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Columnas

Algo más sobre las secuelas y reflexiones que dejan los desastres naturales

Ante los sucedido después de los dos sismos ocurridos en la República Mexicana y los desastres causados por los huracanes en el caribe y la plataforma continental en Norteamérica, no le queda a la población civil otro recurso que el de organizarse para afrontar las consecuencias de lo ocurrido. Es una lástima que esta especie de fatalidades sean las únicas responsables para que la conciencia individual y social salga a flote; por supuesto que eso es bueno, pero esa clase de conciencia no suele aflorar ante otro tipo de fatalidades, las que no son naturales. Pocas veces la sociedad civil se organiza y se solidariza de esta manera ante los desastres causados por el hombre como ente humano, sobre todo pocas veces nos solidarizamos ante injusticias y situaciones que podríamos prevenir o repeler. Yo me pregunto, ¿por qué tenemos tanto miedo de enfrentar la injusticia? ¿Será acaso que no conocemos lo que es la justicia? ¿Pensamos acaso que no la merecemos? ¿Será que nos sentimos y sabemos inferiores a otros? ¿Acaso no nos reconocemos como inseguros? De verdad esto nos impide actuar y nos impide reconocer quiénes somos en realidad, pero ante un desastre natural somos toda valentía, trabajo, cooperación, sacrificio, solidaridad, empatía, tolerancia, etc.

Me gustaría en este momento retomar acciones en las que he reflexionado a partir de los recientes terremotos. Creo, sin dudarlo mucho y sin saber a ciencia cierta, que la ayuda es de todos para todos, es decir, ayuda de los no perjudicados, o poco perjudicados, a los más dañados en todos los sentidos por haber perdido a alguien en el siniestro, o por haber perdido su patrimonio; fue una ayuda superlativa, seguramente se reunieron más despensas que las que se han venido reuniendo por los partidos políticos en toda su historia para ganar votos.

Durante mucho tiempo,  políticos y aspirantes a políticos han competido entre sí, y manipulado al pueblo con cualquier baratija y el pueblo inocente e ignorante ha accedido a la voluntad de los políticos. En esta ocasión, ante la desgracia ajena y la imposibilidad de salir adelante así nada más, el pueblo se ha organizado, sin la conducción de los políticos. Los jóvenes, estudiantes, trabajadores, maestros, ingenieros, profesionistas, pequeños y medianos empresarios, carpinteros mecánicos, niños, niñas, médicos, enfermeras, paramédicos, panaderos, abarroteros, albañiles, amas de casa, obreros, oficinistas, etc, lo han dado todo, su trabajo, sus manos, su tiempo, sus posesiones, sus herramientas, sus inventarios, muchas donaciones de todo tipo. Han trabajado con sus manos, piernas y mente, pero sobre todo han participado con el único instrumento que permite este actuar, con el corazón, y eso no tiene precio.

Todo lo anterior, toda esa participación tiene un gran valor que no tiene precio, pero acumula uno de los más grandes valores, el de la solidaridad, el de reconocerse como iguales ante el dolor y la tragedia.

Se acabaron los regionalismos, se dejaron de señalar las diferencias; la participación no se jerarquizó, hubo toda clase de ayuda sin protagonismo, aún se sigue ayudando de la misma forma; y como estos sucesos dejaron muchas carencias, es de esperar que sigamos unidos y solidarios, sin la gestión gubernamental, ya que una vez que las instituciones del gobierno metan la mano, todo lo logrado tiende a derrumbarse. Es por eso que como dije al inicio de esta columna, no perdamos la conciencia y sigamos organizados para afrontar cualquier imprevisto, ya sea de origen natural, o de cualquier otro origen, como sabemos, de los muchos que existen por ahí.

Tanto en México, como en Estados Unidos, es el pueblo el que ha sufrido estas catástrofes y otras más, y es el pueblo el que sale adelante, trabajando y ayudándose mutuamente; de los gobiernos no se puede esperar mucho; al menos yo nunca he sabido que alguno de los hijos de senadores, secretarios de Estado, presidentes, entre otros, parrticipen en una de esas guerras inventadas, o salvando personas en las inundaciones, o removiendo escombros en los temblores, así que seremos nosotros, EL PUEBLO, el que saque adelante la casta y luche también por los afectados de cualquier tipo de desgracia, ya sea natural, o causada por la violencia social de los desposeídos de mente y conciencia social.

¡HASTA LA PRÓXIMA!

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