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“Un soldado en cada hijo te dio”… por el Nuevo Aeropuerto Internacional de México

“Este es el inicio de una lucha por nuestra patria” clamó a través de un megáfono una señora de aproximadamente 60 años, sus cabellos conservando un notable color rubio bajo un sombrero, sus ojos tras unos lentes de sol, sentada en un templete puesto en el Zócalo capitalino para la Semana de las Juventudes.

La razón de su presencia en ese lugar durante esa tarde del domingo 11 de noviembre y de su grito: la manifestación convocada para repudiar la decisión del presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, de cancelar la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) en el antiguo Lago de Texcoco, y promover la operación conjunta del actual aeropuerto Benito Juárez y la Base Militar Aérea No. 1 de Santa Lucía.
Sobre esta oposición, la oradora sentenció gravemente con voz pausada: “un soldado en cada hijo te dio.” Un llamamiento a las aproximadamente 200 personas congregadas, en recordatorio del himno nacional.

Durante el primero de julio de 2018 y en los días posteriores, el panorama político en el sistema mexicano experimentó un cambio inédito en su composición tradicional.

Producto de un desencanto con dos sexenios gobernados por la derecha (expresada en el Partido Acción Nacional) y un sexenio centro-derechista (de mano del Partido Revolucionario Institucional), de los cuales una de sus marcas más profundas ha sido “Guerra contra el narco” iniciada por Felipe Calderón – misma que ha dejado alrededor de 170,000 mil muertes en 11 años –, las urnas mexicanas eligieron a un candidato denominado de izquierda, Andrés Manuel, para portar la banda presidencial los próximos seis años.

La victoria del izquierdista – marca que no pocos han cuestionado por sus nexos con organizaciones ligadas a la ultraderecha, como el Partido Encuentro Social (PES) – después de dos intentos fallidos en 2006 y 2012, así como la obtención de la mayoría en el Congreso por parte de su partido, Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), ha reforzado en los últimos meses las diferencias entre las clases sociales, siempre tensas en México.

Diferencias que han llevado a la invención de términos como “chairo” para denostar a cualquier persona con inclinaciones izquierdistas – pero sobre todo, a los seguidores de Obrador – y “fifí”, bandera con que el presidente electo y sus partidarios han señalado por 12 años a sus detractores de la pequeña y gran burguesía, o personas relacionadas con estas.

Diferencias que se agudizaron con la consulta que el próximo presidente de México y su partido realizaron entre el 25 y el 28 de octubre de este año, con el tema de la continuación de las obras del NAIM en Texcoco, o el traslado de los esfuerzos a Santa Lucía para aliviar a Benito Juárez.

Consulta que, entre cuestionamientos de legitimidad, fallas básicas de logística, el hecho de que sólo 531 municipios del país fueron consultados y que de éstos, el 91% eran territorio donde Morena obtuvo mayoría de votos en el pasado proceso electoral, así como un total de un millón 69 mil 870 votos emitidos en un país de 122 millones de habitantes, arrojó una aplastante mayoría (69.95%) en favor de Santa Lucía, contra un 30.05% que apoyaba la continuación en Texcoco.

La publicación de los resultados el 29 de octubre ha causado gran controversia previa a la toma de posesión de AMLO, especialmente entre los sectores financieros y empresariales.
El dólar alcanzó los 20 pesos ese mismo lunes 29; Juan Pablo Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), aseguró en conferencia de prensa que la cancelación del aeropuerto “envía un mensaje grave de incertidumbre” sobre la capacidad del Estado mexicano para terminar proyectos a largo plazo y el presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), Gustavo de Hoyos, hizo lo propio en una mesa de debate de la empresa Televisa, donde llamó al presidente electo a reconsiderar su decisión “y no empiece mal su mandato.”

Lo que llevó a la creación de un evento en Facebook, en el que se invitaba a la gente a marchar el domingo 11 de noviembre en contra de la decisión de la consulta, y sobre todo, contra el presidente electo.

La marcha fue rápidamente conocida como Marcha Fifí en las redes sociales, donde la polarización llevó a algunos, como la periodista de El Financiero Lourdes Mendoza, a defenderla y publicitarla, y otros a burlarse sugiriendo consignas en Twitter como “¿Qué importan los muertos? ¡Queremos aeropuertos!” o “¡Empresario, marchando, también están lucrando!”.

Aun así, el evento consiguió tener a 9,500 personas confirmadas y 28 mil interesadas días antes de la fecha.

Pero correspondió a ese domingo 11 poner a prueba esas cifras, las cuales se probaron muy menores a la hora de salida, pocos minutos pasadas las once de la mañana: cinco mil 500 manifestantes.

La mañana era soleada. Los pies de un nuevo animal social, congregado en el Ángel de la Independencia, comenzaron el trayecto de tantas marchas antes que él, al Zócalo capitalino. Esta serpiente, sin embargo, no era como las que habían marchado en septiembre e inicios de octubre.

Esto era evidente por su composición. La mayoría de los manifestantes respondieron al llamado de asistir de negro “en señal de luto por la democracia”, con distintos grados de discreción, pero que en las camisas, lentes de sol y sombreros, se notaba que era ropa de marca prestigiada.

El color oscuro contrastaba con los tonos de piel y los cabello claros, tanto en los jóvenes como en los viejos, que parecían ser la mayoría. Algunos usaban ropa deportiva, daba la impresión que regresaban o hacían la caminata dominguera, y otros incluso aprovecharon para pasear a sus perros, de todos colores y tamaños; pero eso sí, todos de razas identificables, como un dálmata o lobero irlandés.

Así marchaban en favor del NAIM. Las cosas salían como lo habían planeado organizaciones como Ciudadanos por México, Salvemos las Dos Vidas, Cadena Ciudadana, Movimiento Pro-Vecino y Alto al Secuestro: todas organizaciones ligadas a la derecha mexicana.

Por mencionar dos: Laura Elena Herrejón, presidenta de Pro Vecino, es ex candidata a diputada por el Revolucionario Institucional, e Isabel Miranda de Wallace – de quién su ausencia en la marcha habló mucho –, dirigente de Alto al Secuestro, está señalada por las periodistas Guadalupe Lizárraga y Anabel Hernández como fabricante de culpables en el caso de presunto secuestro y asesinato de su hijo, y periodistas como Antonio Guillén han acusado a su organización como una de las fachadas de El Yunque, organización secreta de la ultraderecha que busca “implantar el reino de Dios en México.”

Sin embargo el número de organizaciones convocantes o que apoyaban la marcha, pocas eran las pancartas que declaraban la pertenencia a alguna de ellas. La serpiente avanzaba por las glorietas hasta la calle Juárez, y de ahí a la Cinco de Mayo por Eje Central, pero la marcha parecía absolutamente ciudadana, sin sesgos de organizaciones o intereses.

Había que fijarse muy bien y ser suspicaz para identificar a otros personajes del ultra conservadurismo entre esos ciudadanos, como a Juan Dabdoud, líder de la organización Consejo Nacional por la Familia – señalada por Álvaro Delgado como otra fachada del Yunque – , que con la bandera de defender la “familia original” se ha opuesto desde al matrimonio igualitario como a la educación sexual en las escuelas.

La marcha era, en resumen, la sucesora ideológica de la marcha Mexicanos Unidos, organizada en febrero de 2017 como respuesta a los comentarios xenófobos del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y en defensa del presidente de México, Enrique Peña Nieto.

Alto al Secuestro y Pro-Vecino organizaron también dicha marcha, y Miranda de Wallace incluso tuvo que refugiarse en un Sanborns al ser llamada “asesina” e “hipócrita” por un contingente de activistas. El nacionalismo también caracterizó a esta marcha dominguera, más de un año después. Desde los árboles de Reforma y la Alameda hasta el venerable concreto de los edificios de la Cinco de Mayo, los gritos de “¡México!” seguidos de aplausos y entonaciones del himno nacional fueron lo que unió a toda la serpiente, que se unía y desunía con frecuencia. Resaltaban también la presencia de varias banderas mexicanas.

El nacionalismo llegó a extremos xenófobos, como se alcanzó a leer en algunas pancartas donde se atacaba a migrantes centroamericanos, tema reciente por las caravanas que salieron de Honduras y El Salvador en semanas anteriores con el objetivo de llegar a Estados Unidos, para el que México es paso obligado.

“¡Migrantes indeseables!” se leyó en una pancarta. “No sé quién mordería mi cartulina; si un chairo o uno de la #CaravanaMigrante… porque resulta que ambos tienen HAMBRE” declaraban letras blancas sobre un fondo negro recortado de un lado, simulando una mordida.

Las voces se despedazaron en miles de consignas que se golpeaban entre aquellos antiguos senderos en dirección al Zócalo y el Palacio Nacional, el usual objetivo.

La composición inusual de la marcha, práctica que en México suele ser un reducto para la oposición de izquierda, requirió que las consignas se separaran de las que se acostumbran escuchar en la Ciudad de México, tarea que los marchantes resolvieron con sobrada creatividad.

“Queremos progreso, no retroceso” escucharon los árboles de la Alameda,
“No te apendejes, no le creas al Peje” se escuchó en la Cinco de Mayo,
“Esta marcha sí es encuesta” se proclamó en la misma calle,
“Texcoco sí, Santa Lucía no” escuchó la Catedral Metropolitana aproximadamente a las dos de la tarde, cuando el contingente alcanzó su objetivo.

Aunque la marcha estaba dedicada a protestar por la cancelación del NAIM, los manifestantes aprovecharon para externar su rechazo al presidente electo con consignas como “Escucha Obrador, México tiene voz” y “No dictadura, queremos democracia.”

Los gritos se centraron especialmente en la decisión de Obrador de invitar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a su toma de protesta, al tiempo que el país pasa por una crisis económica y humanitaria, donde la inflación ha alcanzado el 980,000% y las constantes prohibiciones por parte de organismos internacionales han dificultado cualquier esfuerzo por superar las dificultades, mismas que han llevado a un éxodo masivo de venezolanos.

“Amigo de Maduro, dictador seguro”. “México alerta, así empezó Venezuela” ,“No a maduro” y otros cantos resonaron en la plancha del Zócalo, en la que al tiempo que llegaba la marcha, se desensamblaban los escenarios dispuestos para la Semana de las Juventudes, Comenzada el lunes cinco de noviembre y concluida el día anterior.

El sol de las dos de la tarde dio la bienvenida a la serpiente negra en esa plancha gris y ocupada. El destino final de la marcha fue alcanzado, con apenas presencia policial en el transcurso y en el lugar. Cerca del Palacio Nacional, una pipa de agua llenaba botes del precioso líquido, un recuerdo de la escasez que vivió la Ciudad por casi diez días debido a labores de reparación en el Sistema Cutzamala, misma que debió durar sólo la mitad de ese tiempo.

Alcanzado el objetivo, algunas escamas de la serpiente aprovecharon para resguardarse del orbe inclemente en el cielo azul; otros usaron el tiempo para rehidratarse a ellos y a sus perros, cansado por el transcurso; unos más, vestidos de blanco y cargando globos que en conjunto formaban la silueta del aeropuerto en Texcoco, hicieron lo posible por seguir unidos; el contingente líder, con una sencilla lona negra con la leyenda “No más consultas a modo” en blanco, se acercó al Palacio Nacional, donde hicieron sus declaraciones directamente a las cámaras de los medios, pues la manifestación carecía de templete exclusivo para sus exigencias.

El templete lo consiguieron algunos integrantes, apropiándose de uno que estaba en la parte del Zócalo frente a Catedral, presto a ser desarmado. Un trabajador trató de impedir que las personas se subieran, argumentando que no era seguro.

En respuesta, un muchacho de alrededor de 30 años vestido de camisa a cuadros, chaleco, lentes de sol y sombrero, portador de una barba cerrada, se subió y, viendo al trabajador, saltó varias veces en el templete, retando la advertencia del trabajador. Se escucharon también un par de gritos dirigidos al hombre: “estamos marchando por ti”, “estamos marchando por tu país.”

En ese templete, los manifestantes desplegaron nuevamente sus lonas, donde se acusaba a Andrés Manuel de haber recibido dinero del gobierno venezolano para su campaña en 2005 y se afirmaba: “AMLO, si realmente amas a ti país, no frenes su modernización!” [sic] y “Ni fifís, ni camajanes, ni amlovers, ni chairos ¡basta de polarización!”

A falta de bocinas y micrófonos, los megáfonos que algunos marchantes llevaban sirvieron para que el improvisado mítin pudiera tener oradores. La señora de cabello rubio, sombrero y lentes fue de sus hablantes más prominentes, donde recordó el verso del himno nacional en un tono que en el mejor de los casos es una provocación, y en el peor, una declaración de guerra.

Otro de los manifestantes arriba del templete, un hombre de alrededor de cuarenta años, llamó al resto de los inconformes, quienes se estaban dispersando rápidamente entre las calles del Centro Histórico, que se acercaran para entonar, una vez más, el himno nacional.
La petición funcionó hasta cierto punto, pues hasta la parte cercana al Palacio Nacional, donde estaba “la cabeza” del movimiento, comenzó a vaciarse y reconcentrarse alrededor del tomado templete. El himno dejó escapar sus sílabas A capella frente al asta bandera, los tres colores ondeando en el cielo capitalino.

Ese momento nacionalista, sin embargo, no evitó que los manifestantes siguieran dispersándose. La rapidez del fenómeno fue tan rápida que de los cinco mil asistentes originales, sólo alrededor de unos 200 estaban presentes cuando el mismo orador que pidió acercarse para entonar el himno, puso a votación una nueva marcha en contra de la cancelación en Texcoco.

La votación duró varios minutos, no porque se propusieran muchas fechas, sino porque, en aras de “escuchar a todos y ser democráticos”, las personas encima del templete fueron de atrás para adelante con dos propuestas: 25 de noviembre – antes de que AMLO tome posesión – y el 2 de diciembre – un día después de la investidura.

De atrás para adelante porque el público de pronto gritaba una fecha, y de pronto gritaba la siguiente. “A ver si se organizan mejor” clamó uno entre los votantes, al ver el desorden del proceso.

Se decidió por el 2 de diciembre, domingo también, con hora de comienzo a la misma hora y con la misma ruta que esta marcha. Se hizo una rápida invitación a compartir las fotos tomadas a las redes sociales, y el orador habló de que “sería muy interesante una marcha nacional en todos los estados.”

Se sugirió también ir de blanco a esa segunda marcha porque “el blanco tiene más impacto que el negro” lo que recordó a la Marcha Blanca del 28 de junio de 2004 en la misma capital, organizada por México Unido contra la Delincuencia y otras organizaciones, como Alto al Secuestro de Wallace y con la participación de Herrejón.

Poco después, y después de cantar por nueva ocasión el Mexicanos al grito de guerra, los pocos que permanecían en ese zócalo acalorado de un extraño invierno capitalino se retiraron, con la promesa de compartir la invitación a la nueva marcha en redes sociales, y que se crearía el evento en la página oficial del movimiento en Facebook.

Eran cuarto para las tres. El templete quedó libre para por fin ser desmantelado por el equipo de la Semana de las Juventudes.

Cuarto para las tres de ese domingo 11 de noviembre, a menos de un mes de que Andrés Manuel tome protesta en San Lázaro. Si hemos de creerle a lo que 200 votaron por cinco mil, el futuro presidente enfrentará su segundo día con la banda tricolor con una marcha tocando a su oficina.

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