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En una era donde la información es el tesoro más preciado de las personas, organizaciones y Estados,  es importante saber y reconocer la procedencia de la misma para tener un conocimiento que sea confiable, respaldado y verídico.

Se puede definir fake news como información falsamente descriptiva que busca manipular a la audiencia sin importar su propósito. Bajo esta acepción, el uso de  la información o desinformación  para manipular al público no es algo nuevo,  ha existido desde  el establecimiento de la sociedad misma, lo único que cambia es la plataforma en que se dispersan, en este caso el internet y los medios digitales.

El Internet permitió el acceso ilimitado a la información, sin embargo también le dio a quien quisiera una plataforma para comunicarse. La llegada de las redes sociales multiplicó el alcance de la información exponencialmente,  reduciendo el control de la información a los medios que concentraban el poder político o los dueños de diarios, radios y canales de TV.

Esto elimina los obstáculos de la libertad de expresión y le da la misma oportunidad de ser escuchado a alguien que escribe en el New York Times o Reforma, que al que escribe en un post de 4Chan o sube un video en Youtube, la web acepta a todos por igual.

Es ahí donde el ambiente digital le abrió las puertas de lleno a las fake news y al amarillismo,  que está presente en todas las categorías de información y no sólo en las noticias, aunque sus efectos en este campo sean los más destacados como la ciencia, salud, terrorismo, desastres naturales  o  finanzas.  Nadie escapa de la influencia de las fake news.

«Los dominios más atacados son aquellos en los que hay más incentivos -políticos o financieros- y aquellos en los que las personas son más vulnerables por los sesgos sociales o cognitivos», explica Filippo Menczer, profesor de la Universidad de Indiana y fundador del Observatorio de Medios Sociales.

En cuanto a las razones que explican la difusión de las fake news, el artículo señala que los usuarios son más propensos a compartir información novedosa real o falsa: «Las historias falsas inspiran sentimientos de temor, disgusto y sorpresa en las respuestas», explican los autores, mientras que las verdaderas crean «confianza, alegría o tristeza».

Todo esto debido a los nuevos hábitos de lectura que surgieron a partir de las noticias en formatos digitales , celulares y smartphones.  En EE.UU., hay estudios que muestran que un 59% de los posteos compartidos nunca se abren.

En un gracioso experimento, una nota falsa titulada “La NASA confirma que la marihuana contiene ADN alienígena de otro sistema solar” generó más de 140.000 compartidos, mientras que el portal NPR publicó “¿Por qué no leen los norteamericanos?” como chiste (el contenido de la nota explicaba que era una nota falsa) generando cientos de comentarios de lectores enojados con sus compatriotas por no leer más.

El problema es que ni Google ni Facebook y mucho menos los autores de estos blogs y sitios espurios, se hacen cargo de lo que consume la audiencia,  en la web vale todo porque el anonimato es lo que predomina.  Existen sitios como Snopes en EE.UU y Chequeado  que buscan limitar las noticias falsas pero el problema los rebasa debido a la rápida difusión que tiene, además de lo redituable que es; también debemos  preguntarnos si realmente quisiéramos a un ente como Google y Twitter decidiendo algorítmicamente qué tipo de contenido es confiable y verídico, pues se convertiría en una limitación para nuestra infocracia.

Los efectos perjudiciales de este fenómeno van desde el aumento del cinismo y la apatía  hasta el fomento de la radicalización, debido a  que las personas prefieren información que es familiar y que apoya las opiniones preexistentes sin importar su confiabilidad.Las fake news son un problema real, difícil de resolver y requiere una investigación seria y los que las difunden usan métodos cada vez más sofisticados.

Es importante para la sociedad aprender a diferenciar el contenido profesional del trabajo de un bloguero. Para ello los medios tienen que seguir haciendo periodismo de alto nivel y calidad, que se note la diferencia entre un influencer y un profesionista.

Algo es seguro, siempre habrá vivos que se aprovechan de lectores inocentes para ganar dinero, sin olvidar a los hackers, bots,  trolls, servicios de inteligencia y todo aquello que busque manipularnos. Nunca dejarán de existir las fake news.

En esta ocasión la famosa frase de Juan; “La verdad os hará libres”, queda perfectamente,como anillo al dedo.

 

Bibliografía

http://www.perfil.com/tecnologia/fake-news-el-cancer-de-la-web-gestado-por-google-y-facebook.phtml.

http://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2018/03/08/5aa17b4f468aeb01768b465d.html

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