dio la orden en Tlatlaya?

¿Ya chole con las quejas o ya chole con los abusos?

Peña Nieto, ¿el chayotero más grande de México?

¿Por lo menos le gustó la casa blanca que le regaló Higa antes que Aristegui cometiera el pecado de dirigir a ella su dedo índice?

¿Pesa mucho que en este sexenio el PRI haya caído tan bajo que esté pensando cambiarse hasta el nombre?

¿Quién se ve más pequeño, nosotros frente a Palacio Nacional o usted en su balcón solitario?

¿Los trabajadores de México realmente, sinceramente lo pidieron a usted en primer lugar?

¿Viva el México de quién?

¿Viva el México para quién?

¿Son todas las preguntas que podemos hacer, o las mejores? Ni de lejos. ¿Se responderán estas preguntas? Muy seguramente no. Pero en estos tiempos, la necesidad de empezar reflexiones se vuelve crucial. Y nada más apropiado en estos momentos para despertar eso que este último Grito de un presidente que termina su sexenio con 21% de los mexicanos a su favor.

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