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Colaboraciones

Imaginario de voces: el oficio de la eufonía

En el poemario del poeta sinaloense y torreonero, Julio César Félix, la vértebra es el ritmo, la cadencia, la eufonía. Cada poema es un canto incitado por la memoria, y se desliza sobre la sencillez, la soledad, la nada, el tiempo, el erotismo y el mar.

Me encontré con el universo de Imaginario de voces (Editorial Colibrí, 2008) en una librería de viejo. El poemario estaba nuevo, tenía precio de veinticinco pesos, pero lo adquirí por veinte. Ese día le prendí una veladora al Santo Patrono de los Libros para agradecer el afortunado encuentro. Los vendedores de este tipo de librerías, no saben las joyas que reposan en sus estanterías polvorientas.

En fin. No me bifurcaré entre las ramas. Lo que me ocupa aquí es compartir mi experiencia con estos poemas enmarcados con un acertado epígrafe: el poema del chileno Gonzalo Rojas, Acorde Clásico.

  1. Nace de nadie el ritmo

En la primera parte de Imaginario de voces, Arte poética, nace de nadie el ritmo y lo echan desnudo y llorando como el mar. Es un canto emergido de la introspección, del oficio de la eufonía, donde el autor nos muestra que el poeta es un pequeño dios, capaz de escuchar el sonido que se desprende de una gota de agua deslizándose por el vidrio de una ventana.

            El instinto eufónico del sinaloense y torreonero está alerta en esta mañana o en esta tarde o en esta noche que

…guarda incansables diálogos

de perros,

silbidos en las calles,

tanteantes de puertas,

martillazos,

un sonido prolongado

de teléfonos:

mientras un ave

se posa

sobre la rama

de un árbol

y canta apenas.

 

El ritmo es compañía en la soledad de este imaginario, y este ritmo lo logra, en ocasiones, a través de las rimas asonantes que se presentan a lo largo de la publicación.

 

  1. El ritmo sube por la majestad de los templos

 

En Nada es así, segunda parte del poemario, la constante es la construcción de la nada, el vacío. El autor mantiene su cadencia compactada en versos breves. Aunque es notorio que, en este segmento, Julio César Félix, le da un peso significativo a la reflexión de los pequeños instantes. Por eso el poeta invita al lector a la esfera de su pensamiento:

…conoce mi soledad ciega

las voces delirantes de la ausencia

Dentro de esa introspección, el autor nos lleva a la nada:

Aparecía la nada

por ninguna parte…

La nada es la calma, la música silenciosa:

 La nada en su tinta

crea un silencio largo…

Sus recuerdos lo incitan a la nada:

 

Recuerdo aquel jardín

donde florecía nada.

De pronto, esa nada-soledad produce un pesimismo y un hartazgo en el poeta.

 Aquí el pesimismo:

La esperanza es amarillenta

y apesta,

es un río sucio del saber

y la ignorancia…

Aquí el hartazgo:

 

Ahora deseo romper

las cuerdas de mi lira:

embriagarme.

 

La introspección también lleva al poeta a navegar entre las definiciones del amor:

El amor es un día nublado

con ganas de llorar…

 

El amor es la señal

de partir…

Me voy.

  1. El ritmo se adelgaza para pasar por el latido precioso

 

La influencia nerudiana, lleva al autor de este libro a jugar con el siguiente título: Confieso que he soñado. Gracias, Julio César Félix, por tu contribución a que, en estos tiempos, juguetear con ese título, sea un lugar común.

Esta parte del poemario es la más abundante en cantidad y en significado. En la contra-portada del libro, Julián Herbert define la obra de Julio como un viaje hacia la arista, un proceso de afilado.

El viaje hacia la arista y el proceso de afilado, significan más en esta parte del poemario. El autor retoma algunos poemas ya publicados. Sin embargo, los adelgaza para que pasen por el latido precioso.

El poema Embriaguez Otoñal, de Al sur de tu silencio (Julio César Félix, Ayuntamiento de Torreón, Colección Centenario, Tomo XXI), viaja hacia la arista:

…la noche está embriagada

de quietud de estrellas…

Y en la versión de Imaginario de voces dice que

…la noche está embriagada

de quietud

de estrellas…

 

Esta sencilla modificación hace crecer al poema. Le da más abundancia en ritmo y significado.

Y sin embargo, aquí, el ritmo no sólo se adelgaza para pasar por ese latido precioso. Según el calibre del latido, el ritmo también se ensancha. El poema ¿Nos recordará la luna?, viaja hacia la arista de Imaginario de voces, pero éste se expande dos estrofas, y en el proceso de afilado, logra más música. El oído de Julio César discrimina la tropezante palabra musicalizan, y la sustituye por el vocablo cantan. El instinto auditivo del poeta hace que haya más fluidez en el poema.

Otra de las características menos explícitas, que asevera la afirmación de Herbert, está en el título del poema Sueño ámbarino (sic). Esa tilde que se cuela, nos muestra más que un dedazo, nos indica el proceso de creación y corrección que el poeta se impone. En algún momento, esta composición poética debió de estar titulada Sueño ámbar.

  1. El ritmo fluye y fulgura en el mármol de las muchachas

El ritmo de versos breves predominó en Imaginario de voces, y también la introspección del poeta, que en esta última parte, De lagos y lagunas, hace una tremenda crítica sociológica:

…contemplo en el desenfado

el ir y venir

de transeúntes

que siempre irán

hacia ningún lado.

Es nuestra herencia:

No tener nada ni saber adonde ir.

No me convence mucho la musicalidad de la palabra transeúntes, pero Julio César Félix, acertado, habla de la herencia nómada que nos concedieron los antiguos habitantes del desierto del norte.

En la extensión del poemario, el autor nos da leves chispazos de erotismo, sin embargo, en esta última parte, donde la mayoría de los poemas hablan del desierto, de la aridez, hay un poema que es un manantial en este paisaje ocre pintado por el poeta:

…el olor de tu sexo

adivina mi pelvis

nuestras piernas

inventan

su lenguaje…

En los poemas de este cuarto menguante del poemario, podemos encontrar el espíritu creativo del autor y su jiribilla lingüística:

Un niño dice agua

y delfines aparecen

en el trampolín de su lengua…

 

…y en la palidez de tu respiración

el alma canta peces…

 

Este libro es un aporte entrañable para la literatura lagunera. Es un juego que nos ayuda a inventar lenguaje y a imaginar voces.

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