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Cómo combatir a la inseguridad pública según Ernesto López Portillo Vargas

“Yo estaba inseguro porque la frecuencia de robos era alta, pero me sentía seguro porque no lo sabía”.

Con esta frase, Ernesto López Portillo, experto ciudadano en seguridad pública, inició su conferencia llevada a cabo en la Sala San Ignacio de Loyola en la Universidad Iberoamericana.

Renacer Lagunero, organización de la sociedad civil presidida por Julián Mejía Berdeja, organizó una conferencia que más bien se transformó en un diálogo llamado “Los retos de la sociedad civil y la ruta crítica hacia una seguridad en democracia”, en la que Ernesto López Portillo Vargas, a partir de su experiencia, explicó y detalló el rol que debe asumir la sociedad civil para combatir a la inseguridad.

Ernesto, primero, definió cuál era la diferencia entre vivir en un lugar inseguro y sentirse inseguro, ya que muchas veces la percepción, al ser subjetiva, tiende a confundir al concepto de seguridad en una población o comunidad.

López Portillo afirmó que, según estudios que ha realizado el INEGI, los mexicanos no se sienten seguros en el lugar donde viven.

“80% de las mujeres adultas en México se sienten inseguras donde viven, mientras que el 70% de los hombres también perciben la misma sensación”. Apuntó.

Dentro de la conferencia, decenas de datos emergidos de estudios sociológicos y antropológicos fueron lanzados por el ponente, uno de ellos, que impactó al público asistente fue que, en América Latina, que es la región con la tasa más alta de homicidios violentos, están los siete países que reúnen la tercera parte de estos siniestros en el mundo: Brasil, Colombia, Venezuela, Honduras, El Salvador, Guatemala y, por supuesto, México.

“Estas siete naciones concentran la tercera parte de todos los homicidios violentos alrededor del mundo.” Detalló López Portillo.

Antes de iniciar la presentación, nos acercamos a López Portillo para preguntarle su opinión acerca de la última reforma que se le hizo al artículo 60 del Código Penal de Coahuila, que aborda el tema de la legítima defensa y posibles efectos en la sociedad.

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«La legítima defensa se debe medir por proporción, es decir, si quien está poniendo en riesgo tu seguridad, no está atentando precisamente contra tu vida, entonces el afectado no debe quitársela en defensa porque sería tomado como homicidio culposo, pero si la persona que te está poniendo en peligro, trata de arrebatarte la vida, entonces el afectado está en todo su derecho de defenderse para conservarla, sea cual sea la consecuencia final.» Relató López Portillo.

El tema de la legítima defensa ha generado un intenso debate a nivel nacional por el mensaje que ésta da hacia la sociedad. Representantes de la sociedad civil organizada a nivel nacional, en específico Francisco Rivas, han escrito y declarado que esta reforma, que ya es una realidad en Nuevo León, es una muestra de que el gobierno no puede con tanta violencia y de que es preferible que el ciudadano, si tiene la posibilidad y el momento lo ofrece, pueda tomar justicia por su propia mano con tal de salvar su vida en lugar de darle esa responsabilidad a las autoridades.

«La Suprema Corte de Justicia es el órgano que al final decidirá qué atenuantes y qué reformas necesita este artículo para que pueda funcionar, de ninguna manera debe depender de lo que digan, propongan o hagan unos diputados que a veces ni siquiera dominan el tema». Finalizó López Portillo Vargas.

En la ponencia, se concluyó que la principal falla de las autoridades en el combate a la inseguridad es la desinformación, ya que las estrategias tienden a ser golpes violentos que sólo desatan un ambiente más tenso para lo población.

La ruta, según López Portillo Vargas, para la sociedad civil, es participar porque «no existe un método o un instructivo para combatir a la inseguridad».

Por último, uno de los datos que brotó en la conferencia fue que, a pesar de que en los últimos años ha disminuido la pobreza en América Latina, los índices de inseguridad no han bajado, sino que se han mantenido igual, dando a entender que no necesariamente las zonas más pobres son las más violentas e inseguras.

«Llevo 25 años trabajando en esto, puedo decir que he fracasado en 9 de cada 10 intentos, pero los logros que hemos conseguido han sido de gran avance. Si creyera que no se puede hacer nada, entonces no estaría aquí y no lo seguiría intentando». Relató.

 

 

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