Portada Reportaje
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Una vez, en una clase, un maestro que admiro mucho nos dijo que el periodismo era aquello que se realizaba con el objetivo de dar a conocer lo que a la gente se le ocultaba. Antes de conocer esta simple definición, el periodismo para mí era solo una materia más que cursar, pero poco a poco le fui agarrando cierto cariño a escribir, a investigar, a conocer historias de las personas conocidas y desconocidas, de leer y admirar a quienes con valentía daban a conocer los secretos de altos mandos y narcotraficantes, comencé a meterme más de lleno  a tan bello oficio, me relacioné con personas que son excelentes periodistas para lograr empaparme de sus conocimientos y por qué no, tal vez conseguir un empleo de periodista. Unas por otras, al adentrarme a este mundo que por encima se ve tan bello, cuanto más excavas, más infierno encuentras.

Entre ayer y hoy se dio a conocer la noticia del asesinato en Culiacán, Sinaloa, del periodista Jesús Javier Valdez Cárdenas, fundador del semanario Ríodoce y corresponsal del diario La Jornada. ¿Por qué fue asesinado? Por hacer periodismo de verdad, no quiero hablar muy a detalle del por qué o cómo lo asesinaron, de lo que quiero hablar es de la decepción y frustración que se siente hoy. Javier Cárdenas no es el primer periodista asesinado, es el sexto en lo que va del 2017 y no será el último; Cecilio Pineda, Ricardo Monlui, Miroslava Breach, Maximino Rodríguez y Filberto Álvarez son otros  ejemplos de periodistas que han sido asesinados, de aquí nace el título de este texto: así no se puede.

Así no se puede hacer periodismo, o más bien, claro que se puede, pero ¿a qué costo? ¿a vivir con miedo de que en cualquier momento  pueda ser privado de mi libertad? ¿Ser golpeado? ¿Que mi familia esté en peligro? o ¿Que hasta me borren del mundo? Qué oficio tan más peligroso.

Parece que ni un bombero o un policía corre tanto riesgo de muerte como el de un periodista. ¡Qué ironía! Siempre nos han dicho que decir la verdad era la mejor opción, lo más ético, pero nunca avisaron que también puede costar la vida.

Ahora, no sé si exista el riesgo de que el buen periodismo desaparezca, no sé cuántos serán los valientes que sigan en el camino, ni siquiera sé si yo me animaría.

Ojalá mientras siga existiendo el mal y la impunidad, el buen periodismo siga presente, porque así no se puede.

 

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