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Colaboraciones

El heroísmo de los Topos Mexicanos en el 85

El mundo gira, con la sonrisa de que será un año muy bueno para la vida y la prosperidad. Luego llega setiembre con su día 19 y el suelo tiembla como si se estuviera muriendo de frío; la tierra tiembla tanto que Richter marca 8.5 a las siete con diecinueve de la mañana.

El desconsuelo, la aflicción, la amargura y el quebranto inundaron las esquinas de la Ciudad de México como si un maremoto también hubiera sucedido. Y entre tanta desgracia y tanto derrumbe, un grupo de atentos se pusieron capas de superhéroes y se aventuraron a los lugares más arriesgados de la catástrofe. La gente decía ¡miren, allá vienen los topos! Y los Topos eran un grupo de bienhechores que como topos escarbaban en el suelo y salvaban a los que enterrados quienes ya no sabían si iban a vivir o no. Ahorita, treinta y un años después, son la Brigada de Rescate Topos Tlaltelolco A. C. ; valientes consagrados como insignes y como humanos ejemplares dispuestos a arriesgar la vida por desconocidos.

Fernando Álvarez, autoridad en la Brigada de Rescate, habla de la espontaneidad y de eso que pareció «destino»:

«Nos juntamos sin conocernos, sólo eramos personas que nos juntábamos a ayudar. Ninguno éramos de Tlatelolco. Ahí mismo preguntábamos quién eres, de dónde eres y nos decíamos aquí nos vemos mañana. Pura gente desinteresada y todo se fue dando por azares del destino. Y es que no había perros ni muchas cosas preparadas».

Fernándo Álvarez, integrante de la Brigada.

Dice Fernando que en esos momentos no se piensa porqué o para qué se hacen las cosas, la adrenalina funciona entorno a la solidaridad y la bondad y así surgen los héroes, como inocentes que sólo extienden la mano. 

Topos Tlaltelolco son el ejemplo de que los mexicanos todavía nos queremos entre nosotros, son una de las tanta asociaciones civiles que ante la desgracia está dispuesto a sangrar y a dar la vida por los otros. En cierto sentido, ese el patriotismo, no tanto ponerte la bandera y estar orgulloso del territorio, sino estar dispuesto incluso a deshilar la bandera para crear una cuerda y salvar a un compatriota de caer al vacío.

Hoy, en éste día bellísimo por estar soleado y por ser lunes, celebramos la vida y la muerte, celebramos el luto y la desgracia y el progreso y las lecciones aprendidas. Yo, celebro instituciones como las de los Topos, que se inmiscuyen entre los escombros de la sociedad y sin preguntarse por qué lo hacen salvan vidas. Celebro también la idea de que hay humanidad en nuestras tierras y de que con eso podemos hacer que nuestro México, que ahorita está, analógicamente, en algo así como las ruinas económicas y político-sociales, salga de los escombros y se desempolve la desgracia y avance por fin al progreso de un país más conforme consigo mismo.

Por supuesto la advertencia de Fernando se queda como lección de tanto tiempo:

«Va a suceder otra vez, como sucedió en aquel entonces, va a haber otro. Por eso hay que cuidarnos y estar listos».

Fernándo Álvarez, integrante de la Brigada.

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