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Columnas

Anarquía como una filosofía de vida

Antes de empezar a desarrollar el tema, es importante saber que las concepciones de anarquía tienen numerosas variantes sistemáticas, existentes a lo largo del mundo y de la historia de muchas comunidades. Partiendo de ese punto, comentaré una de las concepciones que me ha parecido inmensamente interesante, tomada y nacida en las mismísimas tierras mexicanas.

Como base sustancial de la anarquía encontramos la libertad. Una libertad incluyente, con un único límite… la libertad misma, pero la aplicada por los demás como seres autónomos. Esto, por su parte, como lo ha afirmado Malatesta, no significa que la libertad se reconozca ni se haga respetar para explotar, oprimir y mandar porque éstas van en contra de su naturaleza.

La anarquía responde a diferentes factores de conflicto que conforman los grupos humanos, los factores más emblemáticos son la ideología política, la económica y la social-cultural. De manera que enfrenta las bases de éstas, por su parte, la política, que se ha regido bajo las imposiciones institucionalistas del Estado; la económica, que se jacta de la explotación sin mesura y sin consideración de los brazos que le trabajan, aplicando así lo conocido de la propiedad privada; y por su parte, la ideología social-cultural, viéndonos inmersos en la dominación que está dentro de las raíces de nuestra cultura, dentro de nuestras formas de relacionarnos socialmente, y dentro de nuestras concepciones cotidianas del mundo.

El anarquismo lo llamo una filosofía de vida porque plantea una realidad en la que nos desarrollemos como seres autónomos, y en el mismo sentido como seres capaces de saber organizarse por sí mismos sin estar bajo un sistema de dominación que va aplastando las libertades y voluntades; seres con apertura al conocimiento, al aprendizaje, porque de esa manera sería encontrar la única salida de la esclavitud impuesta por el poder hegemónico; seres con la capacidad de sensibilizarse ante las necesidades y agravios del otro; capaces de respetar las libertades de los demás individuos que forman parte de su comunidad; seres con el firme compromiso de cumplir con la responsabilidad que tienen respecto a la sociedad en la que viven.

El anarquismo enmarca una libertad que no puede existir si no es en sociedad, no existe en una libertad individualizada. Sin embargo, esta libertad no es posible si se tienen esas incrustadas culturas y dinámicas sociales de dominación, cualquiera que sea su forma de aplicarla.

El anarquismo es una postura y una actitud en la que no se pretende señalar al que no lo es como un lego o impuro, sino, por lo contrario, asumir que como tal, el anarquista no pretende imponer su idea.

Un punto que yo veo en sintonía con la idea de realizarse en comunidad, en posición de resolver los verdaderos problemas que aquejan a un grupo humano con técnicas de organización en base al beneficio común y no el de unos cuantos, es el de la aplicación de una verdadera democracia, tal y como nos la plantearon nuestros antepasados hermanos occidentales en Atenas. Con la mirada en una organización en la que el mismo pueblo decida sus normas con las que es conveniente para todos regirse, y de tomar en manos propias, los procesos sociales, las decisiones en colectivo, sin la espera de la decisión de uno solo, porque bien se sabe que para el anarquismo, tal y como se define per se, no es admisible cualquier forma de Estado en la que se constriña la libertad, ya que éste representa una institución de dominación masiva.

Y son estas razones las que me hacen reafirmar la postura de eliminar la indiferencia y deshumanización que hemos venido forjando como cultura al querer vernos como únicos individuos dentro de “nuestro mundo”, porque ciertamente estamos compartidos en una sociedad.

El anarquismo tiende al establecimiento de un orden social basado en la fraternidad y el amor, al contrario de la presente forma de sociedad, fundada en la violencia, el odio y la rivalidad de una clase contra otra y entre los miembros de una misma clase. El anarquismo aspira a establecer la paz para siempre entre todas las razas de la Tierra, por medio de la supresión de esta fuente de todo mal: EL DERECHO DE PROPIEDAD PRIVADA

Ricardo Flores Magón

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