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La polarización develada

“El hombre es tierra que anda y vuelve”

Atahualpa Yupanqui

A propósito de la marcha del 11 de noviembre en la Ciudad de México, convocada para protestar por la cancelación del aeropuerto en Texcoco, y bajo el argumento bien fundado de que la consulta llevada a cabo por Morena fue un ejercicio carente de legalidad que no debe repetirse en México, aprovecho este espacio para abonar a la reflexión sobre las posiciones políticas y sociales de la ciudadanía que en redes sociales se ha incendiado.

Ya lo vimos todas y todos: fifís contra chairos, chairos contra fifís, mexicanos contra inmigrantes (de los indeseables, como decía la pancarta de una de las manifestantes, porque queda claro que aluden a los pobres, a los morenos, a los despojados, y no a las grandes cantidades de estadounidenses o europeos que habitan el país sin documentos). El asunto es, como en la secundaria, que las etiquetas nos limitan, determinan y condicionan.

De tal modo que entonces no somos Talía, ni Pedro ni Daniela, sino chaira, migrante o fresa. Y cualquier contradicción al estereotipo que delinea la etiqueta, mete a las masas en problemas.

Ambos términos (chairo y fifí) aluden evidentemente a condiciones estáticas, desprovistas de criterio y reflexión. Y aun así, hay quienes se sienten cómodos e identifican con una de esas trincheras. No es gratuito. A cada capítulo de la Historia que conocemos en la escuela, le son asignados grupos específicos a la definición de “ellos” y “nosotros”, “los buenos” y “los malos”, o “los poderosos” y “los oprimidos”. Pero en algún punto, los grupos que mantienen el control financiero del planeta, encontraron la manera de ir borrando esas claridades y hacerse de aliados ideológicos entre los vencidos. Otorgando cierto número de privilegios a un grupo reducido pero más grande que el uno por ciento, le han hecho creer a esa otra minoría que son ellos quienes poseen la educación, los valores, la espiritualidad, el camino hacia el progreso. Y nos han enfrentado en casi todos los terrenos.

Esa dicotomía no es producto de verdades, como intuimos, sino de prejuicios. Y sus productos tampoco nos convienen. Los enfrentamientos que parecen limitados a los espacios de redes, salen a las calles lamentablemente en forma de violencia (como los tiroteos en EEUU); o la elección de representantes del discurso filoso, aún más polarizante; y un par han salido el domingo a marchar en supuesta defensa de un aeropuerto.

Robert Greene, autor del libro “Las 33 estrategias de la guerra”, describe un mecanismo de control del caos que me parece aplicable a las convulsiones políticas y sociales que atraviesa no sólo México, sino gran parte del planeta. Se trata de una estrategia que permite a los equipos subordinados planear y ejecutar dentro de ciertos parámetros de libertad, mientras la cabeza de la operación consiga asegurar que el trabajo esté sujeto al cumplimiento de la misión impuesta. El tema de fondo es, para mí, que algunos grupos sociales y políticos planean y ejecutan asumiendo que son quienes controlan el diseño de las metas, cuando la mayor parte del tiempo obedecen a intereses o personajes alejados de sus áreas de conocimiento o influencia.

Intento explicar que, acercándonos un poco a la comprensión de las cosas como parte de un sistema del que sería casi imposible tener una visión completa, podríamos evitar las simplificaciones, los prejuicios y las etiquetas que en estos momentos nos dividen y podrían ocasionar, escalonadamente, cada vez mayores problemas. Ayuda, en todo momento, tener a la mano una buena dosis de empatía, de referencias diversas, y comenzar a deconstruir el camino andado para enfrentar al mundo desde espacios de colaboración horizontales, porque para ello no está preparado el sistema.

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