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Tránsitos, los reyes ilegales de la calle

La crónica empieza en Juan Francisco Ealy Ortiz y Nezahualcóyotl en la Colonia Moctezuma, ahí existe un hormiguero de verdifosforescentes obreros cuya práctica principal es portar el atavío de la ley y llevar el estandarte de las reglas de tránsito. Ellos deciden, bajo un código estructurado y nacional, quién es sancionado con algunos salarios mínimos o con algunas mordidas de lástima, también deciden quién circula por dónde y a qué horas es ilegal tener las luces apagadas y qué tanto es mucho alcohol para seguir circulando, de igual manera ellos escogen a quién cuidan de su fiesta y a quién le salvan la vida, no lo niego, escogen a su criterio qué ciudadano está atentando contra su propia existencia y la de los que van con él o ella de pasajeros.

Especialmente ellos deciden quién se estaciona y dónde, marginan algunos lugares de la ciudad con tal de que éstos lugares no sean ocupados y no afecten la circulación libre de los vehículos. El trabajo del tránsito es uno igual de importante, sino es que más, para la sociedad, como todos los demás trabajos que existen. Pero, ¿qué sucede cuando su autoridad y su capacidad de decidir sobre el cuidado de la ley se fusiona con sus bienes personales?¿Qué pasa cuando su trabajo es usado para la comodidad propia y utilizan esas reglas que tienen en las manos y optan por abusar de la ley a beneficio libre? Me pareciera que es entonces cuando comprometen la pureza y la nobleza y la admiración de su trabajo y manchan su capa de héroes para dar lugar a una estela de villanía porque entonces significa, sin duda:corrupción.

En éste caso hablo del acto confortable de dejar sus vehículos particulares en zonas amarillas, zonas prohibidas específicamente para evitar que estorben al viandante que circula por la localidad. Estorbar al conductor es afectar, de manera directa, el progreso de la vida vial de Torreón.

Ahí en Juan Francisco Ealy Ortiz, donde yace una oficina de tránsito local, los funcionarios públicos que llegan a sus trabajos como civiles, portando en sus automóviles placas de ONAPPAFA, de las mismas que usan para sancionar a algunos conductores, y estacionan sus automóviles en lugares ilegales y se aprovechan de su insignia para salir sin castigo del acto, tan sólo por la comodidad de tener sus vehículos cerca del lugar de trabajo cuando terminan turno, los oficiales infringen con austeridad el reglamento de tránsito y al cuestionarles niegan toda imposición de poder. Así el fue el pasado lunes 24 de octubre cuando fuimos a investigar una denuncia anónima de un vecino de la colonia que insistía en la molestia de tener carros ahí estorbando el tránsito.

Los encargados de la ley vial insistían en que los empleados públicos ya habían sido regañados por esos actos ilícitos, aceptando que lo son, pero insisten en estacionarse ahí. También que el cordón amarillo no se ve por el césped que tienen ahí, inundando la banqueta. Así, excusándose con la naturaleza, optan por aceptar su cometido y por hacer algo al respecto.

Ustedes qué creen, ¿Es en verdad ésto una molestia para el tránsito vehícular de la ciudad o es, más bien, completamente razonable que los oficiales se den el lujo y la comodidad de aparcar donde, legalmente, no se debe?

¿Qué piensa Torreón?

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