Portada Reportaje
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¿Alguna vez nos hemos preguntado cómo se activa el dolor en nuestro cuerpo? Al menos yo no lo sé claramente, pero reconocemos fácilmente cuando sentimos la molestia. El estremecimiento de una punzada o el recalcitrante ardor que nos toma por sorpresa hacen que de una primera pregunta vengan una secuencia de ellas.

Así que nos ponemos la bata blanca y hacemos un breve recuerdo del historial de malestares.

Creemos saber entonces qué es y dónde se localiza nuestro disfrazado enemigo.

Hacemos una búsqueda más que sorprendente. Tratar de entender el mecanismo del cuerpo humano a través de la unión de diminutas generaciones vivientes. Ellas habitan en nuestro organismo; crecen, se alimentan y se acompañan. Las reconocemos con el nombre de células, cuerpos amorfos que cumplen misiones transformadoras. Sellan pactos con su mejor aliado, el tiempo y su efecto de vida. Se trepan en una metamorfosis para enriquecer sus funciones y multiplicarse. Es sin saber una carga de esperanza cuando el dolor se hace latente y es un conjunto tan exacto para cumplir metas casi mágicas en la salud de nuestro cuerpo.

Desde la cabeza hasta los pies, en el torrente húmedo y violáceo en que se mueven las células se observan en sinergia en cinco grupos vitales: nervioso, muscular, óseo, epitelial y conjuntivo.

En realidad aún existen muchas otras variedades de alto impacto en la maquinaria humana. Las sospechas de ser tan increíbles, se han ganado el respeto de planteamientos científicos a través de los siglos:

“Todos los seres vivos estamos formados por células, que son las unidades biológicas de nuestro organismo, ya que pueden desempeñar todas las funciones vitales propias de un ser vivo”.

Esto es lo que afirmaron los científicos Matthias J. Schleiden, Theodor Schwann y Rudolph Virchow, en el siglo XIX, dando forma a la «Teoría Celular», una de las más trascendentes teorías de la historia de la Biología.

Descifrar la maravillosa tarea ¿Cómo un vacío o cabida tan minúscula en apariencia evoluciona en un comportamiento reparador?  ¿Qué lo determina? Pero también, ¿cómo un vacío o cabida tan minúscula en apariencia evoluciona en un comportamiento desequilibrado que no comprendemos que sea…, y es?

—No lo sé, no soy experta—

Sé que existen aproximadamente 200 tipos de células en el cuerpo humano y se reconocen para clasificarse entre ellas. Son un enigma, producen un sistema de vida y se ven reflejadas cuando trabajan en su reposición cotidiana. Parece simple su accionar, aunque damos por hecho que forman parte de cada etapa de crecimiento o bien del deterioro natural del organismo. Olvidamos que es en el interior o en la profundidad de nuestro cuerpo donde íntimamente se entrelazan y sobreviven.

(Pausa)

¿Le hubiera sido útil a B… conocer el funcionamiento de las células? ¿Hubiera servido de algo echarle un repaso a la teoría? Creo que no. Para ella no fueron sus aliadas. B…  tiene cáncer de seno desde hace cuatro meses y durante el proceso ha sido sometida a sesiones de quimioterapias, también debe intervenirse a una mastectomía de la que apenas está en vía de asimilarlo con esfuerzo. No tiene mucho tiempo para hacerlo, las decisiones, sobre todo en esa situación, requieren de no sentir demasiado, son parte de una historia que se repite entre mujeres que han tenido que enfrentar  a la muerte con descaro.

El cáncer de seno (o cáncer de mama) se origina cuando las células en el seno comienzan a crecer en forma descontrolada. Estas células normalmente forman un tumor que a menudo se puede observar en una radiografía o se puede palpar como una protuberancia (masa o bulto).

No quiero pensar cuando B… recibió el diagnóstico. No, fue antes, un tiempo atrás, fue en el inicio de saber. Un comienzo estrepitoso de dudas, al principio  ̶ pequeñísimas ̶  pero después, enormes batallas. Es como si tuvieras al monstruo justo enfrente de ti todos los días y gritarle a la cara que no es posible rendirte, que llevas años construyendo historias propias y de los tuyos a los que amas aunque las fuerzas se achican cada vez más.

Se dice tanto, se escribe mucho y la vemos a diario aquella palabra que suena a recomendación, incluso forma un adjetivo para nombrar algo que no está bien, que lleva un riesgo. Es la prevención, y si, prevenir para no llorar, para anticipar una situación que puede ser dolorosa. Prevenir es informarse, informarse es prevenir, es un binomio de lucha en contra de todos los factores que secuestran nuestra vitalidad.

Sentada junto a ella, B… se encoge de hombros en la sala de espera, de ese quinto piso en que están las pacientes de cada día del mes, algunas siguen otras ya no regresan. Cuando se ven lucen una sonrisa de abrazo y victoria. Comparten sus padeceres y se dan consejos aunque es difícil de creer que ellas rían y lo hacen con tal vigor que yo me siento casi nada pero entiendo que es justo el momento lo más importante. El hoy es una promesa.

En cambio, B… sufre el terror de la cercana operación, aún vive el drama del diagnóstico.

Con inquietud miro su perfil, ya no es la que era, está en espera de la transformación para salvarse. El doctor le explicará en qué consiste una mastectomía. Existen diferentes tipos: mastectomía «simple» o «total», mastectomía radical modificada, mastectomía radical, mastectomía parcial y mastectomía subcutánea (con preservación de pezón).

— ¿Estas bien?—

Aprieta los labios, me dedica una mirada de —tú qué crees.

Ah, sí, la he disgustado.

— He tenido días peores y lo sabes.

Sus pensamientos ahora son otros, no se parecen en nada de los que tenía hace cuatro meses. Está convulsionada por lo que se viene. Mirarse en el espejo sin un seno, tocarse ahora para qué, ya no existe. Haberlo hecho antes, explorarse y sentir verdaderamente aquello que permanecía quieto para ser una amenaza.

Dar explicaciones a los tuyos, a los familiares de lo que te preocupa y ya no ocupa, un vacío que enfrentar. Entender, entenderán todo ese proceso de duelo tan silencioso que se convierte en grito.

Recuerdo alguna vez, haber leído o escuchado sobre las amazonas. Según la mitología griega se mutilaba uno de sus senos para usar con mayor facilidad el arco y la flecha, así eran más certeras en los combates. El autosacrificio era símbolo de fuerza y libertad espiritual.

De alguna forma el destino cada vez mayor de mujeres que padecen esta terrible enfermedad lleva una analogía en esa leyenda. Porque está presente el dolor y la muerte, deben pelear para alcanzar el dominio de sí mismas y prevalecer.

Me sobresaltó su voz diciendo.

— Quiero vivir.

En algún momento creí que echaría por la borda el deseo de seguir de pie y no podría más con la fatalidad que la tiene en la orilla del derrumbe.

Me había tachado de extrema. Tal vez sea yo quien piense en la muerte, o tal vez sí. Probablemente B… también no hace otra cosa.

— Claro y así será —  le contesté.

Quise decir más pero no lo hice. Era el agobio de lo vulnerable. Puede ser tan duro mirarla, sus ojos hundidos, la cabeza casi calva, las mejillas hinchadas, las bolsas oscuras bajos los ojos. Y esa inapetencia de no querer más.

Al menos por ahora debo cambiar de tema, hacerla sentir que el mundo de afuera sigue siendo el mismo.

El 19 de octubre es el Día Mundial de la lucha contra el Cáncer de Mama. Es el mes del esfuerzo internacional para hacer conciencia, es mirar las cifras cada vez en aumento.

Es a través de una cintilla rosa como símbolo del lazo que nos une para repartir esperanza haciendo la diferencia en la revisión periódica, es la responsabilidad que tienes sobre tu vida.

Por ello la campaña rosa invita a la prevención y nos dice que el cáncer de mama si es detectado a tiempo es curable. Que es determinante hacer una sinergia institucional con diversas acciones para reducir el impacto de esta enfermedad. Los esfuerzos que se hacen para su control son muchos, en definitiva eleva los costos presupuestales destinados al sector salud. Recordemos que el tratamiento sin un subsidio es altamente incontrolable, imposible de absorberlo de manera particular. La factura que pagamos sin una respuesta favorable no tiene razón de ser. Por eso es tan importante voltear a vernos para entrar al llamado de la conciencia. Reitero, es alarmante el índice de mortandad que el Estado de Coahuila y sobretodo la Laguna tiene por esta causa.

Acompañar a B… en ese largo proceso me hizo reflexionar del poder que tenemos para evitar las peores consecuencias. Identificar en su momento los factores de riesgo nos ayuda a estar alerta.

Es mejorar nuestros hábitos, hacerlos más saludables y tener en cuenta la carga genética que predispone el desarrollo maligno de las células. Entender una vez más que el cáncer como padecimiento es derrotable y es una batalla que se gana con conocimientos,  —porque se aprovecha de lo que no sabes, de lo que descuidas, de tu propia ignorancia—.

Transcurren los días,  B… sigue insistiendo en que nadie la visite sino es su gente cercana. Lleva un vendaje enorme justo a partir del hombro hasta esconderse en el pecho. Luego de la amputación el dolor que siente es agudo y más cuando recibe las terapias físicas. Debe hacer movimientos constantes en el brazo, levantar y bajarlo poco a poco.

B… parece de todo menos bien, pero está viva.

Aturdida aún por los calmantes, pálida y con la piel amarillenta. Sonríe con los labios agrietados.

— Deja de verme así, creo que ay la llevo.

—Vas a estar sana, lo sé—  Dije tocando su frente.

Estoy segura que las células serán sus amigas y harán su maravillosa tarea con su mejor aliado, el tiempo y su efecto de vida. Pensé.

 

 

 

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