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El racismo normalizado en México y la libertad de expresión

El miércoles 17 de junio el CONAPRED iba a organizar un foro para hablar sobre racismo y clasismo en México. En el foro estaban invitados Tenoch Huerta, Maya Zapata, Alejandro Franco y Chumel Torres. 

Inmediatamente las críticas en redes sociales no se hicieron esperar porque Chumel Torres no es un personaje que se pueda asociar a temas de inclusión social y respeto a los derechos humanos.

A pesar de la polarización y la polémica que generó la invitación al influencer, nada hubiera pasado a mayores si no es porque intervino Beatriz Gutiérrez Müller, escritora, historiadora y esposa del Presidente Andrés Manuel López Obrador. Ella, en su cuenta de twitter, lamentó que la CONAPRED haya invitado a Torres y recordó el episodio cuando se burló de su hijo por haberse teñido el cabello de güero sin importar su tez morena.

En México los comentarios racistas y clasistas se toman a chiste, y es que estos dos fenómenos están normalizados. Es normal ver en la televisión o en el cine que el «prieto» asume el papel de ladrón o drogadicto o jornalero y el «güerito» el de dueño del capital, emprendedor y protagonista de la historia.

De acuerdo con el Colegio de México, las personas de tez morena ganan menos dinero que los y las blancas. Este estereotipo está enquistado en la narrativa nacional y nadie dice y hace nada.

Después de la avalancha de comentarios y críticas en contra de Chumel Torres, la cadena internacional de televisión HBO decidió suspender la emisión del programa del influencer por no convenir a sus intereses.

El ambiente está tan polarizado que los personajes opositores a López Obrador dijeron que se trató de un ataque artero en contra de la libertad de expresión, que fue orden presidencial y que estamos por entrar en una etapa de cero tolerancia y de censura.

¿Creen que López Obrador o cualquier funcionario o funcionaria mexicana tiene injerencia en las decisiones ejecutivas de una cadena como HBO?

Evidentemente la discusión no va por ahí, el tema dentro de esta polémica no es la censura ni la presunta coacción de la libertad de expresión.

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El tema que verdaderamente importa es el racismo normalizado. En México es normal contar chistes y anécdotas acerca del color de piel o de la clase socioeconómica. En México creemos que no somos racistas porque todos nos abrazamos cuando la selección mete gol en el mundial, asumimos que somos incluyentes porque vivimos en un país en vías de desarrollo. Creemos que quienes se quejan de actos de discriminación son unos exagerados resentidos con el sistema y con la sociedad.

Sin embargo, el tema es sensible. Gracias al color de piel una persona tiene más oportunidades que otras. Gracias al nivel económico una persona tiene más chances de salir adelante. Gracias a la apariencia una persona puede aspirar a tener un mejor trabajo (no por nada piden fotografías en las solicitudes de empleo).

Cada vez que se enfrasquen en una discusión sobre el caso de Chumel Torres, acuérdense que él no es la víctima, que él disfruta del privilegio, que él, con su narrativa y sus chistes y sus comentarios, ha normalizado estereotipos que promueven y fortalecen la cultura racista y clasista en México.

¿Hubo censura de Estado? No, definitivamente ni el Gobierno Federal ni cualquier otra administración tienen injerencia en los contenidos de una cadena internacional y privada de contenidos. ¿Hay clasismo y racismo en todos los extractos sociales de México? Sí, es un mal crónico que muy pocas personas asumen como un problema nacional.

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