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¿A poco no…? El lastre de la irresponsabilidad y los privilegios inmerecidos

¿A poco no te indigna que, en el sistema político mexicano, contrario a otros países donde ética y política sí van de la mano, el privilegio no conlleva responsabilidad? Por el contrario, en esta nación nuestra, la irresponsabilidad en la praxis gubernamental conlleva privilegios. Ahí no importa la integridad moral, sino cuántas relaciones e influencias se tienen, lo que ha derivado en élites gubernamentales indiferentes a las necesidades de sus gobernados por estar ocupadas en disfrutar los privilegios de la irresponsabilidad, cuyos ejemplos, por desgracia, se multiplican día a día.

Para muestra, tres botones. Primero: la autopista Durango-Mazatlán tuvo un presupuesto original de 8 mil 218 millones de pesos, pero terminó costando 28 mil millones, es decir, 240% más. Peor aún, después de ser inaugurada, en octubre de 2013, el gobierno federal ha gastado 2 mil 463 millones de pesos en reparaciones, rehabilitaciones, estudios, inspecciones, evaluaciones, bacheos y demás, sin que haya sanciones a los irresponsables.

Segundo: las pensiones presidenciales y apoyos para los 5 exmandatarios y las 2 viudas le cuestan al erario anual 44.5 millones de pesos, aun cuando en sus gestiones hubo corrupción, conflicto de intereses, tráfico de influencias, violaciones a derechos humanos, crisis económicas, violencia, inseguridad, muertes e impunidad. Y ninguno de ellos rindió cuentas de sus acciones y omisiones a la justicia.

Y tercero: en promedio, el 33% de los diputados federales cuya legislatura concluye el viernes próximo, no asistió a las sesiones y sólo 218 de los 500, el 43%, avalaron las iniciativas y puntos de acuerdo, según la Gaceta Parlamentaria de la Cámara Baja. Además, entre febrero y abril de 2018 hubo 134 sesiones de votación en comisión y, en promedio, 147 diputados faltaron a cada una de ellas. Con un salario de 5 mil 255 pesos diarios, el erario erogó, por sesión, 772 mil 500 pesos en diputados faltistas, es decir, 103 millones gastados en esos privilegiados irresponsables.

Estos son algunos ejemplos de los innumerables casos de privilegios inmerecidos que goza una élite, cuya irresponsabilidad exige una respuesta de la comunidad pensante y actuante para acabar con sobreejercicios presupuestales, excesivos emolumentos, irregularidades, deficiencias e ineficiencias bajo la protección de la impunidad derivada de la concentración indebida de poder en manos de presidentes, gobernadores, alcaldes, legisladores y altos funcionarios de los tres niveles.

La falta de cultura cívica y política de la mayoría ciudadana, aunada a la irresponsabilidad y la falta de sensibilidad de la clase gobernante son causales del desorden que impera en nuestro país, provocado por una élite política sin el contrapeso de una comunidad informada, crítica y exigente que demande resultados al Poder Ejecutivo en sus tres niveles y al Legislativo federal y estatal, para que los mexicanos dejemos de cargar el agobiante lastre de la irresponsabilidad y los privilegios inmerecidos de la devaluada clase política. ¿A poco no…?

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